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 Introduction
 Maximo Gomez y la invasion del...
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Title: Máximo Gómez las invasiones del 75 y del 95
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Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00096158/00001
 Material Information
Title: Máximo Gómez las invasiones del 75 y del 95
Physical Description: 95 p. : ports., map. ; 25 cm.
Language: Spanish
Creator: Souza y Rodríguez, Benigno, 1872-1954
Donor: unknown ( endowment ) ( endowment )
Publisher: Editorial Minerva,
Place of Publication: La Habana
Publication Date: 1932
 Subjects
Subject: History -- Cuba -- 1810-1899   ( lcsh )
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Notes
Statement of Responsibility: conferencias pronunciadas por el dr. B. Souza.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00096158
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Holding Location: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: alephbibnum - 000390986
oclc - 23478240
notis - ACD5775
ead - UF00075415

Table of Contents
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Mximo Gniez
y las

Invasiones del 75 y del 95


Conferencias Pronunciadas
por el
Dr. B. Souza


as~


I BIBLIOTECA
EVELIO GOVANTES

"'EDITORIAL MINERVA"
PI Y MAIGALL lis
LA HABANA
1982













813
l i ,y
S`1,11c~


















INTRODUCTION

MAXIMO GOMEZ (1)
Fu el primer guerrillero de la dcada ini-
ciada por Cspedes el 10 de octubre de 1868
y el genio director de la ltima y definitive
lucha por la independencia. En los Pinos de
Baire ensel a los cubanos a escribir con su
resolucin el prlogo de las hazaflas del a-
chete. Palo Seco y las Gusimas, Mal Tiempo
y Juan Criollo consagraron al hroe. En la paz
que sigui al Zanjn, como al reanudarse el
combat despus, en 1895, fu emblema de es-
peranzas, bandera de guerra, augurio de vie-
toria.
Grande por la virtud y el carcter, ms gran-
de aun por la abnegacin y el desinters, Cuba
venera y recuerda al glorioso dominicano lla-
mndole, como por su nombre de pila, El Li-
bertador.
Jos MAwUELu CAmlozu..


UANDO el observador impasible examine a su perso-
naje, lo escruta y lo diseca bajo la lente, clasifica
y catalog sus hazaas, cuando establece con l in-
timidad, sucede muchas veces con ciertos hombres
que no sufren stos el fro examen y a la compilacin de sus
altos hechos, se levantan a la vida, alzan la voz y llevan a su
historigrafo, por la mano, del juicio sereno a la admiracin
ardiente. Y es necesario, entonces, buscar un poeta que los cante
y no un sabio que los clasifique. Mximo Gmez es uno de estos
personajes. Y por eso inscribo yo, como introduccin a este
trabajo, la sntesis rotunda y elocuente hecha de Gmez por
un poeta, por nuestro cubansimo poeta Jos Manuel Carbonell.
Tuvieron por origen estas dos conferencias, reunidas aqu,
las que con el tema de las Invasiones a Occidente pronunciaron

(1) Inscripcin para el monument, proyectado, que sealar el
desembarco de Gmez y Mart en Playitas.


[5]














los doctors Hernndez y Caffizares en la Academia de Artes y
Letras. Veteranos, sobre todo del Estado Mayor y Escolta de
G6mez, la misma Sociedad de Artes y Letras y otras personas,
mo invitaron a ellas porque, a su juicio, apareca disminuida o
ignorada, sobre todo en la del doctor Cafizares, la parte de pro-
tagonista que en ambas tuvo el General en Jefe de nuestro
Ejrcito Libertador, por algo, nuestro General en Jefe.
Difcil es, entire nosotros, encontrar la capacidad para tratar
asuntos de historic, los que requieren como cuestin prima ajus-
tarse a la verdad. Nosotros, meridionales, hombres del Trpi-
co, no tenemos, por temperament, nocin de la mensura. De-
formamos al objeto, la hiprbole es nuestro gua y exaltamos o
deprimimos sin tasa ni lmite alguno. Los testimonios llegan a
ser casi nulos por esta nuestra propensin ingnita de separar-
nos, involuntariamente, de la nocin real. El que ha visto un
hecho lo trastorna y cambia en su esencia, de modo tal, que casi
ninguno de los testigos lo conoce despus y junto a todo eso
cada uno de nosotros lleva dentro de s a un Nicols Chan-
vin (1), y los ms modestos comparsas de nuestra Revolucin
dieron la idea, fueron el origen de los grandes hechos, inspira-
ron a Gmez y a Maceo sus resoluciones, han asistido a entre-
vistas secrets, saben de expresiones que cambian toda la faz
de la historic y, sobre todo, es signo fatal para su testimonio,
cuando de l se duda, que ellos afirmen enfticos: "Yo lo vi!"
Basta ese solo " Yo lo vi!" para deducir su falsedad. Pobres
diablos oyeron cosas de las que nadie sabe ni ha odo. Cosas ig-
noradas por Mir, Boza, Loynaz, Snchez Agramonte y otros
testigos de nota. Por eso es tan difcil reconstruir la vida de
aquellos hombres en la que debemos atenernos slo al hecho es-
cueto, que por fortune no puede ser suprimido. Los documen-
tos, sobre todo los suscritos en el moment mismo de la accin

(1) Nicols Chauvin, soldado napolenico, acribillado de heridas,
se hizo notar por su exaltacin en el relato de los acontecimientos en
que habia tomado parte. Le preguntaban: Chauvin, cmo fu la ba-
talla de Austerlitz?, y l, soldado raso, habia sido el facttum de la
batalla. Su tipo, popular en el ejrcito francs, did origen al trmino
"chauvinista" domiciliado hoy en casi todos los idiomas.'


[6]













y llevan la impresin fugitive de ese instant, los diaries y
cartas redactados entonces y no ahora, permiten con juicio cr-
tico explicar muchas cosas de nuestra Revolucin. Adems de
lo que est al alcance de todos he tenido a mi disposicin, he
tomado notas de las Diarios inditos del General Freyre An-
drade, del General Eugenio Snchez Agramonte, del Teniente
Coronel Rosell, del Capitn Despradel, del General Monteagu-
do, del Coronel Fermn Valds Domnguez y otros ms, riqu-
simo este ltimo en documents originales, copiossimo, llevado
por su autor al da y cuando ste se publique ser tal vez la
impresin ms vvida y sensational de nuestra ltima guerra
por la Independencia. Poseo cartas originales, copias, documen-
tos desconocidos, cuya publicacin innecesaria sera como el es-
tallido de una bomba en cielo sereno, firmadas por hombres como
Mart, Gmez, Maceo,. Mas, Mir6, Don Toms, Calixto Garca,
Jos Maceo, Laeret, Alemn, Freyre Andrade, Eusebio Her-
nndez y otros.
Nuestro deseo, cuando de alguien escribimos y tomamos por
la senda del ditirambo, es presentarlo como algo abstract, per-
fecto, divino, cuando han sido hombres, si bien excepcionales,
humans como los dems.
No se puede tampoco investigar los puntos histricos lle-
vado a ello por la malquerencia hacia alguno de los actors y
de todos es notorio que las relaciones del General Gmez y del
primer gobierno revolucionario no fueron cordiales y tan divor-
ciados estaban que sin resefiar aqu los enojosos incidents ocu-
rridos entire ellos, slo apuntaremos que en la Asamblea de la
Yaya ninguno de sus miembros fu, por eso y por otras causes,
reelecto, con la excepcin de Mas, cuya candidatura para Pre-
sidente recomend el General Gmez. (1)

(1) Prrafos de la carta de Bartolom Mas a Mximo Gmez,
fechada en La Matilde, noviembre 3 de 1897: "Mi generoso amigo:
Cuando llegan a un hombre adolorido las generosidades de un viejo
camarada de gloria y de fatigas, de uno de los pocos veterans de la
gran campafa que ya nos van quedando, es preciso contestar con el
alma abierta, el corazn en la mano... las cartas de usted a various


[7]













Gerardo Castellanos (1) nuestro ms capacitado historiador,
de los que viven, no slo por su alto deseo de sinceridad sino
tambin por su honrada y acuciosa investigacin, es uno de los
pocos que han recogido y estampado las debilidades y errors
de sus biografiados y en sus relatos nos da la sensacin que
describe a un hombre y no a un ser mitolgico. En su ltimo y
acabado studio de la tragedia de Cspedes, cuyo primer acto
es Bijagual y su sangriento desenlace, San Lorenzo, dice:
Hay que verlos y estudiarlos, como hombres de carne y hueso, satu-
rados de pasiones y defects, propios de la herencia y la educacin...

De acuerdo con l, creemos que si aun no ha llegado la hora
de "decir toda la verdad", deseamos con Juan Gualberto G-
mes "que, por lo menos, todo lo que se diga sea verdad".
Desde luego, naturalmente existen y han existido gentes en
cuyo testimonio se puede confiar de modo absolute, pero son
los menos.
La conferencia del doctor Hernndez es motivo para el elo-
gio fervoroso de Maceo, sin embargo no se ignora en ella ni se
desconoce a Gmez; no as en la del doctor Cafiizares, donde
no aparece ntegra, o mejor, desaparece la figure de Gmez. De
ella no vamos a hacer crtica, pero no podemos dejar pasar sin
impugnacin algunos de los errors, por lo menos, los de bulto,
que en ella se consignan.
De la batalla de Las Gusimas, conocidsima de cubanos y
espaoles por haber sido la funcin de guerra ms grande y
de ms resonancia en la que tomaron parte fuerzas cubanas y
espaolas en ambas guerras, se afirman inexactitudes.
Dice el doctor Cafizares, refirindose a la brillante carga
dada por los cubanos a la caballera espaola en el inicio de
la accin:

Representantes a la ltima Asamblea, me han dicho cunta nobleza
y cunto desinters se encierra bajo el uniform de nuestro primer
General. Y esto no es nuevo; hace much tiempo que los cubanos lo
saben... (Del Archivo del doctor Prez Landa.)
(1) Y tambin Portell-Vil.


(8]














Son perseguidos (los espafoles) y macheteados sin piedad por la ca-
balleria nuestra al mando del Brigadier Henry Reeve, el Inglesito,
quien al regresar de la carga recoge 150 caballos...

La carga del Carril, como se la llam, fu ordenada y diri-
gida por Mximo Gmez (1) en persona, a la cabeza de los suyos,
todos lo saben. Mal pudo El Inglesito mandar nada ni a nadie
en Las Gusimas, pues se encontraba dado de baja en las filas
mambisas, curndose grave herida de bala con fracture del mus-
lo y no hizo su incorporacin a Gmez sino en el mes de julio,
es decir, cuatro meses despus de la fecha de Las Gusimas.
Igualmente es errnea la cifra de las bajas sufridas en ese com-
bate por los cubanos, notablemente exagerada, casi duplicada
en la conferencia del doctor Cafizares; consigna en ella 52
muertos, cuando el parte official cubano al Gobierno, asistente
a la operacin, slo resefia 29. Tampoco es exacta su nota de
los heridos, tambin exagerada.
La otra afirmacin, no acertada, es aquella donde asevera de
Las Gusimas:

Pueden considerarse triunfadores los Jefes espafloles porque aplaz
para el ao siguiente la invasion de las Villas.

Desde luego, los derrotados del Naranjo y de Las Gusimas
para atenuar el efecto de aquel golpe fatal a las armas espa-

(1) De los muchos recuerdos publicados por oficiales mambises
que asistieron a Las Gusimas y que exaltan el papel de Gmez, para
refrescar la memorial de los olvidadizos, entresacamos el del muy co-
nocido official mamb que con el pseudnimo de "Un Oriental" se pu-
blic en 1886:
"Al enfrentarse con los nuestros se detuvieron de repente los ji-
netes (los espaoles); entonces se lanz sobre ellos el general M6mez
con su Estado Mayor y nuestra caballera, que ocupaba uno de los
flancos, lo que les oblig a volver grupas en busca de la proteccin
del grueso de sus fuerzas, pero eran alcanzados por los nuestros y
muertos a machete con tal celeridad que en un moment quedaron
sobre el campo muchos de ellos... el resto fu perseguido hasta el
medio de la finca donde acababa el enemigo de posesionarse de una
represa hecha en el arroyo que atraviesa el potrero y en cuya represa


[9]













fiolas, "con fines disciplinarios de moral", propalaron esta es-
pecie. Frente a este juicio y sin comentarios, insertamos el de
L. Barrios, Comandante del Ejrcito Espafiol, Oficial de Esta-
do Mayor, actor de la guerra de los 10 afios en Camagiey, dis-
tinguido escritor military; como no fu derrotado en esta accin
est ms libre que los vencidos all para juzgar de su alcance
y efectos sobre la campaa. Califica dicho Oficial, en su libro
Recuerdos de Campaa y en la pgina 39, como "desastres a
Palo Seco y Las Gusimas"; ms adelante y refirindose a la
tropa de Gmez: "masas combatientes y aguerridas y favore-
cido por hbil caudillo sostuvo las acciones ms formales de la
campaa, como fueron las de La Sacra, Palo Seco, Naranjo y
Las Gusimas"; en la pgina 43: "Llegado Concha a Cuba, a
raz del desastre de Las Gusimas, el mayor que sufrimos es
toda la guerra..." (a) Esta afirmacin rotunda, frente a la del
doctor Caizares, es concluyente a pesar de todas las atenua-
ciones imaginadas, por venir de la boca de un tan competent
Official de Estado Mayor espafiol, como lo fu el Comandante
L. Barrios.
Para terminar, sealamos otro rumor absurdo y referente
a Mal Tiempo. (1) En la pgina 259 de la citada conferencia
se estampa lo siguiente:

haba una laguna cenagosa. En sta qued atascado un official espr
fiol que fu muerto a machete a la vista de los suyos, sin que stos
pudieran socorrerle. Gmez y los que cargaron volvieron al fondo del
potrero con los trofeos... los que ms se distinguieron en los cinco
das... en primer trmino el Mayor General Mximo Gmes, que man-
da como un general y carga como un soldado, Rafael Rodriguez, los
Brigadieres Jos A. Maceo, Jos Gonzlez, Gabriel Gonzles..."
(a) Subrayamos nosotros.
(1) "En Mal Tiempo, Gmes abri un portillo de un solo tajo y re
nov los laureles de Palo Seco", y ms adelante: "Gmes naci para la
guorra, para dirigirla, para mandar a los dems hombres, ya fueran
soldados de fila, ya oficiales de mrito en valor personal o en conoci-
mientos. La autoridad de Gmez se impona a todos: siempre era el
General, siempre el director, siempre el Jefe absolute y dominant.
No tenia ms que un rival: Antonio Maceo."


[ 10]













Se dice tambin que el General en Jefe no consideraba conve-
niente continuar la marcha;
y afade el doctor:
Maceo fu6 de la decision contraria a pesar de que Gmes quera sus-
penderla.
Cuando un escritor recoge una novisima y absurd version
sobre algn hecho pasado, y absurdo es imaginar a Gmez pu-
silnime, arrepentido de llevar a cabo la obra que plane con
Marti en Montecristi y con Maceo en sus comunicaciones, debe
este escritor aducir testimonios autorizados, exhibir documenta-
cin y no el vago aserto de personajes desconocidos, annimos,
que se abrigan en el se dice, y sobre todo cuando ello se encuen-
tra en contradiccin con la verdad admitida hasta entonces;
ridculo nos parece adems presentar a Gmez y Maceo, nunca
separados ni en las grandes ni en las pequeas determinacio-
nes, a esos dos grandes soldados, desmoralizar sus hombres ha-
ciendo pblico sus temores, si es que los tuvieron.
Por encima de todo eso, Jos Mir y Argenter, General
mamb, Jefe de Estado Mayor de Maceo, su cronista, jams
supo de semejante propsito; de haber ocurrido positivamente
l lo hubiera sabido y, desde luego, consignado en sus admira-
bles Crnicas, monument elevado a la gloria de Maceo: nos-
otros tuvimos el honor, durante veinte aos, de tratar como
mdico a aquel generoso libertador y era tema diario en nues-
tras conversaciones "Maceo y la Invasin"; jams le omos
decir nada semejante. El General Loynaz del Castillo, Jefe de
Estado Mayor de Serafin Snchez, caudillo ste de la otra co-
lumna invasora, la villarefia, niega enfticamente la existencia
de semejante patrfia, imaginada de seguro y recientemente por
detretores de G6mez, los que colocan estas irresoluciones sin
crdito, del G6mez que jams titube, en distintas etapas de la
Invasin. AdemAs, eran tan secrets los acuerdos tomados en
las conferencias de ambos que sus propios Jefes de Estado Ma-
yor las ignoraban siempre. (Mir. Crnicas.)
No se puede tapar el cielo con un dedo. El papel de Gmez
en la Invasin como General en Jefe est establecido con su


[Il]













orden del 30 de junio del 95, en su correspondencia con Maceo,
en su ardor impaciente por arrancar cuanto antes a ste de
Oriente para "sorprender y no dar tiempo", y en el curso de
toda ella, con los irrecusables testimonios de su accin sealada
por Mir y Loynaz, con sus cmco caballos muertos bajo l du
ran sa operacin, con su herida, y con el efusivo abrazo que
le di Maceo en Catalina de Gines.
El General Jos Mir, conocido de todos en Cuba, cuya de-
vocin por Maceo, su Jefe y amigo, rayaba en el delirio, al que
erigi un monument con su pluma; al que acompa hasta su
muerte y recogi sus ms ntimos pensamientos, sus juicios so-
bre hombres y cosas de la Revolucin; este Mir, actor de today
la Invasion, cuando despus de la muerte de ambos y sedimen-
tados sus juicios con la serenidad que les presta el Tiempo,
juzga la parte que en ella tomaron los dos, &qu dice? Consig-
na: "fue la obra nica de dos soldados ilustres, Gmez y Ma-
ceo, que coincidieron en el plan con perfect identidad, tanto
en el orden del tiempo como en la manera de ejecutarlo". No
postpone jams en sus relatos Gmez a Maceo, lo que era na-
tural, puesto que el primero era el Jefe.
El General Enrique Collazo, nuestro mejor escritor military
despus de Mir, asistente con Mart a la entrevista de Monte-
cristi, en vsperas de Playitas, disgustado ms tarde con Gmez
y no su amigo, borrada ya esta enemistad por la tumba abierta
del General y sus servicios a la causa de la libertad de Cuba,
tal vez igualados pero no superados por nadie, dijo aos des-
pus de la muerte de Gmez y al hablar acerca de ste: (1)
.. .Pero donde se revel como military fu en esta ltima guerra
del 95. Es estudiando la gestin del General Gmez en el terreno de
la guerra de Cuba, un modelo de audacia e inteligencia, de valor;
porque sin que se ponga en duda, el mrito de la Invasin as exclu-
sivo del General Gmes. En el General Gmez no haba studios, no
los poda tener, era el Genio, era el instinto de la guerra, eran el
corazn y el cerebro que acertaban en todo, era el rayo cuando tenia

(1) Discurso en el Aniversario de la muerte de Gmes, en la
Cmara de Representantes.


[( 12]












que partir, era rpido en sus movimientos, era incansable en la per-
secucia, era hombre sin estmago, sin necesidades, la march no lo
abata, y a todo supla para dar la victoria a Cuba y la obra que se
propuo, la lleg a ver real~ada, la Independencia de Cuba. Y le pag
a los cubanos su ingratitud y su olvido, dicindoles: Podis mortr
travquiots, paes a la Repblica de Cuba e~iste. Este es el resume
de la vida military ms grande que ha tenido Cuba.

No se puede, pues, pasar la esponja, como se pretend, sobre
el nombre de Gmez en la Invasin. Antes habra que hacer
desaparecer el testimonio de estos dos hombres que hemos cita-
do, y los de ms autoridad para ello por los cargos que ocupa-
ron; el uno, Jefe de Estado Mayor de Maceo, el otro, pertene-
ciente al Estado Mayor de Calixto Garca y su admirador.


[ 13])



























MAXIMO GOMEZ
Y LA INVASION DEL 75















MAXIMO GOMEZ 1867


iiUA.


7
















MAXIMO GOMEZ

Y LA INVASION DEL 75

CONFERENCIA LEfDA POR EL DR. BENIGNO SOUZA EN LA SOCIEDAD
HISPANO-CUBANA DE CULTURAL EL DA 10 DE OCTUBRE DE 1930.

Seor Presidente;
Seoras y seores:

ARA conmemorar este 10 de octubre, tan olvidado por
nosotros como lo es el 24 de febrero, he elegido como
tema la invasion de las Villas por Mximo Gmez
en el ao 75, no con la presuncin de decir nada nue-
vo para los Gerardo Castellanos y otros especialistas de los fas-
tos de nuestras dos epopeyas, sino como trabajo de divulgacin,
ya que por muchos parece es desconocido aquel heroico y lti-
mo esfuerzo de los cubanos en armas para vencer a Espaa
y que fu, de todas las operaciones de guerra, realizadas por
ellos durante la dcada revolucionaria del 68, sin duda alguna
la empresa military ms important y audaz de todas las de
esa poca, tan- fecunda, por otra parte, en gestos heroicos y en
brillantes acciones, escuela donde se formaron y aprendieron
su oficio de soldado Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Calix-
to Garea, y junto a ellos, la legin de diestros jefes y oficiales
mambises que veinte aos despus hicieran tan rpida y fatal
campaa para las armas espaolas, dirigidos por ese mismo M-
ximo Gmez, sumo estratega de los cubanos en el 68 como lo
fu6 en el 95.
Aplausos merece el doctor Fernando Ortiz, Presidente de
esta Sociedad, por el recuerdo dedicado en este da a esos
hombres, a los que parafraseando a Vctor Hugo, podemos lla-


1[17]













mar gigantes del 68. Ellos lo merecen, porque en nuestro pe-
queo scenario y desconecidos, no ya del mundo, sino de sus
propios paisanos, subieron serenos a los cadalsos, fueron fusi-
lados por millares en la soledad de los bosques, murieron en
los campos de batalla tratando de arrancar el hierro de la mano
a su adversario (en los ltimos seis aos no reciben una sola
expedicin) sembraron de muertos, en horrendas y macabras
travesas, los mares y presidios de Africa, sostuvieron una feroz
guerra a muerte que dur diez aos! ante la indiferencia de
todos, arrojaron a la hoguera de la revolucin, no slo sus
vidas sino sus fortunes y haciendas, confiscadas y perdidas, y,
al fin, extenuados, aniquilados y destruidos, capitularon despus
de esos largos diez aos en que, como Robinson, vivieron en los
bosques, perseguidos por 270.000 enemigos, de los que 100.000
eran cubanos, para recoger al "caer la cortina sobre el drama",
de sus indiferentes paisanos, que vivan cobijados por Espaa,
el dictado de traidores.
Nosotros, sus nietos, con tan poco parecido a ellos, debemos
por lo menos realzar con orgullo lo que en aras del ideal y de
la manumisin del esclavo sacrifice aquella generacien glorio-
sa. Es necesario recorder a nuestros hijos que no siempre han
sido los cubanos, feligreses del becerro de oro, tan vidos del
auri sacra fames, que hubo un Francisco Vicente Aguilera, un
Miguel Aldama y otros muchos, nacidos millonarios, muertos en
la miseria sin abjurar de sus sacrificios ni de su obra.

EN PLENA LLUVIA DE ORO
Camilo Polavieja, habitante de Cuba en el ao 66, dice en
un libro suyo:
me apena el recorder el estado de Cuba antes del Grito de Yara. He
viajado bastante y no conoc pas donde se viviera mejor, Colonia
con ms libertad prctica, region menos abrumada de impuestos, ni
por tanto rebelda ms injusta.
Esto que dice el Procnsul espaol y en muchos de sus as-
pectos es exacto, prueba que para aquellos hombres remnti-
cos, no todo en la vida eran esas riquezas, fabulosas entonces


[ 18 ]












en nuestra isla. El azcar y el tabaco no tenan competidores
en los mercados del Mundo; la arroba de azcar vala en esa
fecha catorce y quince reales fuertes en oro, casi eran dos pesos.
La esclavitud del negro en su infame apogeo reduca el cost
del material human usado en el trabajo, al minimum, ya que
se pueden calcular los gastos de sustento y gratificacin de un
esclavo en no ms de veinte centavos diarios. Una verdadera
lluvia de oro caa sobre el pas.
El ao 67, en la Habana, con una poblacin de 140.000 al.
mas, actuaban dos compaas de pera a la vez, una de ellas
italiana, desde haca seis meses, la otra francesa. Se encontraba
entire nosotros la Ristori, ya antes haban estado Valero, una gran
compaa de zarzuela espaola, los bufos cubanos, el Circo de
Chiarini y Cchares, el fenmeno taurino, completaba los es-
pectculos, ndice de la vida desahogada que sostenan los ha-
baneros de antao. Dos peridicos satricos, el Moro Muza.:y
Don Junpero, eran vendidos por las calls al precio de treinta
centavos oro el nmero y la Habana era el punto de escala, El
Dorado para todos los jugadores profesionales del mundo. De
ah que fuera tan puro, tan ideal el sacrificio de aquellos hom-
bres que inscribieron en su bandera la libertad del esclavo, base
de todas esas riquezas.
Para las filas del pueblo, la idea separatist fu una nove-
dad; no haba llegado hasta ellas, patrimonio, como lo fu en
Sur Amrica cuando sobrevino la rebelin contra Espaa, de
las altas classes sociales; adems, cmo podan nuestros pobres
campesinos y humildes negros desafiar el poder de Espaa que
de tan terrible modo reprimi la imaginaria conspiracin de la
Escalera y las intentonas de Lpez? Slo hombres de gran va-
lor, de gran temple moral, como lo fueron aquellos varones,
podan intentarlo.

SANTIAGO FRENTE A LA AMETRALLADORA
Esa tremenda lucha de diez aos sostenida por unos cuantos
hombres, bloqueados en estrecha isla, contra el inmenso poder
de Espaa y de sus paisanos, no lo podr comprender jams un
anglosajn, tan indctil para leer en la psicologa de los dems


( 19]













pueblos; slo la raza de Don Quijote y Hernn Corts puede
explicar a esos hombres lanzndose en tropel, armados con
sus conmovedores caones de cuero y sus ingenuas lanzas de
yaya, sobre la modern artillera y los Peabodys de Valmase-
da en Saladillo. Esa nuestra ardiente fe, propia de la raza, no
ha creado, frente a la ametralladora de los otros pueblos, como
mquina de combat ms eficiente, como el mximo artefacto de
la guerra, a Santiago Apstol? Mximo Gmez y Mart, en un
botecillo y al frente slo de cuatro hombres, no desembarcan en
Playitas para arrojar a Espaa de Cuba?
-E1 Grito de Yara tuvo como adversaries resueltos, no slo a
los espaoles de la Isla, sino a muchos cubanos, sobre todo a los
dueos de los esclavos, que en el triunfo de la Revolucin vean
de seguro con ms indiferencia arriar la bandera espaola del
Morro, que la ruina de su infame y productive industrial. Por
ello defendieron la causa de la Metrpoli, con intense ener-
ga y la guerra tom a poco el cruel carcter que siempre
han tenido las guerras civiles entire pueblos de nuestra estirpe.
De ello son buena muestra las dos guerras Carlistas y la de
Cuba de los diez aos, con sus sangrientos y abominables epi-
sodios. Un gran cubano, Vice-Presidente de la Repblica en
armas, el General Domingo Mndez Capote, en su luminoso
folleto sobre el Pacto del Zanjn, dijo:
es difcil concebir la nefanda influencia que tuvo la esclavitud en la
sociedad cubana.

EL HEROISMO DE LA RAZA DE COLOR
Las nobles y generosas acciones al fin dan sus frutos. El
artculo veinticuatro de la Constitucin de Guimaro que pa-
reci un error a los politicos prcticos, siempre inmorales, ase-
gur nuestro triunfo en la ltima guerra. La raza de color,
en gratitud colectiva y como un solo hombre pag su deuda
con la bandera de Yara corriendo a defenderla en el 95, y es
de justicia reconocer que si el negro de Oriente se afili a ella
en pos de Maceo y Moneada, el de Occidente lo conquist, lo
nacionaliz cubano, un hombre superior, el Mart de esa raza


[ 20 ]













en Cuba, periodista, orador, publicista, conspirador y rebelde,
que como el Maestro arrastr sus gloriosos grillos por casi todos
los presidios de Africa y Espaa, que durante un cuarto de
siglo, con sus ardorosas prdicas alist bajo la bandera tricolor
a todos los negros de Occidente y tuvo arrests para con slo
diecisis hombres retar a Espaa en los campos de Matanzas.
Ese hombre, dichosa mezcla de las dos razas, por fortune para
Cuba, aun vive y todos sabis que se llama Juan Gualberto
Gmez.

DOS COMARCAS DISTINTAS
Se divida Cuba entonces en dos comarcas, tan distintas am-
bas, Oriente y Occidente, que ms parecan pases extraos, sin
ningn otro nexo casi, ms que su comunicacin por el mar.
Territorios tan lejanos de la Habana, como Mjico y Santo
.Domingo. La riqueza del pas, como ahora, la representaban
principalmente el azcar y el tabaco, patrimonio ste de Vuelta
.Abajo; la caa de azcar se cultivaba de las Villas para ac.
Un solo dato nos lo demuestra. En la estadstica de azcar de
Carlos Rebello de 1860 muchos Ayuntamientos de Occidente,
Crdenas, Cienfuegos, Sagua, elaboraban, ellos solos, ms az-
car que todo el Departamento Oriental con sus dos provincias;
y el trmino municipal de Coln produjo ese mismo ao justa-
mente el double de lo que elaboraron Santiago de Cuba y Ca-
magey juntos. Estas consideraciones son importantes para ex-
plicar la faciliadad con que la Metrpoli soport esta larga
contienda, apoyada en Occidente, fuente inagotable de recursos,
no tocados apenas por la guerra, manantial de hombres inclu-
sive. Movilizados, Bomberos, Milicias blancas y de color, suma-
ron casi siempre la mitad del ejrcito peninsular. Dice el citado
Polavieja:
unidos a nuestra dbil poltica, que ha abandonado al criollo que nos
sirvi con lealtad... por guajiros (campesinos) en unin de tropas
del Ejrcito, fu perseguido Narciso Lpez y uno de aqullos lo hizo
prisionero y entreg. Comarcas enteras hubo el 68 que al Grito de
Yara respondieron pidiendo armas y combatiendo por la patria es-
paola...


[ 21 ]













Hoy el campesino no es nuestro; los que combatieron por Espala
ya no volvern a hacerlo. Los han hecho enemigos nuestros la ense-
fianza y la Prensa peridica unido todo a nuestra conduct con ellos.

Es ste un juicio fiel; el ideal separatist, como toda nueva
nocin, necesit del tiempo para llegar hasta las masas y es na-
tural que fueran stas las ltimas en ser conquistadas, porque
ya lo dijo un gran orador espaol: "las ideas, como el sol, antes
de visitar los humildes valles hieren la cumbre de las altas mon-
taas".
El General Concha: "la actitud en el 68 y 69 del element
del pas y de los peninsulares fieles a Espaa, contuvieron por
de pronto la insurreccin que amenazaba llegar al cabo de San
Antonio".
El Coronel Camps y Feli, valeroso soldado espaol, hroe
de la Periquera que junto con Estvanez, Carrascn, Capdevi-
la y otros, por fortune para la raza, fueron el anverso de los
Weyler y Valmaseda, en su generoso libro Espaioles e Insurrec-
tos, dice: "los cubanos que se rebelaron no tuvieron la honra de
representar a su pas; slo contaron con platnicas simpatas".

Mximo Gmez:

no se tard much en ver desfilar los heridos del batalln de San
Quintn, tenidos en un encuentro con el General Maceo. Iban custo-
diados por hijos del pas con uniforms de Voluntarios. Cuntos pen-
samientos se agolparon en mi imaginacin! No pude menos de ex-
clamar, volvindome a mis compaeros: "Cuba no puede ser libre!"

Se puede decir, pues, y estos testimonios lo prueban, que
Espaa, quebrantada por sus trastornos internos, debi la con-
servacin de la Isla a la resuelta defense de su causa hecha
por estos intereses, amenazados por la rebelin, y a los recur-
sos en hombres y dinero que de Occidente sin cesar extraa; a
ellos tambin se une la inexperiencia military de los nuevos alza-
dos que, con tiempo de sobra para extender la guerra a toda la
Isla permanecieron sin moverse apenas de los sitios donde se
rebelaron.


( 22]












Bayamo estuvo ocupado por Cspedes cuatro meses, sin que
los espaoles, signo de su debilidad, se atrevieran a atacarlo ni
durante todo este tiempo se practicara operacin military im-
portante por los cubanos; pero el hecho ms elocuente y que
delata la falta de audacia de los bisofios rebeldes y su desco-
nocimiento de la guerra se dio en la comarca de Guantnamo.
Esta, a pesar de su vecindad con el trmino de Santiago, donde
abundaban los alzados, permaneci ajena al movimiento duran-
te dos largos aos, sin que ninguno de sus jefes tuviera atrevi-
miento bastante para mantenerse en ella y fue preciso que a la
muerte de Donato Mrmol ocupara ese puesto Mximo Gmez
para llevar a cabo su aterradora invasion a Guantnamo, y fu
esa en lo adelante una de las regions donde ms poderosa se
mantuvo la rebelin.

PENSANDO EN LA'INVASION
La guerra se hizo crnica, y como todos los males crnicos
terminan porque los grganismos que los sufren, acostumbrados
a ellos, los toleran) Ea Isla, cuyas riquezas permanecan intac-
tas, ya que fueran Las Villas rpidamente pacificadas, per-
maneci tranquila y de cuando en cuando alguna noticia daba
cuenta que all, muy lejos, en Camagey y Santiago, persis-
ta la rebelin; pero seguros con la Trocha, lnea military que
aislaba las comarcas infectadas, explotaban los hacendados sus
ingenios en la espera paciente de ver al fin los insurrectos, poco
a poco exterminados, concluir por desaparecer.
Pacificadas las Villas y refugiadas en xodo sangriento sus
fuerzas en Camagey, deseaban todos volver a ocupar esta rica
region y segn el mismo Mximo Gmez, fue en el ao 71 cuan-
do Carlos Manuel de Cspedes, en memorable entrevista con l,
le dijo:
un milln de combatientes en Oriente no bastarn para volver a la
revolucin sus das de esplendor y es precise que invadamos Las
Villas. Desde entonces naci en mi nimo la idea de la inv:.sin...
Consegu muchos adictos, la mayor parte jefes aguerridos, entire ellos,
al Coronel Antonio Maceo.


[ 23 ]













Todo el mundo sabe la series de vicisitudes por las que atra-
ves la revolucin hasta el ao 73, en que pudieron ser viables
estos proyectos por la importancia military adquirida por la re-
belin.
Dice un General espaol, actor de la contienda: "el ao 73,
la moral de la insurreccin se creci notablemente con la orga-
nizacin y fuerza de sus partidas, cuyo mayor nmero recon-
centr y puso bajo su inmediata direccin el entendido y hbil
General insurrecto Mximo Gmez".
No hay que recorder las dificultades que el localismo, las ri-
validades e intrigas pusieron para su realizacin. Los refuer-
zos ofrecidos se redujeron a trescientos hombres, si bien a su
frente vino el hombre a quien Mximo Gmez design, Maceo,
quien, solo, vala por una division, lo cierto es que el resto
qued all y aun este mismo contingent, que deba estar en
Camagey el primero de diciembre, no lleg sino en febrero.
La batalla de las Gusimas tuvo lugar a mediados de marzo, es
decir, ya muy adelantada la estacin de la seca, y estos refuer-
zos, reclamados por Calixto Garca, se volvieron para Oriente.
Sin embargo, retuvo Gmez a Maceo, a quien puso al frente de
las fuerzas de Las Villas, pero stas, minadas por los Clubs, por
los absurdos derechos polticos concedidos a los soldados, se ne-
garon a continuar a las rdenes de Maceo, as como a las de
Gabriel Gonzlez, y preciso fue darles el Jefe que ellos quisie-
ron. Como veremos, estos acontecimientos dieron sus frutos fa-
tales ms adelante.

GOMEZ QUIERE SORPRENDER
Llegada la estacin de la seca, no quiso Gmez aguardar
ms. Presuma el tardo auxilio que poda esperar del Gobierno,
que como casi todos los que se sucedieron en nuestras revolu-
ciones, fueron, segn la exacta expresin de Gerardo Castella-
nos, "intiles adornos". Quera, adems, evitar su divulgacin
para adelantarse a Concha y ocult su propsito a todos; quera
tomar la iniciativa de las operaciones, asumir la ofensiva para
contrarrestar, como lo hizo, la prxima campaa del Capitn


[ 24]













General espaol en Camagiey, porque, como dijo l mismo, "al
que espera, le dan..." Estos motivos militares los seala Roa
en su libro indito "Montado y Calzado". Y el mismo Gmez
dice en su folleto "El Convenio del Zanjn": "Tan pronto se
hubiera trasmitido al Gobierno se trasluca, perdiendo yo la ven-
taja de la sorpresa, nico recurso que tenamos para luchar
contra un enemigo superior en nmero, ms diestro en el arte
de la guerra y abundante en recursos."
En su carta a Estrada Palma: "La invasion de Las Villas
la determine por mi cuenta y riesgo para asegurar el xito con
el.secreto y la sorpresa", y sabemos todos el valor que a esta
ltima dio siempre este soldado, genial en todas sus empresas,
ponocedor ms que nadie de la psicologa de la guerra.
Extendiendo una ojeada sobre el campo espaol, vemos que
toda la preocupacin de sus jefes, con el aplauso de los caci-
ques de la Colonia, era mantener intacta la barrera de la Tro-
cha e impedir se infiltrara la revolucin de nuevo en Las Villas,
amenaza para las pinges zafras de esas comarcas.
Es de sealar que el ejrcito espaol colonial, de entonces,
brillante, era un ejrcito, como dicen los franceses, del oficio;
perfectamente aclimatado, con grandes ncleos cubanos auxilia-
res y adiestrados sus hombres por seis aos de constant lucha,
entire ellos se haban formado y destacaban jefes de gran valor
y capacidad military, como lo fueron Armiin, Esponda, Camps
y Feli, Bscones, Marn, Valera y otros, ejrcito sin discusin
muy superior a la muchedumbre de reclutas de Weyler. Sin em-
bargo, en los aos 73 y 74 la campafia de Gmez en el Camagey
se hizo tan amenazadora, y fueron tantos y tales los fracasos
de las columns espanoles, que el Gobierno de la Metrpoli, casi
exhaust entonces, decidi como ultima ratio, enviar al Capitn
General Jos Gutirrez de la Concha, Marqus de la Habana.
Este, junto a su gran reputacin military, reuna fama como co-
lonial, por sus dos felices mandos en Cuba, por la rpida ter-
minacin que tuvo en sus manos la intentona de Lpez y autor
de atinadas memories y publicaciones sobre problems cubanos.


[( 25 1]













LLEGADA DEL GRAL. CONCHA


Desembarc Concha en la Habana el da 7 de abril y com-
prendi en seguida la necesidad de vigorizar su Ejrcito con la
inyeccin de elements criollos en mayor nmero y, sobre todo,
como ningn otro General espaol, estim el valor que como sol-
dado tiene en los trpicos el hombre de color, de ah su empeo
en reclutar tropas negras y milicias blancas para sostener in-
franqueable la Trocha y mantener limpia de partidas la pro-
vincia de Las Villas. Para ello orden operaciones activas en
el Camagey sobre Gmez, pero como l mismo dijo, "cuando
los insurrectos pueden presentar fuerzas aguerridas de tres o
cuatro mil hombres" (jams pasaron de mil quinientos) y de
ochocientos a mil caballos, acostumbrados a lanzarse sobre nues-
tras tropas machete en mano, era preciso para combatirlos, no
una, sino diferentes columns de dos a tres mil hombres por lo
menos". De las Gusimas dice el mismo General:

de esta important accin en que ocho batallones y ms de ochocien-
tos caballos con cuatro piezas de artillera se vieron obligados a reti-
rarse, a pesar de que nuestras fuerzas se portaron con notable valor,
conducidas por los brigadieres Armin y Bscones, tuve noticia a mi
paso por Puerto Rico.

A Naranjo y, sobre todo, las Gusimas, muchos observado-
res cubanos y espaoles los consideran como responsables del re-
tardo de la invasion, sin embargo, son hechos, a nuestro juicio,
que fueron, al contrario, los que la hicieron possible en el 75,
Despus de las Gusimas dice Concha: "a mi llegada a la Ha-
bana, el 7 de abril, aquellas dos Brigadas continuaban reparn-
dose en Puerto Prncipe, a .pesar de que Mximo Gmez se
haba adelantado hasta a ms de tres leguas de la Caridad de
Arteaga, sin que los nuestros intentasen atacarlo".
Esta situacin, de absolute falta de operaciones sobre Gmez,
cubierto por el terrible recuerdo de las Gusimas, fu la que
permiti a ste, sin municiones apenas, realizar su peligrosa
eperacin con toda seguridad.


[26]












UN INTENT CONTRA GOMEZ


El nico intent para buscar contact con l culmin en
uno de los mayores desastres de la campaa; salieron en su
busca las columns de Bscones, Armin y Cubas, el da 19
de julio del 74, y dice un actor, el Coronel Camps y Feli,
que el da 12 del mismo mes, sin haber encontrado sino pi-
quetes y avanzadas de Gmez, tuvieron que retornar al Prn-
cipe con ms de seiscientos enfermos, a los que hubo que traer
en camillas, tarea que ocup a casi toda una Brigada y ha-
biendo enterrado durante la march ms de ochenta muertos;
todo esto, sin haber disparado un solo tiro al enemigo, patente
ejemplo de lo que eran para las tropas peninsulares las opera-
ciones en la fuerza de las aguas. Se dijo que las tropas fueron
atacadas del clera, pero este aserto, falso, ha sido desmentido
por el Coronel Camps. Concha dispuso entonces guarnecieran
la lnea de Jcaro a Morn y los puestos y poblaciones de la
zona de Las Villas, cuatro batallones de tropa de lnea, uno de
milicias de Coln y ms de diez mil hombres de guerrillas mon-
tadas, Movilizados, Bomberos y Guardia Civil de infantera y
caballera.
Con tales fuerzas aguard tranquilo a su enemigo y su con-
fianza gan a la opinion espaola. La Voz de Cuba, en ar-
ticulo de mayo 24, dice: "los insurrectos se baten bien. No hay
duda que Mximo Gmez es hombre que sabe mandar, pero su
sueo dorado, que es invadir Las Villas, la Trocha infranquea-
ble se lo impedir". La misma Prensa extranjera recoga estas
noticias y el corresponsal de la Prensa Asociada en la Habana
informaba en 5 de enero a sus peridicos, justamente veinticua-
tro horas antes de romper Gmez la Trocha: "no hay cambio
en los asuntos militares. El nmero de tropas tiles es suficien-
te para impedir que los insurrectos emprendan ningn movi-
miento de consideracin en las Cinco Villas".


[ 27]













LA PROCLAMACION DE ALFONSO XII


El da 1' de enero se efecta en la Habana la proclamacin
de Alfonso XII con salvas, iluminaciones, calls empavesadas,
gran parada y fiestas populares. Hasta los pueblos de la Trocha
celebran con alborozo el nuevo ao, que en breve tiempo iba a
cambiar sus alegres repiques en doubles de muerte y luto, con
la terrible y devastadora guerra que a esas ricas comarcas llev
el audaz Mximo Gmez, el cual no consider prudent aguar-
dar ms, y con cerca de mil hombres de los Regimientos de In-
fantera Potrerillo, Siguanea y Atollaosa, mandados por el Te-
niente Coronel Cecilio Gonzlez, de la raza negra, y los de ca-
ballera Agramonte, Camagey, Narciso y guerrillas montadas,
mandadas por Mximo Gmez, llevando como segundo a Julio
Sanguily y Jefes como Rafael Rodrguez, Enrique Mola, Jos
Gonzlez Guerra, Gabriel Gonzlez, Manuel Surez, Luis More-
jn, Serafn Snchez, se prepare para su empresa.

EL 6 DE ENERO DEL 75
PRIMERA Y UNICA HERIDA DE GOMEZ
Por fin, en aquella dramtica madrugada del 6 de enero de
1875, la hueste mambisa, sus esperanzas puestas en el soldado
insigne, que hasta entonces unciera la fortune a todas sus em-
presas, cruza el inexpugnable cinturn de fuertes que desde
haca cinco aos encerraba a los cubanos rebeldes en las cam-
pifias de Camagey y Oriente, desoladas por seis aos de gue-
rra. Al atravesar la lnea, bajo el fuego de los fuertes Catorce
y Medio y Quince, Sur, por donde se hizo el cruce, tan cerca
por cierto que la column mambisa se desliz entire el fuerte y
la caseta que le serva de letrina, .casi acaba Gmez bajo la bala
de un miliciano negro de los que guarnecan el fuerte; fatal
augurio para los expedicionarios, porque fu sta la primera
y nica herida que en la guerra de los diez aos recibiera el
milagroso caudillo. Por una fraccin de milmetro ms que hu-
biera inclinado al disparar el can de su Remington, el desco-
nocido miliciano cubano hubiera, con su disparo, prestado uno
de los ms grandes servicios, no slo en el present, sino


[ 28 1














tambin en el porvenir, a la causa espaola en Cuba. He aqu
cmo refiere Fernando Figueredo el suceso:

Amaneca ya el 6 de enero, cuando Mximo Gmez realize su ilusin
salvando bajo el fuego de dos fortines la clebre Trocha; pero en los
moments en que el General se pona del otro lado, en territorio de
Las Villas, cuando radiante, contemplaba su obra llevada a cabo, cuan-
do irguindose sobre su gran caballo Cinco, tan valiente como l, iba
a dar un grito de Viva Cuba! una bala le atraviesa la garganta y
le corta la palabra. El movimiento instintivo que hizo fuera de si,
llevando ambas manos a la garganta, le oblig, inconscientemente, a
clavar las espuelas al bruto, que dando saltos pugnaba por echar a
tierra al hroe.

Una vez ms se puso de relieve el temperament de gran
soldado del caudillo herido, que en ese moment no atiende ms
que a sus hombres, a quienes lo sucedido desmoraliza y a los que
estimula del modo heroico que refiere un actor, Ramn Roa:
Asi enronquecido, echando sangre a borbotones por la boca, impera-
tivo, manda a su corneta de rdenes tocar Marcha a la bandera! y
desde ese instant el territorio de Las Villas se encontr bajo los
cascos de su caballo, que soterraron en el polvo del fracaso los planes
del General Concha.

En la noche de ese mismo da 6 de enero, se encontraba el
Marqus de la Habana presidiendo un gran banquet; aun se
sucedan en nuestra ciudad las fiestas de la proclamacin de
Alfonso XII. El Capitn General, rodeado de toda la nobleza
colonial, de los grandes personajes oficiales, civiles y militares,
recibi la noticia telegrfica de este acontecimiento y segn
version de un military espaol "lo comunic al General Riquel-
me, su jefe de Estado Mayor, con la misma indiferencia que si
se tratase de un suceso insignificante. No presumi que aquel
escueto parte military era el inicio de una series de inesperados
fracasos que produciran al cabo de unos das su ruidosa desti-
tucin. El parte official del Jefe de la Trocha, deca textual-
mente: "El enemigo en nmero de mil hombres, entire infante-
ra y caballera, ha forzado la lnea principal entire los fuertes
Catorce y Medio y Quince. Se ignora el cabecilla que los manda.
-Coronel Goicoechea."


[ 29]













MARCHAS Y CONTRAMARCHAS
TOMA DE EL JIBARO
Desaparecido el peligro de su herida y mejorado G6mez, em-
pieza a ejecutar su meditado plan, cuya fase initial era proeu-
rarse municiones de las que careca, y aturdir a su enemigo
asestndole golpes tales que llenaran de terror las guarniciones
de los fuertes y poblados que cubrian aquella zona y facilitaran
la march de sus Tenientes a las Villas Occidentales. Con su
habitual pericia realize una serie de marchas y contramarchas,
se dispersa y se concentra, ya unido a las fuerzas de Pancho
Carrillo y Jimnez, que lo esperaban ea esos lugares, para pre-
parar su operacin fundamental, apoderarse de El Jbaro. Para
los que conozcan la maravillosa campaa de Gmez, a las puer-
tas de La Habana en enero y febrero del 95, no es nada nuevo
esta de Sancti-Spritus, y para Gmez, fu verdaderamente un
juego de nios desorientar a sus contrarios, engafiarlos, lanzar-
los sobre falsas pistas, empearlos en perseguir veinte o treinta
jinetes, dirigir sus columns a opuestos rumbo" para caer en-
tonces como el rayo sobre el campamento fortiticado de El J-
baro, donde por sus confidencias saba que fuertemente custo-
diado se guardaba el parque de las tropas de esa zona. Divide
sus fuerzas en dos columns, y mientras enva con la infantera
al hombre en quien puso su confianza para ello, el Teniente
Coronel Cecilio Gonzlez, con orden de aproximarse a El Jba-
ro, l describe con la caballera una series de movimientos y en-
gaa a su paisano Valera y a Esponda, que le seguan los pass.
Cae en la madrugada del 18 sobre El Jbaro, al que guarnecen
doscientos cincuenta hombres..., pero insertemos aqu su parte
official al Secretario de la Guerra: "Escog los potreros de la
finca San Marcos, Norte de la jurisdiccin de Sancti-Spritus,
para atraer all al enemigo, lo que consegu." Era sta la co-
lumna de Esponda, quien telegrafa a Concha, tiene a Mximo
Gmez a su vista y que el Brigadier Valera, avisado por l, con-
currir a la esplndida victoria. Estaban ya sobre Gmez las
columns de Zea, Esponda, Goicoechea y Valera, y dice el Bri-
gadier Acosta y Albear: "las seguridades de triunfo de Zea


([ o30]













eran tan evidentes que en otro telegrama ruega a Concha le
diga qu quiere que haga despus del combat, si perseguir a
los rebeldes ms all de la Trocha o concluir de una vez con
todos los bandoleros de Las Villas. Lo primero es ms brillan-
te, lo segundo es ms seguro. El Capitn General ordena a Zea
que nuestros soldados ataquen al grito de "Viva Espaa y Don
Alfonso" y que espera un victoria para celebrar la proclama-
cin del Rey". El peridico Diario de la Marina se lamen-
ta el da 15, que no se pueda demorar el vapor correo unas po-
cas horas en su salida para que lleve los detalles de la complete
destruccin de Gmez, pues ya se saba era ste el cabecilla ex-
pedicionario a quien supona Concha rodeado en San Marcos
por las columns de Esponda, Valera, Cubas, Zea, Baile y Arias,
que como un enjambre haban acudido sobre l; pronto fueron
disipadas estas ilusiones por las alarmantes noticias que unas a
otras se sucedan con extraordinaria rapidez. Contina Mximo
Gmez:

el enemigo se present al siguiente da de haber ocupado esta posi-
cin; me favoreci la circunstancia de que se aproxim a mi campa-
mento a la calda de la tarde y la noche le impidi avanzar, mientras
yo pude disponer que un jefe valiente y entendido, Luis Morejn, lo
hostilizara toda la noche con una pequea fuerza de caballera. Divid
nuestra column en dos, una de infantera, que por caminos extra-
viados dirig al Sur, zona del JIbaro, y otra de caballera con la que
tom el rumbo de la poblacin de Sancti-Spiritus, y as obligu al
enemigo a descuidar la march de nuestra infantera. Este primer
movimiento lo desconcert, e hizo impossible fijar plan alguno, em-
prendiendo una lenta persecucin. DI orden al General Julio Sanguily
de marchar sobre el Jbaro a las dos de la madrugada del 18 de
Enero. El Teniente Coronel Cecilio Gonzlez, con la infantera, deba
asaltar y tomar las trincheras apoyado por Julio Sanguily; el ba-
luarte principal, que era la iglesia, se rindi tras tenaz resistencia,
despus de tener sus defensores quince muertos y muchos heridos.
Despus de rendida la iglesia, el fuerte de en frente fu tomado por
Sanguily y Enrique Mola, los que entraron a caballo dentro, rindin-
dolos. Se distinguieron, adems de stos, el Teniente Coronel Cecilio
Gonzlez por su valor y disposiciones, el Comandante Serafn Snchez,
Manuel Len y Jos R. Estrada. El primero en asaltar las trincheras
fu el Capitn William Humphrey. Nos apoderamos de 253 remingtons,
m~s de cuarenta mil tiros, ciento diez caballos, dinero, efectos y me-


[ 31 ]













dicinas. Se nos pasaron ciento sesenta guerrilleros y cuarenta paisa-
nos: tuvimos tres muertos y siete heridos, entire ellos al Capitn Jos
A. Legon. La poblacin fu totalmente reducida a cenizas.
He aqu lo que sobre esa operacin, prlogo brillante de esta
campaa, dice R. Roa en carta fechada en el mismo Jbaro el
24 de enero del 76:
El 18 me separ de las fuerzas para venir al Jbaro justamente al aflo
cabal de su toma y destruccin. La Repblica se jug all el albur de
la vida. Era necesario hacerse de municiones a costa de sangre. Se
arranc un laurel a la victoria y provistas las cananas se asegur la
Invasin. El Jbaro para mi significa much, si no la salvacin del
pas, al menos la salvacin de una poca.

UN TORBELLINO DE OPERACIONES
Despus del Jbaro divide Gmez sus fuerzas y ordena a sus
Tenientes invadir las zonas de Trinidad, Remedios, Sagua, Cien-
fuegos y San Clara, y para facilitar su march, desencadena
como un torbellina la series de rapidsimas operaciones, todas
sobre la lnea y de tan extrema violencia que permiten a Gon-
zlez Guerra marchar durante diez das a invadir y ocupar la
zona de Cienfuegos sin encontrar obstculo alguno, ya que to-
das las columns espaolas se arremolinaban en la lnea sobre
Mximo Gmez. Las operaciones de ste, fueron realizadas unas
por l en persona y otras por su Teniente Cecilio Gonzlez; de
ellas, para mejor dar una idea y como testimonio irrecusable,
copiar algunas pginas del Brigadier espaol Acosta y Albear,
que para su crtica de esta campaa, a ms de la autoridad que
le presta su cargo en el ejrcito espaol, su conocimiento de la
guerra y de los lugares, ya que durante seis aos mand el ba-
talln "El Orden", de triste rcuerdo, tuvo adems a mano
todos los telegramas y parties del Archivo de la Capitana Ge-
neral no publicados. Gmez pas la Trocha el 6, y hasta el 11,
por su herida, no inici sus operaciones de enero.
Dice el citado Acosta:
Da 11.-Incendio del Ingenio Cucharas y de Casa Castillo, en
Sancti-Spiritus.


( 32 ]














Da 11L-Toma y destruccin del pueblo y fuerte de Naranjo, de
cuya guarnicin aparecen slo cuatro hombres.
Da 11.-Ataque al destacamento del Estero, donde nos hacen ocho
prisioneros.
Da 11.-Ataque a las fuerzas que defendan el paso del Zaza, (1)
que fu forzado. Tuvimos once muertos de arma blanca, entire ellos un
Capitn, y muchos heridos.
Da 16.-Incendio de los almacenes de Sagua la Chica.
Da 17.-Ataque y rendicin de Ranchuelo.
Da 18.-Ataque, incendio y destruccin del Jbaro, el pueblo ms
important de la Jurisdiccin despus de la capital, y que fu redu-
cido a cenizas, lo mismo que las muchas tiendas y almacenes que
contaba, por ser punto de bastante comercio.
Toda la guarnicin .fu prisionera y cien guerrilleros se pasaron al
enemigo con armas y caballos, perdimos doscientos diez y seis arma-
mentos de precision, cuarenta mil cpsulas y muchos efectos de guerra.
Da 20.-Ataque, incendio y toma del fuerte Rio Grande y prisio-
nera toda su guarnicip. (Completamos esta nota del General espa-
Sol con los datos del parte official de Gmez, que tambin mand la
operacin. "Se ocuparon diez mil tiros. Se nos pasaron veinte y dos
guerrilleros, cuarenta soldados de lnea y se devolvieron los restantes
prisioneros. Unos sesenta.")
Da 20.-Destruccin de los Bateyes de los ingenios "Serafina",
"San Gil" y "San Isidro".
Da 26.-Ataque e incendio de Marroqun. (El jefe cubano, que
fu Cecilio Gonzlez, consigna se le unen ciento veinte y ocho per-
sonas.)

EL COMBAT DE CABAIGUAN
Da 26.-El enemigo ataca en Cabaigun a la column del Coronel
Fortn, compuesta del batalln de Barcelona, Zaragoza, artillera y
regimiento de caballera de Camajuanf, que envuelto y cercado por
complete tuvo que abrirse paso... Tuvimos muerto al Coronel Ponce
de Len, de machete, gravemente herido al Comandante Mozoviejo,
catorce muertos ms y muchos heridos. Se retir el enemigo, y cuan-
do curbamos los heridos y enterrbamos los muertos lleg la colum-
na del Coronel Cubas.
De este combat, que fu con Mximo Gmez, y conocida la
version espaola, damos la de Gmez, tal vez el soldado ms

(1) El vado de Cataflo, llamado despus "El paso de los Muertos".


( 33 ]













modesto y exacto en sus parties oficiales, entire todos los que ha
habido, cubanos y espaoles.
Define el gran pensador military Ardant du Picq al General:
"Un Jefe debe unir la bravura resuelta y la impetuosidad a la
prudencia y la sangre fra y esto es difcil." Gmez, por un
dichoso equilibrio de sus facultades, armonizaba en el ms alto
grado esas cualidades y analizando cualquiera de sus combates
no se sabe qu admirar ms en ellos, si su violencia y audacia
en el ataque o el dominio y la sangre fra con que los dirige y
terminal. De ello es ejemplo este encuentro de Cabaigun. Dice
Gmez en su parte official:
Al salir de Cabaigun por el Quemadero encontr una column
enemiga como de mil hombres que vena en mi misma direccin. Por
la densa neblina que haba no pudo ser vista por los nuestros hasta no
estar sobre ella, pero tan pronto fu reconocida, se le carg impe-
tuosamente por nuestra vanguardia al mando del Coronel Gabriel Gon-
zlez, arrollando su caballera que venia delante y hacindoles muer-
tos al machete y llegando hasta los caones... Me adelant con el
resto de la column para examiner el terreno...
Nuestros jinetes hacan fuego sobre los infants enemigos que se
agrupaban en desorden; repuestos stos, su infantera ocup una cerca,
lo que me oblig a retirarme, hacindome entonces various disparos de
can. Nuestras bajas, el alfrez Luis Recio, muerto; heridos el te-
niente coronel Ochoa, capitn Palomina y tres de tropa.

Del anlisis de los detalles de este combat en que mutua-
mente se sorprendieron ambas tropas, resalta la superioridad de
la famosa caballera de Camagey sobre los guerrilleros de Ca-
majuan, que no en vano dijo Jimnez Castellanos en sus Es-
tudios militares y textualmente: "La caballera ligera del ene-
migo es capaz de competir con la mejor que haya." Tambin
resalta su reaccin ofensiva ante la sorpresa, rara actitud en
estos casos de toda tropa y frecuente en los cubanos cuando los
mandaron esos grandes jefes que se llamaron Agramonte, G-
mez o Maceo. Cualquiera otro, que no Gmez, en el mpetu del
ataque, con el xito iniciado por la huida de Camajuan, que es
perseguido y acuchillado, ataca a la infantera espaola en po-
sesin de la cerca de piedra y el brillante encuentro se hubiera
trocado en descalabro. Ms que el mpetu de la tropa de Gmez


(34]













hay que admirar la sangre fra de ste, ordenando la retirada,
y se impone cohfesar, seores, que Gmez caba de lleno dentro
de la definicin del Coronel francs. Acosta y Albear:
El General Concha en vista de los desastres acaecidos en el ataque
por los insurrectos a fuertes y poblados reconviene al General Zea y
ordena que todos los de vanguardia y retaguardia de la Trocha se
abandonen para 'evitar sucesos como los de Naranjo, Jbaro y Rio
Grande, orden que extiende a las Villas. Telegrafa a Marn, Coman-
dande de Oriente, el grave peligro que ofrece la guerra en las Villas
para que se desprenda de tropas y vuelve a telegrafiar a Zea dando
gran importancia a la campaa, pero asegurando que no peligra la
dominacin espaola.

El Ministro de la Guerra, Jovellar, cablegrafa al general
Concha:
No es nada lisonjetro el estado de las Villas, puesto que por lo que
V. S. dice, el enemigo hareducido a cenizas los pueblos fortificados
del JIbaro, Ranchuelo, Naranjo, Rio Grande y Marroquin, sin que las
fuerzas enviadas en su persecucin lo hayan podido alcanzar.

Aqu terminal el mes de enero. Y en esos veinticuatro das,
de los que estuvo inactive por su herida una semana Gmez, lo
que hizo su prodigiosa actividad nos lo va a decir el Jefe espa-
fol tantas veces citado:
En veinte y cuatro das, Gmez haba reducido a cenizas con rarsi-
ma excepcin, el territorio de Sancti-Spiritus; se haba paseado en
todas direcciones, quem pueblos, ingenios y caseros, no fu alcan-
zado ni batido en ningn encuentro, porque el de Cabalgun fu una
emboscada en la que cayeron nuestras tropas. Haba tomado fuertes
como el Jibaro, Ro Grande, Naranjo y otros. Haba hecho prisioneras
sus guarniciones. Se le haban pasado guerrillas de ms de cien hom-
bres y haba recogido armas y minuciones sin sufrir un solo revs.

SOBRE LAS VILLAS OCCIDENTALES
"No teniendo ya nada que hacer en Sancti-Spritus, porque
todo lo haba hecho, resolvi Gmez la invasion de las Villas
Occidentales." Esto, seores, no lo dice ningn mamb; lo dice
un General espaol que tom parte en la campaa. Prosigue
ste:


[35]













Febrero 19-El cabecilla Jos Gonzlez penetra en la Jurisdiccin
de Cienfuegos. Sale en busca de Gonzlez la guerrilla de Arimao y
en poco tiempo se encuentra con el enemigo que la pone en complete
dispersin, dejando doce muertos en el campo.
Febrero 19--Incendio del poblado de Jicotea.
Febrero 2.-Comandante de Villaclara, Brigadier Baile, forma una
column de cerca de cuatrocientos hombrea, entire artilleros, gue-
rrilla y milicianos de Crdenas y de Gfiines. El Jefe de las fuerzas,
Teniente Coronel Prado, sale en busca del enemigo, al que encuentra
mandado por Jos Gonzlez, en nmero de trescientos caballos y a
los que casi sorprendi, pues estaban dando agua al ganado.. No obs-
tante, tras corto tiroteo, se puso en fuga nuestra caballeria y fueron
macheteados y horriblemente mutilados doscientos artilleros. A este
desastre sigui:
Febrero 3.-Toma e incendio del poblado de Ranchuelo e Ingenio
de San Andrs.
Ataque e incendio total del poblado de San Juan de los Yeras e
ingenios Progreso, Fortuna, Caridad y otros que no nombra.
Febrero 4.-Ataque e incendio del poblado de Jatibonico.
Febrero 5.-Ataque e incendio de las Chambas. La guarnicin en-
cerrada en el fuerte rechaz al enemigo, pero no pudo impedir que
la poblacin fuera incendiada. El Brigadier Valera, que lleg en su
auxilio, pudo alcanzar al enemigo y sostuvo con l ligero tiroteo. El
enemigo, segn el primer parte dej siete muertos; se han ido exa-
gerando sus bajas hasta llegar al fabuloso guarismo de ciento cin-
cuenta.

Comento yo ahora: dice un tratadista military francs: "Es
curioso leer los hechos de armas contados por los vencedores (o
soi disants) y los vencidos. No puede uno tener idea de que la
verdad pueda estar de un lado y otro desfigurada con ms aplo-
mo, sin hablar de la poltica de la guerra, que disfraza los he-
chos con fines disciplinarios de moral." Esto explica, entire
otros motivos, los legendarios parties espaoles de "por nuestra
parte sin novedad". Nada ms comprobatorio que el parte de
Chambas, urdido seguramente para que hiciera su efecto en la
Habana y Madrid. El parte official de Cecilio Gonzlez, que fu
el que atac el poblado, a Mximo Gmez, a quien no poda
ocultar nada ni de seguro tendra inters en disminuir la impor-


[36]













taneia del encuentro, dice, "se rindi uno de los fuertes y se
incendi casi todo el poblado. Tuve tres muertos y seis heridos
y a las nueve de la mariana toqu retirada. Como a un cuarto
de legua de la poblacin, me di alcance una column enemiga,
picndome ligeramente la retaguardia. Imped sus movimientos
colocando pequeos grupos en el rastro. No tuve bajas en estos
ligeros tiroteos." He aqu a lo que se reduce los ciento cin-
cuenta muertos de Valera y Concha: a ligeros tiroteos. En el
peridico "La Amrica Libre" y en el mes de marzo de 1874,
aparece una curiosa lista de las muertes repetidamente sufri-
das por various cabecillas. Aparece Calixto Garca muerto seis
veces; C. M. de Cspedes quince, y Mximo Gmez cuarenta
y tres!

LA MANIGUA COMO UN ARBOL
El desconocimiento de las cosas de Cuba era tal en la Me-
trpoli, que un General espaol, con fama de culto y versado
en asuntos de Cuba, Manuel Salamanca, propuso en el afio 76,
como mejor medio para terminar la guerra, talar la manigua, y
deca: "como la Manigua es un rbol de tal dimetro y tal
altura, etc., etc."... Crea el fogoso crtico de Martnez Cam-
pos que la manigua era un rbol, algo as como el Alcornoque
o el Roble. Despus de esta digresin, sigamos con Acosta y
Albear:
Febrero 6.-Ataque e incendio del poblado de Ojo de Agua.
Febrero 7.-Telegrafa el Gobernador de Cienfuegos que ha sido
reducido a cenizas el poblado de Arimao y que igual suerte han co-
rrido los Ingenios Negrito y Galdds.
Febrero 7.-Incendio de los Ingenios San Jos, Rub, Ramona,
Santa Luca y Panchita y ese mismo da 7 sale el Capitn General
para Villa Clara, distant doce horas de la Habana y revista al Re-
gimiento Chapelgorris, de Guamutas, de los que muchos, seis das
despus, caeran bajo el tilo de los machetes de Jos Gonzlez. Orden
al Brigadier Salcedo para que enve dos batallones y dos escuadro.
nes del Prncipe y que incendie y abandon la trocha de San Miguel
del Este. Comunica al General Marn la gravedad de las Villas y le
pide varies de sus batallones. Contesta Marn por telgrafo que de-


[ 37]















sign la parte del territorio que quiere abandon al enemigo por no
ser possible defenderlo todo, si enva los refuerzos.
1 Febrero 10.-Comandante Militar de Sagua la Grande anuncia que
arden los Ingenios Constancia, Dos Hermanos y Vila.
Febrero 11.-Santa Rosa, Pelayo, Yaguas, Santa Mara y San Joa-
quin de Pedroso.
Febrero 13.-Chapelgorris, de Guamutas, y movilizados de Lajas,
al mando del Coronel Claudio Herrero salen en direccin a Pedroso,
donde hace dos dias acampa Jos Gonzlez. Despus de ligero tiroteo
se dispersan nuestras fuerzas, que dejan en el campo cuarenta muer-
tos (cincuenta y siete dice Gonzlez) y retiran various heridos.
(Afladimos nosotros que este combat, cerca de Matanzas, tuvo
gran resonancia por la triste celebridad que estos voluntarios y su
Jefe tuvieron, en unin de la feroz Guerrilla de la Muerte de Pancho
Durante, cuando reprimieron el movimiento de Jagiey Grande en
en el afo 69.)
Febrero 14.-Caen los Ingenios Santa Catalina, San Jos, Angelita,
Aurelia, Gualmarito, Rosario y Buenavista, todos en Cienfuegos.
Febrero 15.-Incendio del poblado de Lomas Grandes.
Febrero 16.-El enemigo se apodera del fuerte de Guaos en Cien-
fuegos, rinde a la guarnicin, da fuego al poblado y a los Ingenios
Martina y Andreta en Villaclara.
Febrero 17.-Ingenios Suragu y Bonachea.
Febrero 18.-Segn telegrama de Sagua arden por complete San
Jos de Torices y Sacramento de Mora.
Febrero 19.-Comandante Militar de Cienfuegos telegrafa que ar-
den Quesada, San Antn y Soledad.
Febrero 20.-Comandante Militar de Santa Clara participa incen-
dio del Ingenio Pastora, y al tomar el tren para la Habana el Gene-
ral Concha, en la misma Estacin recibe el parte de que el destaca-
mento de las Eras entreg sus armas al enemigo sin combatir y que
puesto en libertad se ha presentado en Cienfuegos.
Febrero 21.-Encuentro del Coronel Bonilla con Jos Gonzlez.
Nosotros tuvimos veinte heridos y muchos contusos. (Sealemos nos-
otros que entire las cinco o seis bajas que tuvieron los cubanos fu
herido ligeramente el valeroso Jos Gonzlez Guerra, falleciendo el
26 de ttanos.)
Febrero 22.-Encuentro del batalln de Baza. Tuvimos cuatro
muertos y seis heridos. Todo esto ocurra en las Villas Occidentales,


[( 38]














que en las Orientales haban sucedido la dispersin de los Dragones
de Arroyo Blanco el 22 de Febrero. Dispersin del destacamento de
artilleros del fuerte Isleo y en el mismo da en que destituido em-
barcaba para la Pennsula el General Concha, recibe un parte de Zea,
el que le comunica se ha rendido el fuerte de Marroquin y estn sitia-
dos por el enemigo los de Chambas, Guadalupe y Jatibonico.
He aqu relatado por el Brigadier espaol y con los parties
existentes en la Capitana General y desde luego no exactos, lo
que fueron esos cuarenta y seis das de operaciones de Gmez
en su invasion a las Villas. Hemos usado esta fuente, aunque
incomplete, ya que se omiten en ella muchos hechos que apa-
recen en el Boletn de la Guerra mamb, porque, tratando mi
conferencia de vulgarizar entire los cubanos que la desconocen o
desdean, la operacin military de ms vuelo y ms brillante que
se realize en la guerra del 68, el testimonio de un military espa-
ol pone fuera de today duda o discusin los resultados que tuvo.
La verdad es que con mil hombres, tropa de Gmez, no se pue-
de hacer ms contra 22 batallones que operaban en Las Villas.
El efecto que esta fulminante campaa, coronada por el xito,
en las pacficas Villas hizo en la opinion espaola y en los inte-
gristas de la Colonia, lo traducen, a pesar de la censura, los
peridicos de esa fecha. Diario de la Marina en su tan citado
artculo del 5 de febrero del 75:
la falange incendiaria de Mximo Gmez est llamando a nuestras
puertas con el pomo de sus machetes y est alumbrando nuestros cam-
pos con las llamas que levantan sus teas.
En febrero 16.-En los das transcurridos los machetes siguen de-
rramando sangre de nuestros hermanos y la tea destruye fincas y
poblados. La defense de la Patria est hoy en las Villas Occidentales.
El mismo peridico propone en febrero 20 a la Junta Revo-
lucionaria de New York, "que Mximo Gmez, el ms diestro
y arrojado de los cabecillas rebeldes con tres o cuatro mil hom-
bres de los suyos se bata con igual nmero de espaoles, etc. etc."
En la prensa extranjera, el Sun de mayo 6:
mientras las autoridades de Cuba, y los rganos esclavistas han es-
tado engaando al mundo y durante siete aos haciendo aparecer la
insurreccin cubana dbil e impotente, los patriots cruzan la inex-


[ 39]













pugnable Trocha, Invaden el santuario de los esclavistas, derrotan
una tras otra las columns espaolas, las arrollan y avanzan con r-
pida march aplicando la tea a todos sus Ingenios.

Con este mes de febrero y con la cada de Concha, terminal
la invasion de Las Villas, cuya organizacin revolucionaria fu
tan slida que la guerra ocup en ella el primer plano hasta el
Zanjn.

EL MANDO DE VALMASEDA

As, pues, como Martnez Campos en el 95 cay tambin Con-
cha derribado por Mximo Gmez; lo sustituye Valmaseda, nue-
vo Weyler que tambin fracasa en sus empeos. Recibe Valma-
seda el mando en 8 de mayo y para apreciar si fu o no ligera
incursin como se ha dicho, la invasion del 75, sealamos que
en la misma semana de su desembarco el oro que haba bajado
a doscientos once, subi a 235, con la noticia del incendio y
destruccin en esa semana de doce Ingenios en Sagua y veinte
y ocho en Cienfuegos, segn parte official de Valmaseda al Mi-
nistro de Ultramar, al que dice en 14 de mayo, ocho das des-
pus de su desembarco:
Puede decirse que en el Departamento Central slo existe bajo el do-
minio de Espafa la ciudad de Puerto Principe, que se halla sitiada
por los enemigos, no muriendo de hambre sus habitantes por el F. C.
de Nuevitas. En Oriente la extraccin que all se ha hecho de mu-
chos batallones para volar en auxilio de Las Villas ha hecho comen-
zar los desastres y derrotas para nuestras columns. Pero en su gra-
vedad, el departamento de las Cinco Villas se coloca el primero,
etc., etc."

Al Rey Don Alfonso un da despus: "No dud un instant
en venir a salvar a Cuba, cuando es una cenefa roja el horizon-
te de sus campos... Slo la mitad de su territorio productive,
mientras la otra mitad es un inmenso panten de leales y re-
beldes, pero todos sbditos de Su Majestad."


[40]













LA CAMPAA DE GOMEZ CONTRA LOS INGENIOS
Esta campafia contra los ingenios que de tan terrible modo
llev a cabo Gmez en su invasion, obedeca a various motivos.
Uno de ellos, que todos los ingenious constituan baluartes del
integrismo, fortificados, guarnecidos de guerrillas que de su
propio peculio sostenan los hacendados. Cada ingenio tena en
esa fecha treinta, cuarenta o ms hombres de guarnicin que
ganaban quince pesos al mes y la comida. Algunos hubo como
el de las Caas, de Don Juan Poey, que en abril del 75 contaba
cien hombres de guarnicin. En carta a D. V. Tejera en el aio
76, le dice Gmez: "Combatimos aqu, contra un ejrcito que lo
componen dos classes, el soldado de lnea que se bate y el volun-
tario hacendado que le da el pan. Tendremos para uno, balas
y machete, para el otro, tizn." Los hacendados afrontaban
tambin los recursos e dinero que podan y el primero de di-
ciembre del ao 75, aparecen en la Gaceta las siguientes canti-
dades con que contribuan los ricos hacendados a cubrir el Em-
prstito que hizo la Metrpoli para continuar la guerra:
Jos Bar .................. $500.000.00
Julin Zulueta ............... 500.000.00
Mor, Ajuria y Co. ........... 300.000.00
Francisco Rosell ........ ..... 200.000.00
Manuel Calvo ................ 200.000.00
Francisco F. Ibfez........... 150.000.00
Sam ....................... 100.000.00
Ramn Herrera .............. 100.000.00
J. Melgares .................. 50.000.00
Y en cantidades de $25.000.00 Juan Toraya, Marqus de San-
doval, Conde de Caongo, Juan Poey, Juan Conill, Emeterio
Zorrilla, etc., hasta cuatro millones y medio de pesos, reunidos
en cuatro das.

UNA FRASE DEL GENERALISIMO
Aunque sea una digresin queremos aqu referir una frase
del General Gmez. Cuando la Intervencin military, en-su ter-
tulia del Calabazar, mi padre, que lo visitaba, viejo administra-


(41]














dor de Ingenios, los celebraba por lo que haban contribudo a
la riqueza y cultural de Cuba. Mximo Gmez con su habitual
tono autoritario le interrumpi: " Qu dice usted? El azcar
ha sido y ser el mayor enemigo de la Independencia de Cuba!
Dios quiera que los Ingenios no sean la desgracia de Cuba!"
Esta amenazadora sentencia que pareci a todos dictada por el
rencor que en la guerra les tuvo el Generalsimo, hoy parece,
por desgracia, cumplida profeca.

INFORMED FINAL DE CAMPAA

Tambin en ese mismo mes de mayo fecha Mximo Gmez su
informed de final de campaa al Gobierno cubano.
Con los elements de guerra arrebatados en el Jibaro, Rio Gran-
de y otros Fuertes, a pesar de la persecucin del enemigo, cuyas co-
lumnas acampaban en mi rastro y sobre las cenizas de sus pueblos y
trincheras, con estos elements, cambi por complete la actitud del
Ejrcito Libertador, nutridas sus filas por la incorporacin de la co-
lumna de retaguardia de la Lnea. Como resultado de la march pro-
gresiva de nuestra campaa fuerzas en operaciones invadieron en
poco tiempo las comarcas limtrofes. La organizacin del Gobierno Ci-
vil, bastante adelantada; y nuestras fuerzas quedan operando en las
puertas de Occidente, habiendo llevado a cabo ligeras incursiones a
esas comarcas. Vencida ya la campaa de invierno me ocupo en pre-
parar el plan que se debe ejecutar y como resultado de esta se han
incorporado a las filas del Ejrcito Libertador mil cuatrocientos hom-
bres, dados de alta en las mismas; se han ocupado mil ciento doce
fusiles Remington, ciento cuarenta mil tiros, mil trescientas monturas
y dos mil doscientos caballos; se han incendiado ochenta y tres in-
genios.
A los resultados morales de la invasion de Gmez y a los ma-
teriales que consigna en su parte official, hay que aadir que
traslad toda la importancia de la guerra a Las Villas, comarca
que estaba pacifiacda. La estadstica del Boletn de la Guerra
publicada en el peridico La Verdad consigna muertos en cam-
paa durante el ao 76:

En Camagey .......... ............ 14
En Oriente ......................... 24
En Las Villas ...................... 180


[42]














Heridos:
Camagiey .......................... 33
Oriente ............................. 115
Las Villas .......................... 440

Y 61lo desde diciembre del 75 a mayo del 76, 112 nuevos
Ingenios y 25 caseros haban sido arrasados y las tropas espa-
olas haban tenido 107 encuentros con los mambises de Mxi-
mo Gmez.

JUICIOS MILITARES
6 Cul fue el juicio military que tuvieron los experts con-
temporneos sobre esta campaa ? Enrique Collazo, military mam-
b, el ms conceptuado para ello por su educacin tcnica, dice:
El paso de la Trocha que iniciaba la invasion del territorio pacifica-
do de las Villas, es el movimiento military de ms importancia realizado
por las fuerzas cubanas y se necesitaba toda la audacia del General
G6mez para emprender operacin de tanta importancia con sus cana-
nas casi vacas para hacer frente a los veinte y cuatro batallones es-
paoles, etc., etc....
La toma del Jibaro, que asegur la invasion, demuestra el talent
military que los mandaba.

El General espaol Acosta y Albear:
para nadie es un misterio que la invasion de las Villas fu una in-
mensa desgracia y que la campaa que sigui a este suceso ha sido la
ms funesta de cuantas se han sucedido desde el grito rebelde que
lanzaron en Yara loe enemigos de la Patria.

EL CORTEJO DE MALES
Hora es ya de resear la series de innobles sucesos que detu-
vieron esta march triunfal.
En estos moments y mientras espera Gmez los refuerzos de
Oriente, ya que gravitaba sobre l todo el peso de las armas es-
paolas, en el mes anterior, a fines de abril haban ocurrido los
acontecimientos de las Lagunas de Varona y al cortejo de males


( 43]













que a su ejemplo desmoralizador surgieron entire esos hombres
que llevaban ya luchando siete aos, tiene Gmez, urgentemente
llamado por su Gobierno, con este motivo, que abandonar Las
Villas y marchar hasta las Tunas. De vuelta a su destino, amar-
gado por tanto egosmo, decepcionado por la estpida incons-
ciencia de jefes de relative valer, que no tienen de la guerra
otra nocin que la del estrecho horizonte de su villorrio, pre-
senta en agosto la renuncia de su cargo. Su patriotism y las
exhortaciones del Gobierno le hacen continuar en sus funciones.
Incansable, forma nuevos planes, y en el ao 76, con el contin-
gente oriental que al fin llega con casi un ao de retraso, des-
pus de las ruidosas operaciones del asalto a Villaclara, Ciego
de Avila y Morn, del brillante combat de caballera del Ca-
fetal Gonzlez, piensa invadir a Matanzas llevando Jefes como
Calvar, Mariano Torres, Rius Rivera y otros orientales, junto
a la brillante plyade camageyana. Apotrera mil caballos en
Sancti-Spritus para ellos y se prepare a tomar la ofensiva en
la prxima seca, dando instrucciones a Cecilio Gonzlez, que en
la extrema vanguardia, cado el heroico Reeve, se mantena en
Matanzas. Las fuerzas de Las Villas, a las que alent el fer-
mento de las Lagunas de Varona, ya conocido de ellos, como an-
tes se haban negado a obedecer a Antonio Maceo, declaran aho-
ra que no sirven a las rdenes de Jefes como Julio Sanguily,
Gabriel Gonzlez, Rafael Rodrguez, Enrique Mola, Manuel Su-
rez y otros, que como muy bien dijo Gmez, eran insustituibles
y tienen stos que abandonar las tropas de su mando para mar-
char entristecidos a Camagey; ya triunfantes los conjurados, a
todo se atreven y exigen el 10 de octubre que tambin resigned
el mando Gmez y lo entregue al General Roloff. El desorden
lleg a su apogeo con la march de Gmez para Camagiey; su
caballera, que cuidadosamente mantena en los potreros, desapa-
rece en unos das; las fuerzas se dispersan y desertan a su an-
tojo; los Orientales, disgustados con esta repugnante anarqua,
retornan a su provincia, y en fin, aquello es el caos. Dice
Collazo:
El motin military de las Villas inicia el ltimo period y el primer
sintoma de la muerte de la revolucin. El remedio del Gobierno agra-


r 44)













v6 el mal. Sustituir al General Mximo Gmez era, no difcil sino
imposible, pues no habla entire nosotros quien uniera a las condiciones
de mando, conocimiento de la guerra e inteligencia military, el presti-
gio adquirido a costa de tantas victorias conseguidas sobre el enemigo.

As, en conclusion, Gmez no slo invadi Las Villas, que es-
taban en paz, sino que encendi en ella la rebelin, de modo
tal, que a pesar de lo expuesto, all alent poderosa la revolu-
cin hasta el Zanjn y si hubiera existido, como en la ltima
guerra, la unidad de mando, cosa indiscutida desde que dijo Na-
polen: "Vale ms un General malo, que dos buenos", y si se
hubiera reforzado a Gmez, como pensaba, ya que Espaa en-
tera se traslad a Las Villas, y si hubiera tenido a mano esos
elements que faltaron en la hora de la crisis, nadie es capaz
de saber lo que aquel hombre, de quien dijo Calixto Garca
(Lino Dou) "no se puede imaginar todo el partido que saca el
General Gmez de una sola pareja"; nadie, como digo, puede
presumir lo que hubiera sido capaz de hacer, aun cuando no hu-
biera llegado al triunfo, porque como dijo Ardant du Picq, refi-
rindose a Zama, "el genio siempre tiene por lmites lo imposi-
ble", y era impossible liberar a Cuba, no slo por el formidable
ejrcito espaol y porque con l estaba la mayora de los cuba-
nos, sino tambin porque los propios insurgentes colaboraban
con inconsciencia fatal a esa obra, con sus intrigas y divisions.
Del estado de la guerra al abandonar Gmez a Las Villas dice
Jimnez Castellanos, exacto observador de la campaa, en sus
Estudios militares:

en Las Villas desde Octubre del 76, si bien hablan en ellas numerosas
tuerzas insurrectas, estaban desorganizadas, con Jefes de poco o nin-
gn prestigio, sin unidad de accin entire ellas y en complete disiden-
cia con su gobierno... Una series de insubordinaciones dieron por re-
sultado que estos Jetes, que eran de lo mejor que tenla la insurrec-
cin, tuvieran que dejar el mando y volver a Camagey.

Se ve, pues, que estaba muy bien informado de todo lo que
suceda, el alto mando espaol.


[45 1













EL MAXIMO GOMEZ DE 1875


Del Mximo Gmez de aquella poca, en la plenitud de su
edad, y al que no conocimos, se conservan retratos, uno de ellos
publicado en el Correo de Ultramar en el ao 78, ofrece un
puro y orgulloso perfil de ave de rapia, propio de los grandes
soldados; y de los muchos contemporneos que lo han hecho, da-
mos aqu la descripcin de un cubano, testigo de sus hazaas:
F. Figueredo, y el de un espaol, su adversario: Eugenio A.
Flores, Ayudante de Martnez Campos. Dice Figueredo:
Mximo Gmez es alto, delgado, trigueo con cabellos y bigotes muy
negros, sus ojos negros tambin, son vivos y penetrantes; brill a la
altura de Cspedes y Agramnote y casi no hay un hecho glorioso en
la guerra de los diez aos al que no est unido su nombre.

Eugenio A. Flores, que lo conoci cuando el Zanjn:
Mximo Gmez, sabido es que vi la luz primera en Santo Domin-
go. Ansioso de gloria para imperar, audaz y valiente, que no es hora
de regatearle esta condicin, represent de cuarenta y seis a cuarenta
y siete aos. Viste de paisano, traje de casimir muy usado, polainas
negras, y no lleva insignia alguna y slo en la chapa del cinturn
de su machete se ven gravadas las armas de la titulada Repblica. Su
tipo es muy military, de buena estatutra, delgado, algo calvo, usa peri-
lla y bigote con algunas canas. Su carcter es franco y como buen
espaol, aunque reniegue de serlo, discute con calor.

Las altas dotes militares que puso de relieve Gmez en su
estupenda campaa, lo hicieron figurar desde entonces entire
los grandes soldados de la milicia de Hispano-Amrica. Por de-
recho propio se codea Gmez con los ms altos, porque slo el
genio, con tan escasos medios, frente a la tropa espaola, de la
cual dijo l mismo "&y cundo no han sido valientes los espa-
oles?", hubiera podido alcanzar xitos tan ruidosos, en que su
habilidad y su inagotable inventive, siempre encontraron recur-
sos para burlar a su poderoso enemigo, tomar la ofensiva como
norma y prodigar a diario los hechos heroicos como cosa corrien-
tet, durante los trece aos que combati contra Espaa en Cuba.
Gmez, con la ms amplia vision en ambas guerras, tuvo
siempre en todos sus planes, delante de si, la campaa y no el


[ 46]













combat, al que siempre consider un episodio y hay que insis-
tir en este atributo de los grandes Capitanes, que abarcan no
slo lo que tienen delante sino todo el horizonte, cualidad rara
entire los jefes cubanos.

Jos Mir dice de l:

Su porte y su fisonoma descubren en l la prosapia del conquista-
dor audaz y temerario... Su talent y sus maneras nos dicen que sus
antecesores pertenecieron a los tercios castellanos de Extremadura y
Huelva... Gmez naci para la guerra, para dirigirla, y para mandar
a los dems hombres, ya fueran soldados de fila, ya oficiales de m-
rito. La autoridad de Gmez se impona a todos; siempre era el Ge-
neral, el Director, el jefe absolute y dominant. No tuvo ms que un
rival: Antonio Maceo.
Fu, pues, Mximo Gmez, military famoso, caudillo ilustre en to-
dos los rdenes de la noble profesin de las armas, inteligente, osado,
sagaz, emprendedor, temible; pero tambin hombre moral, integro,
demcrata, sincero y amante de los menesterosos.

Un agudo observador que estuvo a su lado, hombre culto y
de gran inteligencia, escribi de l:
Audacia sera en los contemporneos former juicio complete sobre
el General Mximo Gmez. Pero es obligacin de los que de cerca le
tratamos emitir nuestra impresin sobre l, para que en el future los
cubanos, si no es que estamos llamados a desaparecer como Nacin
puedan Juzgar al hombre insigne que inspire ms respeto que cario
y ms miedo que respeto. La natural brusquedad de su carcter, que
l de intent exageraba para llegar mejor a sus fines, era spera cor-
teza, en la que se estrellaban los entusiasmos nacidos al contemplar-
lo de lejos. Quien calificara al General Gmez como hombre de ta-
lento errara el adjetivo; su poderosa inteligencia podra, con justicia,
calificarse de genial; por eso en la guerra tuvo xito en el plan
estratgico, product de su admirable intuicin, de las necesidades
de la campafla e hija de su experiencia de la guerra de los Diez
Aflos... Creamos todos los que acompaamos al General en Jefe en
su paso por la Trocha en Diciembre del 96 que empezbamos la se-
gunda invasin... Los de Oriente habian visto alejarse aquel impe-
tuoso caudillo que pudiendo hacer batirse a los otros, se lanzaba, nue-
vo Quijote, a dar el pecho a las balas en perennes combates y dias sin
pan ni reposo, cuando tanta gloria o mayor poda alcanzar en estas
benvolas y cmodas comarcas, en las que se peleaba eligiendo el


( 47 )













moment y el terreno, con seguras retiradas, con bien ordenados Hoe-
pitales.
Traspasado de dolor por la muerte heroica de su hijo, adusto por
temperament y por su modo de entender los deberes de General en
Jefe, apenas sala de la exigua tienda en que encerraba sus activida-
des en aquellos das. Me atrev en una ocasin en que lo not comu-
nicativo a mostrar mi extrafieza por la inaccin en que estbamos en
los potreros de Sancti-Spiritus y me qued atnito cuando le o decla-
rar que nada estaba ms lejos de su nimo que seguir a Occidente,
ni abandonar aquel territorio, y su explicacin me pareci un desati-
no: "si voy para la Habana, se acaba la guerra en Occidente y le
doy gusto a Weyler; aquellas comarcas estn casi agonizando y al ir
yo, pocos recursos puedo llevarles en comparacin con los que van a
disponer los espaoles para perseguirme; en cambio, si me quedo aqu
obligo a Weyler a venir a buscarme, y como tiene much gente en
Trochas y lneas militares que torpemente sostiene y no se atreve a
abandonar, tendr que sacar soldados de Pinar del Rio, Habana, Ma-
tanzas y Sagua para perseguirme; de este modo nuestras fuerzas, de
esos territories se reharn y tendrn respiro, habindolas yo ayuda-
do a ello sin buscar golpes de efectos intiles..." No me atrev a
discutirle lo que me pareci absurdo...
Mximo Gmez, con intuicin admirable habla adivinado el por-
venir y antes de un mes tenamos a cuarenta mil espaoles operando
en fortsimas columns haciendo combinaciones pueriles para batir al
General que durante ms de un ao se burl a mansalva de sus ene-
migos y lleg con sus fuerzas casi intactas hasta el final de la cam-
pasa.

Esto dice el General Freyre de Andrade; sin embargo, bajo
esa spera corteza que seala Freyre, en el fondo de su carc-
ter hosco y hurao, oculto por la frrea armadura del soldado,
lati uno de los corazones ms humans y sentimentales. 6No
se detiene conmovido ante la ltima y moribunda mirada que su
compaero de batallas, su caballo favorite, su fiel Cinco, acribi-
llado a balazos, le dirige antes de morir? Cuando en mitolgica
hazaa, pisa el primero, junto con otro poeta, la tierra de Cuba
en el 95, no se arrodilla con ternura y la besa con amor,

DOS LAGRIMAS
Su devocin por la idea, por el smbolo, es patente en los
msticos cuidados que guard con su bandera del 68, la de Palo
Seco y Las Villas precisamente. Quise ver yo aquella reliquia


[48 1












que custodia, es la palabra, su hijo Bernardo, y pude con inten-
sa emocin contemplar aquel pedazo de tela que tantas cosas
deca, hecha jirones por el tiempo y por las balas, maculada de
sangre cubana seguramente; la que flame en Palo Seco y las
Gusimas, la que arrebat Enrique Mola a su abanderado en la
carga del Cafetal Gonzlez. All conoc su historic. Cuando re-
sign Gmez el mando del Tercer Cuerpo, recoge su bandera y
envuelta en un saco la lleva consigo al abandonar a Cuba, se-
guro de no volver a pisar nunca ms sus playas; la ltima no-
che que pasa en tierra, por azar ella le sirve de almohada.
Muchos aos despus ordenando su archivo situado en el des-
vn de su humilde casa, suben sus hijos y sorprenden al viejo
de acero inclinado y absorto ante un trapo ennegrecido y des-
hecho, ante una vieja bandera que se extiende por delante de
l; cuando al ruido que hicieron levant el caudillo la cabeza,
vieron que por aquellas duras facciones, modelo de energa, co-
rran dos lgrimas que trataba de ocultar. I Cuntas cosas de
su pasado heroico evoc su vista al viejo soldado para enter-
necerlo as!! Cuntos panoramas de triunfo y de gloria revi-
vieron sus desteidos colors en aquel hombre, autor de extraor-
dinarias hazaias! Ese pedazo de trapo, en su miseria present,
le recordaba que hubo otro tiempo en que entire el humo y el
estrpito de la batalla, poderoso y erguido, al frente de miles de
hombres, desafi a los soldados de Espafia durante diez aos.

LOS COMPAEROS DE LA EPOPEYA
A su contemplacin se alzaron en su recuerdo los compae-
ros de la Epopeya, unos muertos, otros proscriptos y errantes,
Cspedes, Agramonte, Reeve, Maceo, Calixto Garca, Julio San-
guily. Toda aquella confusa vision de gloria y poder conmovi
al hombre de bronce en su actual desamparo. Sin embargo, el
Destino lo reservaba a l solo entire todos, para la Apoteosis. Si
sus penetrantes ojos hubieran ledo en el arcano de los tiempos, la
hubieran visto enarbolada otra vez y por su mano misma, recorrer
en triunfo, acompafiado del Teniente predilecto, de Maceo, la
Isla entera, y despus, cados todos sus viejos compaeros, sega-


(49 ]












dos por las balas implacables, Cspedes, Agramonte, Mart, los
Maceo, Serafn Snchez, Crombet, su mismo heroico hijo, que-
dara l por un milagro en pie, como la ceiba que respeta el
rayo, para clavarla por su propia mano y al cabo de treinta
aos de luchas, sobre la hispana fortaleza del Morro, donde has-
ta ahora, por lo menos, aun ondea esa banedra que l all puso.

LOS DETRACTORS
En las guerras por la Independencia de Hispano-Amrica,
Bolvar, el ms desmesurado genio de la raza, tuvo sus detrac-
tores. El Doctor Florentino Gonzlez, patriota colombiano, com-
paero de Bolvar, su frentico admirador primero y despus
enemigo implacable, supervivi al libertador en ms de treinta
aos y hasta la hora de su muerte preguntaba indignado al
coro de admiradores: "Seores: por qu es grande Bolvar,
Dganme: &por qu es grande," A los detractors de la gloria
de Gmez, muy pocos por honor de Cuba, y que como Gonz-
lez preguntan: por qu es grande Mximo Gmez", se les
puede responder con una frase del mismo Generalsimo contes-
tando acusaciones de un su enemigo: "para hombres como yo,
es bueno dejar a los hechos que hablen ellos solos", y los hechos
ya han hablado. Es grande por cualquiera de sus fabulosas ha-
zaas en la guerra de las Diez Aos, por su austera dignidad
en la proscripcin, por sus triunfos como General en Jefe en
la guerra de los Tres Aos; es grande porque lo acataron con
subordinado respeto figures tan sobrehumanas como las de Mar-
t y Maceo y en la paz que sigui a la guerra, en esa paz, fuente
de inmoralidad, porque no marchit sus laureles, ya que en ella,
su noble figure, orlada por la sabidura y el desinters, creci
an ms que en la guerra, si esto cabe.


tO]

























MAXIMO GOMEZ
Y LA INVASION DEL 95


















PALABRAs PRONUNCIADAS POR EL ACADMICO MIGUEL ANGEL CAB-
BONELL, EL 17 DE JUNIOR DE 1930, PARA SALUDAR, EN NOMBRE DE
LA ACADEMIA, AL CONFERENCIANTE DOCTOR BENIGN SOUZA.

Seor Presidente;
Seores Acadmicos;
Seoras, seores:

,L nombre de Benigno Souza est tan firmemente vin-
culado a mis das todav acercanos de adolescent,
cuando l culminaba la gloria en la ciencia y yo
irrumpa en las letras con ms sueos que ideas en
la mente y con arrests que los aos, con no ser muchos, han
convertido en cruces sobre mi corazn, aunque sin destruir lo
que de permanent hay en 1l de amor a lo just y a lo grande y
de infinita indulgencia para todas las culpas y miserias de la
endeble naturaleza humana, que no puedo pronunciarlo sino con
labio devoto y gesto admirativo.
Se reciben en la vida a menudo hondas desilusiones. Los
ros a que nos asomamos con asombro en el arranque de la ju-
ventud, juzgndolos caudalosos, y los soles que deslumbraron
nuestros ojos, nos parecen luego, en el andar del tiempo, tor-
ciendo rumbos y descuajando anhelos, arroyos de aguas mansas
o fuegos fatuos que se deshacen apenas parpadean. Duro es el
tiempo tronchando en el espritu ilusiones. Duros son la razn
al afianzarse y el entendimiento al madurar, porque empujan
hacia nuevas formas, orientan en opuestas idealidades, dibujan
distintas perspectives y truecan exigente al conforme fabricn-
dole alas que le llevan a dudar de las ajenas, De ah que obras
que nos parecieron geniales al comenzar la ruta, las juzguemos

[53 ] -J*__
BIBLIOTECA
EVULU GOVANTES












luego con labio desdeoso; que actiutdes admirativas, que esti-
mramos con un sincero carcter de permanencia, se traduzcan
hostiles. Y no es que variemos en nuestra sinceridad; es que
crecemos en abarcamiento, y al nutrirse nuestro juicio y divi-
sar ms amplios horizontes, ya no vemos tan en grande, porque
miramos desde arriba. Pero no todo sufre esa metamorfosis.
No todo se quebranta. Lo que es digno del laurel, seguir
sindolo en el hoy y en el mafiana. El mrito salva distancias
de continents y de siglos. Los verdaderos grandes hombres
perduran a travs de las transiciones del individuo en su mar-
cha ascendente a una actitud definitive. As Benigno Souza,
el mdico que ha escrutado con vision genial los secrets del
organismo; el espritu alerta a las palpitaciones del pensamien-
to, que ha paseado el mundo con la amplia comprensin del
que sabe lo que ve y ve por donde va; tan nutrido en las artes
y en las letras como en la propia discipline de su vocacin, por
lo que pudiera profesar lo mismo Anatoma que Perspectiva o
Historia; el que lleva sus valores con modestia slo comparable
a la dadivosidad con que prodiga los tesoros de su ciencia,
contina ligado a mi admriacin, que crece lejos de disminuir,
porque ahora puedo apreciar mejor lo que significa su noble
apostolado.
Jubilosa se siente la Academia al contar en este acto, consa-
grado a rendir tributo de generosa recordacin al Generalsimo
Mximo Gmez, el caudillo venerado a quien toc subrogar con
nuevo potente calor de humanidad la arcaica armadura del
Bolvar legendario que post-vi, en el desastre de Casacoima,
desplegada al mstil del Continente la bandera de la Repblica;
jubilosa se siente-repito-al contar con el concurso del doctor
Souza, apasionado' por la Historia, sector en que sus conoci-
mientos pasmapoor la precision y comprensin vastsima con
que destaca en su conversacin animada los episodios de la vida
universal. En la Historia de Cuba ha penetrado Souza con
fervor. En posesin de documents que servirn "maana de
norma para llegar a una apreciacin cabal del process revolu-
cionario, ha podido aquilatar en todo su carcter y ei toda su


[ 54]













grandeza la personalidad de Mximo Gmez, a quien conoci
entire llamas, en el ingenio "Mi Rosa", donde fuera husped
de su padre en los das inolvidables de la march invasora. A
caballo, desnudo el curvo alfanje, iracundo sobre la silla de
pelear, lo vi Souza en el teatro de sus proezas inmortales, y
su admiracin qued para siempre encadenada a la gloria del
viejo General. Luego, ahond en su pasado, apreci su des-
prendimiento, sopes su accin en la manigua, vi sus defects,
pero no le sorprendieron en su alcance, consciente de que en
las vidas representatives todo es desproporcionado, y porque im-
perfecto todo lo creado, no se ha de medir en ellas la estatura
por la ausencia de lo negative sino por el prevalecimiento de la
voluntad virtuosa.
Para hablar de un altruista, y Mximo Gmez lo fue en
grado superlativo, porque todo lo di a una tierra que no era
la suya y supo mostrarse sobrio ante el manjar del poder, a la
hora de la recompensa, no pudo contar la Academia con esp-
ritu ms exceptional que el de Benigno Souza, en quien domina,
por sobre toda otra caracterstica, la consoladora virtud del al-
truismo. No es Souza hombre sujeto a cnones inexorables. En
su yo se derrama, orendole los causes del pensamiento, el amor
en todas sus vastas acepciones.
Sin ideal, la vida asfixia. Sin entusiasmo, el hombre es mero
instrument de toda bastarda por acomodamiento o abstencin.
Sin emocin, el alma es jaula vaca a la que puede penetrar
como husped transitorio todo apetito. La palabra sin el acto
es la falsa. La prdica sin la sinceridad es la demagogia. Por
saberlo pleno de ideales, capaz de la emocin, ajeno a todo
egosmo, tan desdeoso de la impostura como del verbo en fal-
sete, ni paradjico, ni teatral, ni agitador de turbulos, la Aca-
demia saluda por mis labios con veneracin y con respeto al
mdico sabio que ahora mismo, honrar su tribune y que bien
puede cantar la gloria del mximo libertador.


r 55 ]













































































MAXIMO GOMEZ 1897


Oi de CG. Gef.



















MXIMO GOMEZ

Y LA INVASION DEL 95

CONFERENCE. LEDA POR EL DOCTOR BENIGN SOUZA Y RoDRBGUEZ,
EN LA ACADEMIA NATIONAL DE ARTES Y LETRAS, EL 17 DE
JUNIOR DE 1930.

Seor Presidente;
Seoras y seores:

EL 4 DE ENERO DE 1896 EN "MI ROSA"
LS diez de la noche del da 4 de enero de 1895, y en
la sala de la casa de vivienda del ingenio "Mi Rosa"
en Quivicn, la familiar resident en ella rodeaba a
various oficiales espaoles que, sentados alrededor de
la mesa de comer, deferentes oan al que ocupaba la cabecera,
joven general, atildado, elegant, de modales saves y palabra
reposada y amena.
Era ste el general espaol Ramn Echagie, conde del
Serrallo, que slo haca tres o cuatro horas, con la column de
su mando, unos dos mil hombres, y por su rastro, haba llegado
al citado ingenio detrs de Mximo Gmez y Antonio Maceo, los
que al frente de cuatro o cinco mil hombres, con clamoroso
estruendo, a banderas desplegadas y bandas de msica, haban
estado durante ms de dos horas vigilando el pintoresco e inter-
minable desfile de la column mambisa. Todo fu para nosotros,
asombrados, teatral en ese memorable da: a una decoracin


f 57]













suceda otra; a los cubanos, poco tiempo despus, la column es-
paola.
Termin la comida copiosa y select (1), regada de esco-
gidos vinos, Echage, despus de la copita de coac, encendi
su aromtico veguero, y beatifico, entire azuladas nubes, sabo-
reaba en aquel ambiente de trgico desastre su excelente co-
mida, su plcida sobremesa, sin parar mientes en el lgubre pa-
norama de llamas que lo rodeaba y muy bien perciba por las
ventanas abiertas, en un horizonte que entero arda con vivo
resplandor, y donde un punto brillante, un ascua, marcaba a
Gira de Melena, incendiada tambin y sitio en que a esa hora
y a seis kilmetros escasos descansaban Gmez, Maceo y sus
huestes; evidence prueba de la invasion que se instalaba con
insolencia en plena provincia de la Habana.

GOMEZ Y MACEO, UN ANGULO RECTO
El general y sus compaeros, desentendidos de todo en aque-
lla serena noche de invierno tropical, volvan con el recuerdo
a su lejano pas, a Espaa; hablaban de Madrid, de la polti-
ca; una palabra, una idea, un tema evocaban otro; alguien men-
cion a Cnovas, y Echage, su ferviente admirador o su ami-
go, hizo su apologa, lo exalt, y ante la irnica sonrisa del te-
niente coronel Moreno, sentado a su derecha, con palabra lenta
y frecuentes pausas, deca: -" No lo cree, eh? Pues mire usted,
quin en el problema de la guerra de Cuba, como l y de tan
lejos, en dos palabras y en una sola formula, la ha definido
mejor? No se puede olvidar que es Cnovas el que ha dicho: "La
guerra de Cuba es slo cuestin de dos balazos felices" (2); y eso
seores, eso es la guerra en Cuba. Esto que vemos es s61lo la obra

(1) La cocina de Echagle era la mejor entire las de los generals
espaoles.
(2) Tambin dijo Cnovas en su tertulia, y corri por toda Es-
pafia: "En Cuba no hay ms que un general, y se es Mximo Gmez";
palabras que fueron consignadas por Pi y Margall, en un articulo
suyo, publicado en El Nuevo Rdgimen, de Madrid, del 30 de octubre
de 1897.


[ 58 ]













de esos dos hombres que estn all. "-Y sealaba con su mano a
la Gira ardiendo.-"Nadie sino ellos hubiera arrastrado a esa
horda hasta aqu." Y despus de una pausa, explic: "Entre los
dos forman un ngulo recto y tienen naturalmente su fuerza." A
la interrogadora mirada de Moreno y sus ayudantes aadi:
-"Si, seores, Gmez y Maceo forman un ngulo recto, porque
el uno es el complement del otro. El dominicano es todo astu-
cia, es una zorra. El mulato, todo valor. El uno es la cabeza
y el plan; el otro el brazo y la accin; de ah sus fuerzas, se-
flores; de ah su xito." Estas palabras, este juicio de un adver-
sario culto, dicho en aquellos moments, se fij en mi mente y
nunca ms lo he olvidado.
Aos despus, el 24 de septiembre de 1899, en la velada f-
nebre que el "Club Calixto Garca" celebr, en la sociedad "El
Pilar", a la memorial de los dos cados en Punta Brava, Maceo
y Panchito Gmez, Manuel Sanguily, el primero de los oradores
en esa noche, alzndose en la tribune en que oficiaba a la sere-
na altura de la historic, pronunci estas palabras, alusivas a
Antonio Maceo, y que perdurarn eternamente:

Adiestrado por Gmez, que de labrador lleg a ser un inspirado y
sobresaliente estratgico supo cmo se invadan territorios.........
......,....................... ............

por lo que identificado con su maestro y jefe, a extremo que si hubiera
faltado alguno de ellos jams se realizara la estupenda empresa.

Eso dijo Sanguily, nada amigo de Gmez entonces pero s
de la justicia. Sanguily y Echagiie, desde campos tan adver-
sos, coincidan en cierto modo al juzgar a estos dos hombres
tan extraordinarios en cualquier pas y en cualquier poca, y
como es ste tambin, seores, mi juicio, voy a tratar en esta
conferencia de sealar lo que el uno y el otro, el maestro y el
ms brillante de sus discpulos, tuvieron de comn en aquel
movimiento. A m, que lo percib, que asist a l como testigo
en el centro de esta provincia de La Habana, aun me parece
un canto de la Ili a.


1 59]












DESPUES DE LA INVASION TODO ERA ESPERAR
Yo no voy a repetir nada de lo que al movimiento military
se refiere, tratado con exceptional competencia por el teniente
Reina; pero s sealar la colaboracin que el uno y el otro, el
General en jefe y su Lugarteniente, tuvieron en aquel movi-
miento military que, como muy bien dijo uno de sus autores (G6-
mez), "despus de realizado, ya todo era cuestin de esperar".
Ser un poco montona la lectura de esta conferencia porque
tendr que traer aqu algunos documents probatorios, usar del
archivo del general Maceo, de diarios de operaciones, etc.
Mucho se ha discutido la paternidad de la invasion, cuando
de sta se puede decir que tiene tantos padres que es lo mismo
que si no fuera hija de nadie, y es, adems, muy vieja; su proyec-
to arranca desde la guerra del 68; fu realizada por Mximo G-
mez en el ao 75, llegando sus piquetes hasta Coln, y a la
fuerza tiene que habrsele ocurrido sus ventajas hasta el ms
nfimo y oscuro official mamb; pero la oportunidad, su organiza-
cin, las rdenes para ella, las operaciones preliminares que la
hicieron viable, eso s que es patrimonio del jefe que la orden
y dirigi y que realmente es el padre de la criatura.

LA REVOLUTION VARADA
Cuando sobrevino la muerte de Mart, estaba localizada la
rebelin en Oriente. Mximo Gmez, a quien el golpe hiri en el
alma pero no amilan, segn frase del general Mir, decide su
march a Camagey, comarca que no haba respondido hasta
entonces al movimiento, precisamente en espera de Gmez, mo-
vimiento que era ya general en Oriente y se empezaba a exten-
der en las Villas. Dice Mir:
Ve a Maceo cuyas penalidades han sido mayores, concierta con
l el plan sin desmontarse del caballo y contina la excursion, im-
pulsado por una idea fija: sacar a flote la revolucin, que seg~n frase
de l (de Gmez) estaba "varada".

Queremos, de paso, consignar que dudamos much de la exact
titud de la version que, siguiendo a Enrique Collazo, copian


f 60 ]













casi todos los que relatan la entrevista de "La Mejorana", ce-
lebrada entire Mart, Gmez y Maceo, solamente, y cuyos acuer-
dos se mantuvieron secrets. Collazo no vio ni a Mart ni a
Maceo, nicos que pudieran informarle; su version est en des-
acuerdo con la de Mir, ms autorizado que nadie por su puesto
al lado de Maceo para saber lo que all ocurri, y cuando se
publique el archivo del general Gmez, que una incuria lamen-
table mantiene secret, se sabr la verdad. Nosotros, a pesar de
la autoridad de Collazo, tal vez el escritor que con ms sereno
juicio ha tratado sobre las guerras de Cuba, opinamos con Mir:
Durante la travesa sufri decepciones, amarguras incontables; hu-
bo en la pequefla hueste que le segua conatos de sedicin; aqul
fu su va crucis; pero no desmay. El viejo soldado, intrpido siem-
pre, escala la agria cuesta, y ya en la cumbre, echa al aire sus pendo-
nes, arenga a unos cuantos proscriptos que se le unen y abre la fa-
mosa jornada de Cafmagiey, timbre quiz el ms honorifico de su
vida military. Ahora acaba de decirnos en su tienda que entire l y
Maceo "tumbarn a Martinez Campos, cogindolo desprevenido en los
campos de Occidente.

TUMBARON A MARTINEZ CAMPOS
DESPREVENIDO
En estas palabras del Generalsimo, que hay que subrayar, se
encierra toda la clave de la invasion; es su sntesis. Tumbaron
a Martnez Campos porque lo cogieron desprevenido. Queremos
detenernos algo en esta primera fase de la future invasion: la
march de Gmez al Camagey, porque es el indispensable pr-
logo para que sta pudiera llevarse a cabo: haba que sublevar al
Prncipe; haba que soldar con este anillo Oriente a las Villas.
Esta tarea ech sobre sus hombros aquel soldado admirable, en
quien la guerra y el mando eran un instinto, ya que, segn la
frase feliz de un pensador, en los hombres el instinto es el genio.
Escogi Mximo Gmez slo veinte hombres para que lo
escoltaran a la comarca donde multiplicaba Martnez Campos
sus medios de seduccin y seguridad military, amontonando tro-
pas para mantener sta tranquila; y es aqu oportuno sefialar
la caracterstica de Gmez, como jefe de operaciones, y que


[61]













servir para descifrar casi todas las suyas. Cada soldado ha te-
nido su fisonoma propia; en los nuestros, Maceo era el mpetu
ardiente, el valor hecho hombre, la lnea recta en la busca del
enemigo; era, como acertadamente me deca en conversacin el
teniente Ren Reina, un soberbio general de choque. Gmez era
fro en sus planes, sinuoso, cultivador de la sorpresa, su maniobra
favorite, la que prefera a todas. Espiaba, aguardaba, se ocul-
taba y desapareca para caer de repente y como el rayo sobre su
presa asustada. ste su carcter lo complete la rapidez sucesiva
de sus operaciones, tan rpidas muchas veces que parecen simul-
tneas, y a esas cualidades, observaba el general Mario G. Me-
nocal, una en el combat una bravura que nadie poda supe-
rar. sta tambin es la opinion de un military espaol, su adver-
sario muchas veces, el coronel Armin.

GOMEZ, DEVOTO DE LA SORPRESA
En su larga y brillante historic military durante la guerra
de los diez aos, en la que fu jefe de fuerzas, utiliz tales cuali-
dades siempre que pudo. En la primera de todas sus accio-
nes, la famosa del Pino de Baire, se revel gran capitn mache-
teando por sorpresa la vanguardia de Quirs. Qu fu Palo
Seco? Una sorpresa tambin. Qu decide en su favor la suer-
te en Las Gusimas? Una sorpresa a la caballera espaola. La
memorable invasion de Las Villas, el ao 75, fu una series de
sorpresas, segn el brigadier espaol Acosta y Albear. Y por fin,
en la guerra de 1895, realize la mayor y mejor explotada de sus
sorpresas, que nada ms que eso fue la invasion del mismo ao,
magna sorpresa para el alto mando espaol, que nunca crey
en ella. En cambio, cuando el sorprendido era l, raras veces,
porque en sus marchas y campamentos fu siempre modelo de
previsin, su primer movimiento instintivo, su defense, su reac-
cin inmediata, era la agresin instantnea. (Acordmonos del
Fuerte de Pelayo.) Tena Mximo Gmez en alto grado el valor
moral que defini Napolen, el de las dos de la madrugada, y
explicaba diciendo que era el valor de improviso y de lo impre-


[62]













visto. El escritor military Ardant Du Picq, analiza la sorpresa
en sus studios del combat y dice:
Cuando las armas son Iguales de una parte y otra, la nica ma-
nera de poner la suerte del lado de uno es sorprender; el hombre
sorprendido tiene necesidad de tiempo para ver claro y ponerse a
la defense; durante ese instant de la sorpresa es muerto, si no huye.
Generalmente, el adversario sorprendido no se defiende; trata de
huir. La sorpresa sola no es la guerra, pero es siempre uno de los
medios, aun hoy, el mejor.

Gmez, que seguramente no estudi al tratadista francs, sa-
ba todo esto tan bien como l, y de ah su devocin por esa mo-
dalidad del combat: la sorpresa. l poda hacerse acompaar
por cuantos hombres quisiera; era el general en jefe, y en esos
moments, muerto Mart, jefe superior del moviminto; pero pre-
firi slo esos veinte hombres para mejor desaparecer. Des-
pus de Dos Ros, nadie sabe nada de Gmez; los peridicos es-
paoles, los jefes de operaciones, lo screen muerto o gravemente
herido; durante tres semanas toma cuerpo este rumor, y no hay
ms para persuadirse de ello que recorrer la prensa de aquellos
das, las intervis publicadas con los jefes espaoles, con el ge-
neral Salcedo, por ejemplo. Risueas esperanzas sostienen a
Martnez Campos; son los ltimos fulgores de una estrella, feliz
hasta entonces, que apagaron para siempre, en Cuba, Gmez y
Maceo. Adems, los viejos jefes militares del Camagey no
quieren la guerra; menos un punto negro, el marqus de Santa
Luca, todo es confianza y tranquilidad. (Vanse las corres-
pondencias de peridicos y algunas cartas particulares, entire s-
tas ltimas, una del doctor Wenceslao Glvez a su to, publicadas
por el capitn Llaveras.)

MARTINEZ CAMPOS CUIDA DE CAMAGOEY
Martnez Campos, para mejor guardar la paz en su provin-
cia de Camagey, march para ella y lleva nuevos refuerzos.
Se install en Puerto Prncipe, y el da 17 de junio, de repen-
te, en medio de aquella idlica Arcadia, en sus barbas mismas,
irrumpe como un tifn el viejo caudillo, que destruye y toma a


[63 ]













Altagracia, cuyas ruinas humeantes y cuya guarnicin muerta
o dispersa muestran, al otro da, al Capitn General espaol
que aquel golpe que destruye sus ilusiones lleva la marca de
Gmez. Patente ya su resurreccin, trata de coordinar sus fuer-
zas y perseguirle; pero Gmez, como le es habitual, no le da
tiempo; dos das despus, grave noticia. El Mulato se ha
rendido con su guarnicin a Mximo Gmez; sale Martnez Cam-
pos para Nuevitas en demand de refuerzos, y antes de embar-
car lo despite Gmez dispersando a machetazos la guerrilla del
capitn Agero en "La Larga". Setenta guerrilleros prueban
el filo de los machetes camageyanos. (Boza.) Inmediatamen-
te despus otra mala nueva. El poblado de San Jernimo se
rinde tambin con su guarnicin a los alzados. De modo que en
resume y con cita de fechas: Da 5 de junio. Vadea Gmez el
Jobabo con algo ms de cien hombres. Da 10. Se une al gru-
po del Marqus de Santa Luca. Da 17. Asalta e incendia a Al-
tagracia, casi a la vista de la ciudad. Da 19. Rendicin de El
Mulato. Da 21. Macheteo de La Larga, y horas despus,
rendicin de San Jernimo. De ah march al Este, habiendo
descrito, como dice l mismo, un crculo en cuyo centro est la
capital.

SU NOMBRE ES UNA EPOPEYA
A las noticias de estas operaciones se estremece la comarca
camageyana, porque de todos los puntos de su horizonte surge
Mximo Gmez, "cuyo slo nombre es una epopeya", como dijo
el peridico El Criollo; porque es su nombre el agudo son del
clarn de Palo Seco y del Naranjo que viene a tocar llamada y
tropa ante los muros de la vetusta ciudad colonial; son las vie-
jas y descoloridas banderas de las Gusimas y la Sacra, que,
deshechas y temblorosas, entran tambin en la liza tremoladas
por la misma mano que las alz triunfantes en la dcada glorio-
sa; al conjuro de su voz, elctrico escalofro recorre a Cama-
gey, que se subleva entero y corre a former en las filas del
milagroso y viejo caudillo. La juventud toda, con su Marqus al
frente, los Snchez Agramonte, los Recio, los Boza, los Varo-


[64













na, los Vega, Silva y tantos otros, hasta los nios (Miguelito
Varona, ms tarde su ayudante, contaba entonces slo trece
aos de edad). Gmez, tranquilo, aprovecha su sorpresa, y or-
ganiza esa juventud, labor en que, just es decirlo, lo auxilian
el Marqus, al que encarga los asuntos civiles, y el doctor Euge-
nio Snchez Agramonte, en cuyas manos pone la Hacienda de la
Revolucin (3).
Martnez Campos describe en 8 de junio al Ministro de Ultra-
mar, Castellanos:
Desde que presum que Gmez poda ir a Oriente (debe decir
Occidente) no empec a mostrar mis temores? No deca que sera
como duplicar la fuerza de la guerra? O al menos dividir mis me-
dios? Tena esperanzas de evitarlo; pero afladia: si quiere pasar, pa-
sar y al hacer estas afirmaciones me fundaba en la experiencia que
tena de la otra guerra y en el conocimiento de los medios de Gmez.

En la misma carta y ms adelante:
Sin el pase de Gmez al Prncipe, que confess y confieso fu un
fracaso para mi, esos cinco batallones que he enviado al Prncipe,
otros cuatro a Las Villas, ms los diez escuadrones, los hubiera me-
tido en Bayamo y Santiago de Cuba, y sin tener que tender al Prncipe
y Las Villas, hubiera reducido tal vez a bandolerismo las partidas de
Oriente. No indicaba yo que la entrada de Gmez en el Prncipe
llamara a Snchez y Roloff a Las Villas?

Esto que expone el Capitn General espaol es ms elocuente
que todo lo que en loor de Gmez y su campaa inmortal pueda
decirse. Me he detenido algo en esta que se puede llamar pri-
mera fase de la invasion a Occidente, por la importancia que tu-
vo para la march future de la guerra.

GOMEZ ORDENA LA INVASION
Desde all, fechada en el Cascarn, a 30 de junio de 1895, y
en document que poseo de gran valor histrico y que exhibo a
ustedes, "ordena" Gmez de modo preciso a su Lugarteniente la

(3) Fu de tal importancia la invasion del Camagey por Gmez,
que Martnez Campos envi por cable su dimisin a Madrid, la que
no le fu aceptada por Cnovas.


(61]














invasion a Occidente y anticipa en sntesis la probable march
de los sucesos que despus subsiguieron. La important comuni-
cacin, copiada a la letra, dice as:

Cuartel del Ejrcito Libertador.-El Cascarn, Camagiley,

junio 30 de 1895.
Al Mayor General A. Maceo,
Jefe del Primer Cuerpo de Ejrcito.

General: La rapidez con que tengo que moverme en esta comarca
para aprovechar estos moments preciosos; la aglomeracin de asun-
tos que me rodean y, sobre todo, el ms important, el de organizacin,
no me dejan tiempo para narrar con todas las circunstancias difciles
mi march a esta comarca no sublevada, y escoltado por 20 hombres,
que dado lo dificil y peligroso de mi march, por dos veces se propu-
sieron abandonarme. Al fin, despus de burlar la persecucin del ene-
migo, que haba situado fuerzas considerable en todas las encruci-
jadas que sospechaba poda yo cruzar, logr pasar el Jobabo el da
5 y entr en la comarca camageyana ya con 100 hombres de parti-
das sueltas que se me iban incorporando a mi paso por la Jurisdiccin
de las Tunas. El mismo da, por una feliz coincidencia, levantaba la
bandera de la Repblica, acompaflado de 50 jvenes, el benemrito pa-
triota Salvador Cisneros. Cuatro das despus nos dbamos el abrazo
de compaeros Cisneros y yo. El enemigo, aturdido y dbil, no pudo
en aquel instant ni ha podido an siquiera perseguirme, y much
menos impedir la primera operacin que me propuse ejecutar. Des-
cribiendo un circulo por toda la comarca para levantar el espritu,
ataqu al pueblo de Altagracia en la lnea frrea, que fu reducido a
cenizas, y seguidamente, continuando por el Oeste, hemos tomado el
campamento del Mulato y pueblo de San Jernimo, que nos han dado
diez mil tiros y 100 armas con un rico botn; adems, 110 soldados per-
donados y devueltos a sus filas.
Hoy he cerrado el circulo adonde part para esta operacin y des-
pacho la fuerza auxiliar para que opere en Las Tunas. El enemigo
est a la defensive en la ciudad y el general Campos ha salido para
La Habana en reclamo de refuerzos. Mientras tanto, organize 500
jinetes y la comarca est respondiendo al reclamo de los libres.
Por esto, es urgente que usted prepare un contingent lo mds pronto
que pueda y con jefes escogidos y experimentados trate de incorpordr-
seme cuanto antes para que demos el golpe definitive en Occidente,


( 66]













donde se nos espera. En el mismo sentido escribo al general Masd
fefe del Segundo Cuerpo (4).
He dispuesto y protegido desde aqu los levantamientos de Las
Villas, y los valientes que all se han alzado esperan ansiosos que yo y
usted emprendamos la march para aquella comarca. Solamente em-
pujado por circunstancias fortuitas emprenderia la march sin esperar
su valioso concurso, y siempre ser mi propsito esperarlo para ase-
gurar el xito y compartir la gloria. Espero que me anticipe aviso,
as como me imponga de su situacin, pues aun no he recibido ningu-
na comunicacin de usted, aunque por la prensa enemiga me entero
de sus operaciones. Con Patria y Libertad,
El General en Jefe,
M. Gmes.:
P. D.-(De su pufo y letra). Mi querido amigo: No me deje a Josd.
Yo creo que usted puede dear al Oriente con guerrillas veniur con
el gran ejrcito de Alejandro Magno".

"SU INDISCUTIBLE SUPERIORIDAD"

La carta se comenta sola. Es perentoria y concluyente; est
fechada en 30 de junio de 1895, es decir, cuando la supreme
autoridad de los alzados en armas lo era slo Mximo Gmez,
general en jefe provisional por el voto de los jefes del 68, a la
cabeza de los cuales figuraba Antonio Maceo, que en acre co-
municacin que lleva el nmero 150 folio 85, primer libro del
archivo de Maceo, al Secretario de la Guerra, fechada en Con-
suegra en 19 de noviembre, dice:

Cuanto al mando supremo del Ejrcito que asume el Mayor Ge-
neral Mximo Gmez, no es para mi noticia nueva; yo ful el prime-
ro, en el destierro, en darle mis sufragios y acatar su autoridad,
porque reconoca como reconozco en l su indiscutible superioridad.

El Gobierno revolucionario no fu elegido ni tom posesin
sino el 19 de septiembre del 95, a las nueve de la maana, es de-

(4) Lo subrayado lo ha sido por mi, para indicar que en esas
palabras est el germen de la invasion a Occidente. No creo que en la
entrevista de La Mejorana, sobre la que tanto se ha fantaseado y
mentido, se tratara de la gran invasion aludida, y s de la de Camagtey,
en aquellos dias de mayo de 1895 todava en plena paz.


[67 ]













cir, tres meses despus de la orden terminante de Mximo Gmez
a sus dos tenientes Antonio Maceo y Bartolom Mas. Como ve-
mos, la version de que fu este movimiento de la iniciativa del
Gobierno revolucionario, se comprueba que es errnea. La or-
den estaba dada por quien poda darla, en document official y
recibida por Maceo tres meses antes del nacimiento del Gobierno
de la Revolucin. Este se encontr con ella vigente a su adve-
nimiento, y era natural, muy natural, que no se iba a oponer a
su cumplimiento; lgicamente la apoy, sobre todo, el Marque
de Santa Luca; pero ni siquiera la inspir, porque lo que aun
no existe nada puede inspirar.
Era necesario pasar a Las Villas para disponer y organizer
el contingent con que esta region, donde pululaban las partidas
insurrectas, iba a contribuir a la invasion; pero adems quera
Mximo Gmez, siempre previsor, anticiparse a la entrada en es-
cena de los veintids batallones peninsulares, quinta expedicin
de tropas espaolas pblicamente anunciada en todos los pe-
ridicos, y que seguramente usara Martnez Campos en Las Vi-
llas. Ansioso, pues, en adelantarse a su adversario, que iba en
breve a disponer de tan eficaz refuerzo, dice en 12 de agosto
del 95 a su Lugarteniente, en comunicacin fechada en Najasa,
y que muestro a ustedes:
El enemigo seguramente reforzar las fuerzas suyas en Las Vi-
llas y no debe drsele tiempo a que se enseoree de aquel territorio.
Pienso antes de poco marchar para allL Aunque estamos escasos de
jefes experimentados, ya he enseado un poco a defenders y ofen-
der a los que dejar aqu, y no ser muy necesaria mi presencia en
esta comarca.

CRUZA GOMEZ LA TROCHA
Detenido por las demoras en la constitucin del Gobierno,
que no se hizo sino en 19 de septiembre, cruz Gmez la trocha
military el 30 de octubre, no slo a los objetos expuestos, sino
tambin para llamar con fines estratgicos la atencin de los es-
paoles sobre s y facilitar la march a Maceo, al que dice en 21
de noviembre:


[68]














Me extrafia que usted, cuyo carcter tengo bien conocido, no haya
procedido con un poco ms de energia haciendo cumplir mis rdenes.
Mi presencia en esta comarca ha obligado al enemigo a concen-
trarse, mientras que yo, por mi parte, me he concretado a los movi-
mientos que lo obliguen a mantenerse en esa actitud, a la vez que
conservo enteras nuestras fuerzas para proteger, como lo estoy hacien-
do, el advance de usted. He logrado botar al Oeste del Zaza ms de 4,000
espaoles que esperaban batirme en la zona de Ciego de Avila; despus
de dejarlos entretenidos por all, cala sobre su retaguardia, tomndoles
el campamento de Pelayo.

Ms tarde, fechada en Primer Hoyo, el 29 de noviembre,
deca:
Como es probable que esta comunicacin lo encuentre en march,
procure continuarla por el rumbo mismo en que yo la hice, consul-
tndose con prcticos como el comandante Tranquilino Cervantes;
siguiendo ese itinerario; ya yo s por dnde debo salirle al encuentro.

Del histrico Baragu emprende march la column que se
llam invasora el da 22 de octubre del 95, y es sta tambin la
oportunidad de rectificar un error que frecuentemente se co-
mete al resear este movimiento. La invasion, tomando el valor
military que tiene el trmino como operacin de guerra, "con-
siste en irrumpir en pas enemigo o extranjero en hostilidad or-
denada y con movimientos estratgicos para saquear o poseer".
(Diccionario Militar, Nicols Estvanez.)
No fueron las comarcas de Oriente y Camagiey, donde los
que en realidad imperaban eran los insurrectos, donde resida pa-
triareal su gobierno, sus organizaciones civiles funcionaban con
toda seguridad, donde numerosas families, aun las ms aco-
modadas, moraban sin molestia alguna, y donde, en fin, estaban
los espaoles a la defensive, puesto que haban trasladado el peso
de las operaciones militares a Las Villas; no era no, Oriente,
pas extranjero para las huestes cubanas, que marchaban por
territorio en que tenan sus armas dominio, y s Occidente, pas
enemigo, extranjero, y eso es tan exacto, que en documents de
la poca se la denomina invasion a Occidente y no invasion a
Las Villas.


( 69]














EMPEZ EN LAS VILLAS OCCIDENTALES
La comarca a invadir empezaba en Matanzas, o cuando ms,
en Las Villas occidentales, y si es exacto que la column comple-
tada en Mala Noche era invasora por su funcin ulterior, sta, es
decir, la invasion propiamente dicha, no empez hasta que, unida
con la otra column invasora, la que prepare y organize Gmez
en Las Villas, emprendi junto con ella su march a Occidente;
por cierto que mayor contingent aportaron a su formacin de-
finitiva los villareos que los orientales, hecho que generalmente
tampoco se resea. Formaron en ella, con sus fuerzas: Serafn
Snchez, Pedro Daz, Basilio Guerra, Jos Loreto Cepero, Juan
Bruno Zayas, Roberto Bermdez, Cayito Alvarez, Antonio y
Vicente Nez, Joaqun Rodrguez, Pancho Prez y otros, a los
que hay que aadir la escolta del general en jefe, integrada
por hombres del Camagey (alrededor de cien hombres), y ms
tarde, las fuerzas de Matanzas.
El 29 de noviembre, en Lzaro Lpez, se encuentran, al fin,
Mximo Gmez y su Lugarteniente, "abrazndose los dos caudi-
llos en medio de las exclamaciones ms expresivas de entusiasmo
en que prorrumpieron las dos tropas fraternalmente confundi-
das en aquel abrazo que simbolizaba tantas cosas." (Mir.) All
se vean por primera vez unidos los montaeses de Guantnamo
y los montunos de Manzanillo y Bayamo con los hijos de Sancti
Spritus y Trinidad.

LLEGAREMOS HASTA LOS CONFINES
DE OCCIDENTE!
El 30 de noviembre, a las siete de la maana, antes de em-
prender la march, "Gmez se adelanta a caballo, impone silen-
cio con un ademn y saluda al Ejrcito Libertador en una aren-
ga cuyos acentos penetran en todos los corazones como agudos
toques de clarn" (Mir). He aqu la marcial alocucin del he-
roico anciano a sus huestes:
En estas filas, que veo tan nutridas, la muerte abrir grandes cla-
ros. No os esperan recompensas, .sino sufrimientos y trabajos. El ene-
migo es fuerte y tenaz. El da que no haya combat ser un da per-


[70]















dido o mal empleado. El triunfo slo puede obtenerse derramando mu-
cha sangre. Soldados! No os espante la destruccin del pas, no os
extrae la muerte en el campo de batalla; espantaos, si, ante la ho-
rrible idea del porvenir de Cuba si por casualidad llega Espaa a ven-
cer en esta contienda. Los manes de tantas victims inmoladas os
exhortan a que luchis con decision y vigor para que la rapidez del
triunfo no d ocasin a levantar nuevos cadalsos. Poco se ha hecho has-
ta ahora, poco hemos andado, no estamos an en Las Villas, donde nos
esperan las grandes peleas. Esta guerra no registra ms que dos
acontecimientos notables: la accin de Peralejo y la expedicin del Ge-
neral Roloff. Espaa manda para combatirnos al ms expert de sus
generals. Y bien, con eso demuestra nuestra pujanza, porque em-
pieza ahora por donde acab la otra vez. Yo le auguro a Martnez Cam-
pos un fracaso cabal, que empez para l en la sabana de Peralejo;
pronstico que se habr de cumplir al llegar los invasores a las puer-
tas de La Habana con la bandera victoriosa, entire el humo del in-
cendio y el estrpito de la fusilera. Soldados! Llegaremos hasta
los confines de Occidente, hasta donde haya tierra espaola! (Recogi-
da por el general Mir).

"BUSCANDO FRENTE LIMPIO"

Nombra el Generalsimo, que haba dejado a su jefe de Esta-
do Mayor general Vega en Camagey, a Antonio Maceo jefe
del Cuarto y Quinto Cuerpos y le da la direccin de la column
expedicionaria y lo anexo a organizacin, orden internal, etc.
(Mir.)
Y en su lacnico y pintoresco lxico mambi, sefiala el plan
que se ha de seguir y que resume la estrategia de su march:
"No importa retaguardia o flanco sucio, buscando frente lim-
pio. "
Elijo la mayor parte de las citas que incluyo aqu de las
Crnicas de la Guerra, del general Mir, Jefe de Estado Mayor
de Maceo, y cuyo testimonio tiene ese valor.

19 de Diciembre.-Combate, o mejor, escaramuza con Surez
Valds, en cuya column iba como agregado el official ingls que
es hoy Lord Churchill. Dice Mir:

Muy conocedor el General Gmez de aquella comarca desde la
otra guerra y al corriente de la manera de operar de Surez Valds,


[71]














encamin nuestra column hacia Trilladeritas, campamento que dej
el adversario al dirigirse al nuestro en La Reforma, convencido de
que para el general espaol era suficiente victoria la ocupacin de
Rio Grande. De resultar comprobada la prediccin de nuestro caudillo
nos hallaramos al da siguiente en Las Villas, sin ser hostilizados por
la column de Surez Valds.

Augurio del viejo estratega que exactamente se cumpli.

GOMEZ ORDENA A MACEO

3 de Diciembre.-Iguar (Mir):
Iba a vanguardia con la caballera de Sancti Spiritus el General
Gmez... Fu avisado por un campesino de que haba pernoctado all
una column espaflola y que retornaba a Sancti Spiritus hallndose
en march en esos moments, que llevaba muchas acmilas. Gmez en-
vi un yudante a Maceo, que se encontraba en el vado del rio, para
decirle que no quera desperdiciar la ocasin de batir aquella co-
lumna, situando las fuerzas a vanguardia por el frente...

(Boza):
En estos moments se entrevistan nuestros dos grandes jefes;
aquellos dos soldados batalladores, el viejo blanco y el mulato joven, el
uno por el frente y flanco izquierdo, el otro por el flanco izquierdo.
atacan al enemigo.

5 de Diciembre.-Se separa el Gobierno y march para
Oriente.
9 de Diciembre.-Casa de Teja (Mir):
Al cruzar por Fomento queda Maceo en observacin y con las
fuerzas de retaguardia. Fuego a vanguardia en Casa de Teja, y avi-
sado el General Gmez por un official, retrocede con la escolta y dos
escuadrones y ya con este medio la resistencia toma otro carcter..

11 y 13 de Diciembre.-Manicaragua (Mir):
Maceo con su escolta y Regimiento Cspedes, contiene el advance
de la column espaola.

12 de Diciembre.-El Quirro (Boza):
El General en Jefe emprende march por caminos malisimos y
estrechos con el grueso de las fuerzas. El Lugarteniente queda a
retaguardia conteniendo al enemigo.


(72]













15 de Diciembre.-Nadie como Gmez, profundo conocedor
de la psicologa del combat y de la guerra, sabia el aserto del
tratadista military que dijo:
El arte de la guerra sufre numerosas modificaciones en relacin
con los progress industriales y cientificos. Pero hay una cosa que
no cambia Jams, y esa es el corazn del hombre, siendo en ltimo
trmino el combat un asunto de moral.

ORIGEN DE MAL TIEMPO
Nadie mejor que l conoca los miserables medios en hom-
bres y elements de guerra con que iba a emprender, contra
ciento ochenta mil (5) soldados de Martnez Campos, la tarea de
atravesar, en lucha constant, doscientas leguas de comarca ene-
miga. No tena, frente al valor nunca desmentido de la infan-
tera espaola, frente a los caones modernos, fusiles de repe-
ticin, barcos, ferrocarriles, telgrafos y el dinero en profusin
de que dispona Martnez Campos; no tena ms, para acome-
ter esta empresa, que su audaz e incomparable genio military y
el inmenso corazn de su segundo: Maceo. Con ellos solos entra-
ba en la liza y quera encubrir o camouflear su pobreza con
un golpe que hiciera tambalear de entrada a su adversario y
pusiera circunspeccin prudent en las columns espaolas y
exaltara el nimo de los suyos. Este fu el origen de Mal Tiempo.
Gmez tambin sabia, y lo demostr en sus trece aos de
diario combat contra los jefes espaoles, que la mejor defense
es la agresin, y es por eso que jams inici una operacin, una
campaa, sin preludiarla con golpes brillantes, de los que tan de-
voto era. En su invasion a Guantnamo fu La Indiana, la
heroica y terrible Indiana, el primer nudo que quiso cortar.
En Camagey, Nuevitas y Santa Cruz del Sur prologan a Palo
Seco. En la invasion del 75 elige el fortificado campamento
del Jbaro para iniciar sus operaciones. Hemos reseado sus
rapidsimos golpes en el Prncipe durante esta guerra, y como
fu siempre sta su psicologa de soldado, de ah su deseo de ani-

(5) Entre soldados, guerrilleros y voluntarioL


[73]














quilar y destruir una column espaola como introito de la in-
vasin, deseo que patentiz en todos aquellos moments que le
parecieron favorables a ese objeto. De ah su orden a Maceo en
Iguar de irle arriba a la column de Segura; la proximidad del
poblado donde se refugi y la pericia con que el coronel espaol
hizo su retirada bajo la proteccin de los fuertes, frustraron este
propsito.

GRAN SOLDADO DE CABALLERIA
El fugaz moment que ansioso espiaba su heroico espritu se
present, al fin, en la maana del 15 de diciembre, ya en Las
Villas occidentales, en el famoso campo de Mal Tiempo. Mal
Tiempo, Palo Seco del 95, tpico combat de caballera al modo
de Gmez, arma en cuyo manejo no tuvo entire nosotros rival,
nica accin de esta ltima guerra en que los cubanos acu-
chillaron y dispersaron, a pesar del maser, una de las colum-
nas de infantera de lnea espaola, tan difciles de desmora-
lizar.
La tropa cubana marchaba muy temprano, con Maceo a
vanguardia, Gmez en el centro y Serafn Snchez a retaguar-
dia. Haba colocado Gmez en la extrema vanguardia, en la
descubierta, a Jos Loreto Cepero, que con nfasis le pidi ese
puesto, entusiasmo que el sagaz caudillo, que husmeaba ya los
acontecimientos, quiso aprovechar para sus planes. Al cruzar
junto al ingenio "Teresa", fortificado y guarnecido, condujeron
hasta Gmez los flanqueadores mambises a dos campesinos-dos
mulaticos--que traan informes de inters. Gmez, que iba entire
Serafn Snchez y Eugenio Snchez Agramonte, se aparta, los
interroga, ordena que los retengan en la impedimenta hasta nue-
va orden, y de sbito, enderezndose sobre los estribos, grita con
aquella voz peculiar suya y que nunca olvidarn los que tuvieron
la fortune de orla: " Un ayudante al general Maceo, que acorte
la marcha" Y en seguida a Serafn Snchez: " Vamos a ver lo
que pasa en la descubierta! Ordenes a dos escuadrones que si-
gan a mi escolta! I Ayudante Benjamn: a Boza y plana mayor
que me sigan!" Por sus informes, a poca distancia, a su encuen-


(74]














tro marchaba una fuerza espaola. En ese instant lo dedujo to-
do y combine su plan. Se echa fuera de las filas de la larga co-
lumna mambisa, por la derecha; pone su caballo al trote, recorre
a ese aire toda su longitud hasta alcanzar a Maceo, con el que
conferencia breves moments, y da entonces personalmente orden
a Cepero, que no cumpli, de sin disparar un tiro cargar a la co-
lumna espaola; su desobediencia le cost ser destituido y deser-
tar. Estos detalles explican por qu Gmez, que marchaba en el
centro, es el primero en derribar con su caballo las filas espa-
olas, y Maceo, el impetuoso, el primero siempre, tuvo que aguar-
dar unos instantes para que echaran abajo una cerca de alambres
que le cerraba el paso, instantes que bastaron a Gmez para ade-
lantarse a su Lugarteniente y entrar el primero dentro de las
filas espaolas.
Las relaciones de los testigos todas estn acordes hasta en los
detalles, lo que es cosa rara: Mir, Boza, Serafn Snchez, Loy-
naz del Castillo, Eugenio Snchez Agramonte, Miguel Varona,
Leopoldo Calvo, etc., etc.

GOMEZ, PRIMERO EN LA CARGA

He aqu la sincera y honrada relacin de Snchez Agramon-
te, que marchaba a su derecha, hasta que tuvo, en cumplimiento
de su misin de mdico, que acudir a prestar sus auxilios al
ayudante Feria, primer herido de bala al lado del General en
Jefe:
Escasamente hablan transcurrido treinta minutes desde que deja-
mos por detrs al valiente general Maceo cuando se oyen por nuestro
frente y algo a la derecha repetidas descargas de fusilera y tiros
sueltos por el lado opuesto, que indican claramente las posiciones del
enemigo y las de nuestra fuerza de descubierta.
Una caflada con su alta barranca del lado opuesto impide que vea-
mos la escena, pero este ligero obstculo es vencido por el vuelo de
los caballos, y sobre la meseta se extiende a nuestra vista una lla-
nura bastante amplia, y a la derecha, como a unos trescientos metros,
en una ancha guardarraya, rompiendo la monotona del verde de las
caflas, se advierten las manchas azules de los uniforms de rayadillo
del ejrcito espaoL Forman cuadro, rodilla en tierra, haciendo fuego


[75]














con descargas cerradas. El clarn del General en Jefe recibe la orden
de toque a degello!, y al grito de al machete y viva Cuba librel,
dado por cientos de voces, parten como un rayo los Jinetes sobre los
cuadros... Los hombres, el cuerpo inclinado hacia delante, siguiendo
como un torbellino al invicto general Gmez, que, clavado y tieso en su
montura, ms pareca un centauro que un ser humana

Loynaz del Castillo:

El general Snchez, con el Estado Mayor y las fuerzas villareflas,
carg con los ms prximos, pero cuando llegamos a las bayonetas,
ya el general Gmez entraba adelantndose algunas varas con sus
ayudantes y brava escolta, el primero en la carga, el primero en blandir
sobre aquellos duros crneos su corvo acero. All le vieron los dig-
nos, ejemplo arrebatador, destacando su marcial figure como un reto a
la muerte entire una aureola de fuego, general entire los heroes.

(Mir) :
Al mismo tiempo lo efecta Gmez con su escolta de camagileya-
nos, tres escuadrones de Mart, Garca y Gua. l, delante de la tropa,
tieso, clavado en la montura, blandiendo el alfanje que usa... Por
los flancos la carnicera ha sido tremenda. Gmez, brioso y enarde-
cido como en Palo Seco, ha roto el ms fuerte ncleo de los espaAoles
siendo el primero en abrir boquete.

GOMEZ: DOS CABALLOS MUERTOS

Cuando Gmez cae como una tromba entire los soldados es-
paoles, se desploma su caballo, mortalmente herido de tres ba-
lazos, y su sombrero es atravesado por un cuarto proyectil. El
fiel Boza le da su caballo, que a su vez cae tambin herido, y al
fin, monta el General, mientras le traen uno de los suyos, en el
que le ofrece el soldado de su escolta Avelino Loynaz. Sobre s-
te, y cuando empieza el ojeo entire las caas y la matanza al de-
talle, el General, erecto sobre sus estribos, cruza frente al Lugar-
teniente y su Estado Mayor, enjugando sobre el cuello de su ca-
ballo, y antes de volverlo a la vaina, su machete teido en san-
gre. Maceo se inclina hacia Mir y le dice: "&Usted cree que es-
t bien eso que el Viejo ha hecho T Para qu estamos nosotros
aqu?T No lo han matado de milagro!" Este episodio que tex-


[176]













tualmente transcribo, me fu relatado varias veces por el general
Mir.
Gmez estuvo inspiradsimo, genial; adivin, entire los in-
formes de los dos mulaticos, los detalles todos que necesitaba para
su operacin y fulmneo, orden en ese instant la accin. Quiso
tambin dar el ejemplo, arrastrar sus hombres tras l, y por
eso es que entire todos ellos, agachados sobre el cuello de sus caba-
llos, instintiva posicin de quien avanza arrostrando las balas, se
destaca 1l solo, derecho sobre la silla, para que de todos lados lo
vean y como a lbaro milagroso lo sigan. l saba cmo se lleva
los hombres a la muerte, con el ejemplo; por eso dijo a Serafn
Snchez: "Si usted tomaba por mi orden trincheras, es porque
saba que yo tambin las haba tomado."
Terminada esta primera fase del combat, sigue Maceo a van-
guardia rechazando la column espaola que por all se mostr,
y contina despus la march, mientras del ingenio "Teresa" sa-
le en un tren otra column espaola (batalln de Barbastro), y
dice Loynaz del Castillo:
All cae como el rayo de la guerra el general Gmez; queda
dueo del tren al que abandonan los refuerzos que se retiran al
Ingenio y el tren lo entrega Gmez a las llamas.

(Boza) :
A las cuatro de la tarde despus de la destruccin del tren y
retirada de la column espaola, cuando creamos todos que el Ge-
neral en jefe emprendera march para ir a descansar y reunirse al
Lugarteniente, nos vuelve a llevar a practicar reconocimientos al pri-
mer lugar de la accin... Al fin, el viejo de hierro nos ordena marchar
por el rastro del general Maceo, a cuyo campamento llegamos a las
diez de la noche.

EJEMPLAR EXTRAORDINARIO
En la raza humana surgeon de tiempo en tiempo ejemplares
extraordinarios, personalidades que son verdaderos milagros de
organizacin y de energa nerviosa; actors de cosas increbles;
ellos son los grandes hombres. Francisco de Pizarro, a los sesen-
titrs aos, y antes de morir a manos de los catorce conjurados


(77]












que le atacaban, da muerte a tres de ellos. Gmez, en Mal Tiem-
po, diecisis horas a caballo, sin probar ms que una taza de caf,
con el tremendo consumo moral y fsico del combat, a sus se-
senta aos, desmiente todas las leyes naturales y se coloca, por
el milagro de su frrea voluntad, por encima de ellas. Deben
los soldados de todas parties, reverentes y admirados, descubrirse
ante Gmez.
El combat de Mal Tiempo caus sensacin no slo aqu en
Cuba, donde tuvo resonancia enorme, sino tambin en Espa-
a. Los batallones de Canarias y parte de Bailn, despedazados;
la bandera de Canarias, tomada, la combinacin de Martnez
Campos, un complete fracaso: tal fu aquel combat.
En la Pennsula se explic el desastre, lo que es de todo pun-
to falso, imaginando que los soldados espaoles desconocan el
manejo del maser, y Salmern dijo: "Ocurrieron escenas co-
mo la accin de Mal Tiempo, en que varias compaas fueron
macheteadas por no saber cargar los ma'sers despus de haber
disparado los cinco tiros."
Uno de los actors, Jos Loreto Cepero, moments despus, y
tomando cerveza en la bodega de Mal Tiempo, segn refiere el
corresponsal del peridico La Lucha, sofocado an del com-
bate deca: "Los espaoles son muy calientes, pero nosotros tam-
bin sabemos pelear", expresin del orgullo y confianza que el
combat despert en los cubanos.
Los mambises, en el arrebato embriagador de aquel da de
triunfo, se lanzan despus ciegos detrs de aquellos dos hombres
excelsos, el uno la leyenda del xito y el acierto, el otro la del
valor incontrastable; y exaltados por la fe milagrosa que le-
vanta montaas, a todo se atreven. Mal Tiempo fue el xito de la
invasion. Oblig a Martnez Campos a reconcentrar sus colum-
nas y a no volver a subdividirlas ms; impuso respeto a stas,
que de all en adelante adoptan toda clase de precauciones y exa-
geran su prudencia antes de abordar a Gmez y Maceo. En
Mal Tiempo el viejo Gmez, seores, se excedi en su legenda-
ria reputacin como jefe de la caballera mambisa.


[78]













"SU MACHETE, JALON INFLEXIBLE"


20 de Diciembre.-"La Colmena". (Mir):
Al acampar, llega al frente de las fuerzas de Matanzas, Pancho Prez,
trayendo la noticia de que no estaban lejos los espafloles. Al disponer
Maceo que la infantera fuera a su encuentro, vivo tiroteo en las
avanzadas. El general Gmez, recorriendo la lnea de formacin, dijo
imperativamente que slo se hara uso del arma blanca... Agachados
los jinetes sobre las monturas, con los sombreros quitados, el ojo avi-
zor y el acero desnudo. Eran dos alas formidable; el caballo blanco
de Maceo serva de punto de mira a una de ellas y el machete de
Mximo Gmez era el Jaln inflexible que alineaba la otra.

La column espaola, -pequefa, 500 hombres-, que record
a Mal Tiempo, se retira.

21 de diciembre.-Marcha por la noche, y al atravesar la l-
nea frrea de Coln a Crdenas, la column se divide por error
del rastro en dos trozos, siguiendo la mayor parte con Maceo y la
otra con Gmez.

(Mir) :

El contratiempo no era, sin embargo, alarmante, dado que al
frente de las fuerzas equivocadas estaba el General Gmez. La colum-
na de Maceo era ms consistent que la dirigida por Gmez, pues el
efectivo armado de la que segn el General en Jefe no llegaba a se-
tecientos hombres, y en cambio, era mayor su impedimenta, as como
el nmero de heridos graves, algunos en camillas, circunstancia que
aumentaba las dificultades y peligros de la marcha... Si la opera-
cin de Maceo fu atrevida y peligrosa, la realizada por Gmez me-
rece el concept de osada y arriesgadisima. Maceo, remontando al
Norte, se sita al Oeste de Jovellanos, cuartel general de Martnez
Campos. Gmez se dirige al Sur, cruza la va frrea de Coln a Jove-
llanos y entra en El Roque para orientarse sobre su rumbo future.

EL RASTRO DE LA CANDELA

Fu en este lugar donde dijo Mximo Gmez al alcalde de la
localidad: "Dgale a Martnez Campos que si quiere saber mi
rumbo que me siga por el rastro de la candela... "


[79]













(Mir) :
Maceo se dirige entire Tosca y Mdan, moments en que Martines
Campos sala de Jovellanos, y Gmez por su parte emprende march
forzada por el camino ms recto, pero no el menos peligroso puesto
que en su travesa cubre uno de los flancos de Maceo, sin saberlo
ste, y poda ser flanqueado por Martnez Campos.

Se unen las dos columns, a las doce del da, y dice Boza,
rudo soldado:
Nos hace derramar lgrimas el prolongado y carioso abrazo que
se dan el General en Jefe y su Lugarteniente, que por dos veces se
sueltan y vuelven a estrecharse en ese lazo que nada ni nadie podr
romper, pues estos dos hombres se completan y la aureola de gloria
de uno no hace palidecer en lo ms mnimo la del otro.
Coliseo.-El General en Jefe enva al ayudante Cruz Olivera con la
orden al Lugarteniente para aceptar el combat, etc., etc., En estos
moments llega el Lugarteniente, habla al odo del General en Jefe y
ste hace signos de aprobacin. (Boza.)

Despus de Coliseo, dentro de aquella densa red de ferroca-
rriles (sealada con agudo juicio crtico por Reina), se supo
con seguridad por Gmez y Maceo, o al menos presumieron, que
un cordn de columns espaolas los esperara en la lnea frrea
de Unin, como as sucedi, y embarazados por la impedimen-
ta de sus heridos, surgi all la famosa contramarcha hacia Cien-
fuegos, que asegur el xito de la operacin aplazada. Este ma-
gistral movimiento es el que con gran acierto denomin el tenien-
te Reina el "lazo de la invasion". Fue decidido con tal sigilo
entire los dos caudillos, que ni aun su jefe de Estado Mayor lo
conoca, y vino a ser percibido por sus huestes cuando a la inver-
sa de la ruta trazada por Gmez a Vicente Nfiez, prctico ma-
yor, en su lacnica orden: "Por la maana, el sol de frente,
por la tarde, a la espalda", ven con alegra que ste sale a sus
espaldas; pero el 27 y cerca de Yaguaramas, vuelta otra vez
a Occidente.


[ 80]













EL REY DE LA CONTRAMARCHA


Quin de los dos caudillos, en las conferencias que celebra-
ron, preliminares a todo plan, y como era en ellos habitual, y a
las qud nadie asista; quin ide esta famosa contramarcha que
lleg hasta cerca de Yaguaramas? Nada sabemos; pero el anlisis
del temperament military de ambos, de su habitual estrategia, de
la conduct que siempre observaron ante el enemigo, Maceo
que le iba siempre arriba, que arremete contra el obstculo con
todo su mpetu para romperlo (expedicin de Rius Rivera) y
abrirse paso; Gmez, que, al contrario, lo eluda, que fu el rey
de las contramarchas, su movimiento favorite, su habitual estra-
tegia; todo esto nos induce a pensar con fundamento que el que
debi sugerir al heroico Maceo ese movimiento, tan fecundo para
el xito future del plan de los dos soldados, fu su sagaz y viejo
maestro.
Despus, Triunfana, sangriento combat en que dejan atrs
las columns espaolas y entran por segunda vez los caudillos
cubanos en las provincias de Matanzas y La Habana, por el Sur.

LA COLUMN DE FUEGO

Desde aqu fu la march de los invasores tan feliz y desem-
barazada, que desde cerca de Coln hasta Alquzar la trayectoria
de su march es la recta, ligeramente ondulada, que une esos
dos puntos. Los mambises atraviesan estas dos provincias como
la column de fuego que guiaba a los israelitas en el desierto;
fu su march un meteoro de humo y de llamas que se extenda
a varias leguas, e inmutable avanzaba hacia Occidente al paso
de los invasores, con la fatalidad de un fenmeno celeste, redu-
ciendo a cenizas todas las riquezas de ambas provincias, que
eran los ingenios en plena molienda; plan que, impuesto por G6-
mez, aterr y desmoraliz al alto mando espaol.
El da 6 de enero de 1896 se acampa en Ceiba del Agua, y
dice Boza: "Por primera vez he visto al General en Jefe re-


[81]














prender, y de un modo violent, al Lugarteniente General" (6).
Consigno este incident para subrayar la subordinacin nunca
desmentida de Maceo a su maestro y jefe, al par que la admiracin
que en todos moments patentiz por l. Mucha y muy grande
tena que ser su admiracin y respeto por aquel hombre para
aceptar la agria reprensin.

CUIDANDO LA PUERTA
El 7 de enero, en Hoyo Colorado, llega muy temprano el Lu-
garteniente con parte de su Estado Mayor a conferenciar con el
General en Jefe, y fu en esta entrevista cuando Gmez dijo
a Maceo textualmente (Snchez Agramonte): "Es necesario
que uno de los dos se quede cuidando la puerta. Vaya usted,
como hablamos anoche, por el Norte de Pinar del Ro, que yo
me dirijo por el Sur de La Habana, para llamar la atencin del
enemigo y facilitar su advance El ostentoso movimiento de G6-
mez enga tanto y tan bien a Martnez Campos y sus tenien-
tes, que el combat de Ceiba del Agua con Gmez, en el mismo
da fue reportado al Estado Mayor espaol por los generals
Surez Valds y Garca Navarro como tenido contra Maceo.
Telegrafa Martnez Campos a Madrid el mismo da: "Noticias
contradictorias sobre grueso enemigo me hacen desistir advance
sobre Pinar. Las tengo dispuestas para ir donde convenga."
Dice el general Mir que slo el da 10 supo Martnez
Campos la invasion de Maceo a Vueltabajo, de modo que al lan-
zar sus columns sobre las huellas del Lugarteniente, ste tena
cuatro marchas de advance sobre ellas.
Ya definitivamente orientado el alto mando espaol divide
sus columns en operaciones, y destina cuatro para perseguir
a Maceo en Vueltabajo y seis contra Gmez en La Habana, y
las cuales se elevaron das despus, cuando asume el mando el
general Marn, a seis columns sobre Maceo (Echage, Arizn,
Garca Navarro, Luque, Canellas y Snchez Hechavarra), y

(6) Mximo Gmez termin su reprensin con el ap6strofe: "Hasta
el general Maceo le tiene miedo a los espaoles?" (Bdnches Agramonte).


[ 82]













contra Gmez siete, y ms tarde ocho (Aldecoa, Cornell, Galbis,
Linares, Tort, Prats, Macn y una column de ocho escuadro-
nes de caballera trados de Las Villas, a las rdenes del general
Marn). De modo que asignando a estas columns una cifra de
mil quinientos hombres, clculos seguramente muy por debajo
de la realidad, el Capitn General espaol dispuso, para ope-
rar contra los dos jefes cubanos, a mediados de enero, de ms
de veinte mil hombres. Adems, para esa fecha se encontraban
ya casi todos los poblados de la provincia de La Habana guar-
necidos por destacamentos de tropas. Dividi Marn sus colum-
nas, destinando contra Maceo, en Vueltabajo, prximamente
la mitad, y un poco ms de la otra mitad contra Gmez en La
Habana. (Estn tomados estos datos de las noticias remitidas por
el Segundo Cabo a Weyler.) La simple consideracin de ellos
demuestra el acierto de Gmez al quedar "cuidando la puerta"
y la importancia que .naturalmente di el Estado Mayor espa-
ol a la provincia de La Habana, entonces la ms rica y pobla-
da y sitio de la capital, a la que en sus correras amagaba Gmez.
Pudo Maceo con desembarazo proseguir su gloriosa march
hasta Mantua, no tropezando (y eso porque fu l mismo a bus-
carla) ms que con la pequea column espaola de Las Tairo-
nas, el 18 de enero, es decir, once das despus de separarse de
Gmez y no ver columns espaolas en su camino hasta enton-
ces; de ah en adelante los encuentros que tuvo, Paso Real y
Consolacin, pudieron ser eludidos fcilmente, pero su espritu
intrpido le hizo operar ofensivamente. (Mir.)

CAMPAA ESTUPENDA
Al separarse Gmez de su Lugarteniente, realize, durante
los cuarentitrs das en que, aguardando su vuelta, permanece
sin salir de la provincia de La Habana, la campaa ms estupen-
da y extraordinaria de todas las que en su brillante y larga vida
military, siempre con xito, llev a cabo. Con una column que
aunque Boza, al separarse ambos capitanes, estima en dos mil
trescientos hombres, de los cuales estaban ochocientos desar-
mados, impedimenta, y ms de trescientos de infantera, yo, que


[83]













varias veces la vi en sus marchas y campamentos pude apre-
ciar que este nmero a diario creca por la nube de nuevos in-
corporados, sin contar adems con las fuerzas locales recin su-
blevadas de Adolfo Castillo, Aurelio Collazo, Alberto Rodrguez,
Rafael de Crdenas, Cristbal Prez, Los Cuervo, Juan Delga-
do y otros ms que se unen a cada moment al viejo caudillo,
buscando la proteccin de su brazo poderoso.
En esta nuestra provincia, densamente poblada, con slo nue-
ve o diez leguas de costa a costa, sin bosques y sin montaas
de relieve, surcada por ferrocarriles (los actuales), unidas sus
poblaciones todas por telgrafo y telfono y guarnecidas a poco
de tropa regular, hondamente arraigada en ella el espritu de la
Metrpoli y sus intereses, demostr Gmez que era el mismo
maravilloso estratega de la dcada famosa, y que de igual modo
bata y burlaba las columns espaolas al frente de un puado
de'hombres en los vastos y desiertos potreros de Sancti Spritus,
como operando con dos mil y a las puertas de La Habana, pese
al enjambre de soldados enemigos que tena encima y al ddalo
de vas frreas. Y todo esto, seores, no durante un da ni dos,
sino mes y medio! Mes y medio, durante el cual no sali G6-
mez del pequeo, llano y despejado territorio que existe entree
Alquzar y Quivicn, cuatro leguas apenas.
Surez Valds, Segundo Cabo, dice, en 6 de febrero, en ca-
blegrama a Weyler en Puerto Rico: "General Segundo Cabo in-
terino a General en Jefe: Contra Gmez operan las columns
siguientes: Aldecoa, centro en Pozo Redondo. Cornell en San
Felipe. Prats en lmite de provincias. Galbis en Quivicn y Lina-
res y Tort, afiadiendo ocho escuadrones y una batera ligera de
cuatro piezas, con el general Marn. Todos estos movimientos
son para estrechar a Gmez, que se mueve hace.muchos das en
una pequea zona entire Alquzar y Quivicn, eludiendo a nues-
tra fuerza." Todo esto que seala el Segundo Cabo espaol
ocurri el 6 de febrero, es decir, ms de un mes despus de la
entrada de Gmez en La Habana.


(84]








HABANA.


~1


Lu;sa.


TeresS.


Ma.sCA4,q~o 'rs/a del Cw,'oaL-
d o'me. en la. Prow'11c4~ de La H"abcacm.~~.
otee o-Ccudes


Movimientos de Gmez durante los 43 das en que march por la provincia de la Habana separado de Maceo.
Ampliado del diagrama publicado por el Dr. J. Garefa Enseflat; aunque con algunos errors, de poca importancia.












NO SABEN QU HACER
Vuelve materialmente loco al alto mando espaol, que no sa-
be lo que ha de hacer y trae para perseguirlo en vano casi toda
la caballera que tiene en Las Villas, sin que un solo moment le
disperse el ms pequeo de los piquetes de su larga column, sin
que jams se vea comprometido ni amenazado por un instant, a
pesar de la publicidad ostentosa de sus campamentos y de mar-
char en muchas ocasiones con las cananas de sus soldados va-
cas. "Se mova-frase del alcalde de Quivien-como Pedro
por su casa", sin hacer gran caso de las combinaciones que por
telgrafo y para coparlo se ideaban en La Habana por el Es-
tado Mayor enemigo. Desde esta pequea zona, que elige como
base, cae como el rayo sobre los trenes, que toma y destruye;
sobre convoyes militares de los que se apoderan, l o sus tenien-
tes; se bate con sus fuerzas en grandes combates, como en Ceiba
del Agua, Mi Rosa, o en pequeos encuentros, a su voluntad;
acampa en las poblaciones, en La Salud, Tapaste, Catalina de
Gines, San Jos de las Lajas; asalta y ocupa a Bejucal durante
varias horas, causando el hecho sensacin por su proximidad a
La Habana, no slo en esta ciudad, sino tambin en EspaFa, y su
audacia llega hasta poner sus avanzadas en el .Coterro y en San
Francisco de Paula, a fines del mes de enero. Unas veces se
divide y manda a su teniente Pedro Daz a tomar trees mili-
tares (el de Pozo Redondo); otras se concentra, y unid~ con
Castillo y Aurelio Collazo, amenaza siempre.
Examinando la grfica de sus movimientos en el mapa, y
al recorder todo esto, nos vemos obligados a convenir en que el
hombre de guerra que con tan pequeos medios realize tales pro.
digios, saba mandar algo ms que una guerrilla, y el simple
examen de esta campaa de Gmez, movindose con xito y oan
tan grandes fuerzas en el peor y ms pequeo territorio de Coba,
destruye tambin, por absurd, la otra afirmacin, la de que G6-
mez no saba mandar grandes fuerzas. Y Palo Seco, La Sacra,
Las Gusimas y Saratoga? No, seores, lo que pasaba es que
Gmez haca las mismas maravillas con cien hombres que eon dos
o tres mil. Naturalmente, en esta ltima guerra y por muchas


(85]












razones, aconsejaba en nuestras provincias occidentales, con sabi-
dura military, que se operase con pequeas fuerzas, nico medio
de obtener ventajas sin sufrir grandes prdidas de hombres,
irreparables en. nuestro Ejrcito Libertador. Siempre que fu
desodo por nuestros jefes y se oper con columns, en ellas, so-
bre todo en Matanzas, las consecuencias fueron desastres, termi-
nando la operacin, segn grfica frase del general Pedro Be-
tancourt, en la dispersin hasta en parejas. En su portentoso
pasado military, muchas veces mand, y con xito no superado,
grandes fuerzas. Por otra parte, hay que recorder que en esta
campaa no fu nunca jefe de fuerzas ni de operaciones, sino
por accident; era el General en Jefe de nuestro pequeo y he-
roico Ejrcito. (7).

TACTICA FABIANA

Despus de la invasion cambi Gmez su ofensiva por la tc-
tica Fabiana. Cuando en Santa Teresa le pregunt Grosby,
corresponsal del Journal: "Por qu el general ha dado orden
a su infantera de abandonar esa loma? Ella estaba muy firme',
responded el viejo General al intrprete: "Dle a este america-
no que lomas como sa hay miles en Cuba, y que ms vale, p#a
m, un mulo de la impedimenta que una loma."
En los primeros das de febrero, lleno de ansiedad por la es-
tancia de su Lugarteniente en Vueltabajo y de just temor por
su arrojo, hace incursiones hasta dentro de esta provincia, y se-
ala Boza, en ese perodo, intense preocupacin de su jefe por la
situacin de Maceo, que lleg hasta el grado de enviarle el da
8 de febrero a Vicente Nez, su prctico mayor, con Emilio
Collazo, muy conocedor de la comarca por haber nacido en Las
Mangas, para que le sirvieran de gua en su march hasta La

(7) Es otra pgina hermosa de Gmez la del apoyo a Maceo, para
dar cima a la campafa de invasion en el limited occidental de la
Isla. Gmez se mantiene en la provincia de La Habana luchando dia-
riamente contra los batallones de Martinez Campos, sin moverse de
una misma zona territorial, de corta extension y llena literalmente
de soldados enemigos. (General Mir.)


[86]












Habana; comisin que desempean al encontrar a Maceo despus
del combat de Laborf.

ABRAZO DE GOMEZ Y MACEO
Por fin, el 19 de febrero, emocionadisimos, se abrazan los dos
hombres, despus de haber coronado ambos la magna obra de su
vida military, "permaneciendo largo rato sin poder pronunciar
una palabra, estrechamente abrazados." La obra increble se
haba consumado: haban invadido y sublevado y dejaban or-
ganizada la rebelin en Matanzas, La Habana y Pinar del Ro.
Para combatir estas provincias necesit la Metrpoli doblar casi
su ejrcito, y la invasion asegura el triunfo definitive de los
insurgentes cubanos, porque soy de los que creen que con la
guerra entire los Estados Unidos y Espaa o sin ella, la indepen-
dencia de Cuba estuvo decretada al terminar la gran operacin
de Gmez y Maceo; ya slo era cuestin de aguardar un poco ms
de tiempo.
Efectivamente, durante dos aos, segn el plan del general
de opereta bufa, si no fuera tan siniestra su memorial en Cuba,
Weyler, se concrete el Ejrcito espaol a las operaciones acti-
vas en estas provincias, donde, con la obstinada inconsciencia
de un insecto, haba Weyler perdido, al cabo de dos aos, casi
la mitad de sus efectivos, devorados por el trpico, y la otra
mitad corroda por el paludismo, la disentera, la fiebre ama-
rilla y las caquexia3 de todo orden, ms parecan sus columns
en march enjambres de mendigos, hospitalarios y convalecien-
tes, que tropas capaces, a pesar de su innegable valor en el com-
bate. En ese perodo perdi el Ejrcito espaol peninsular, se-
gn la estadstica del autor espaol seor Corral, en su libro
El Desastre:

Muertos por la fiebre amarilla. . . 28.819
Por otras enfermedades. .. . . 30.120
En accin de guerra. . . . ... 4.128
Total. . . . . . ... 63.067


[87]












Y entire repatriados, hospitalizados e intiles por enfermedad,
se puede calcular no menos de otro tanto.
Y Ramn y Cajal dijo en sensacional artculo, a raz de la
guerra:
Los que hemos estado en Cuba sabemos que el mortifero clima de
las Antillas, en triste complicidad con nuestra psima administracin,
es decir, con el hambre, el desbarajuste y el descabellado movimiento
de las columns, haba de reducir al afo aquel contingent de doscien-
tos mil soldados que enviamos, a cerca de cien mil, y a los dos aflos
a cincuenta mil, poblando los hospitals y hasta nuestros pueblos y
aldeas de tisicos, paldicos y anmicos.

SUS TRES MEJORES GENERALS
Es por eso que Gmez, el profeta Gmez, deca: "Esperen
a que entren en accin mis tres generals: Junio, Julio y
Agosto."
Este enorme esfuerzo di por resultado disminuir la rebe-
lin en esas provincias, pero no concluir con ella. El 12 de
noviembre del 97, y en la pacificada provincia de Pinar del
Ro, tiene el general Hernndez de Velasco, en combat contra
Pedro Daz, en las lomas, catorce muertos y cincuentin heridos.
(Publicado en el libro de telegramas oficiales. Madrid, 1898.)
En cuanto al resto del pas, de la trocha de Jcaro y Morn a
Oriente, se puede decir que la guerra no haba empezado an.
Su inmenso territorio de montaas y bosques se encontraba en
1898 virgen del soldado espaol. Haba, pues, que empezar la
guerra all, una vez concluida aqu, y si la disminucin de su
fuerza en Occidente necesit dos aos y cerca de doscientos mil
soldados, cuntos soldados y cuntos aos hubieran sido precisos
para llegar al mismo resultado de Santa Clara para arriba, si en
el 68 cost diez aos y termin por un pacto?
La contestacin es obvia.
Si, como dijo. Napolen, no fueron las legiones romanas las
que conquistaron los Galias, sino Csar; no fueron los soldados
cartagineses los que triunfaron en Cannas, sino Anbal, podemos,
con justicia, decir que los que realizaron ese milagro de la guerra


[88]












que se llam la invasion fueron Gmez y Maceo, prodigiosos ma-
nantiales humans de moral military, detrs de los cuales se lanza-
ron nuestros mambises a la pica aventura con la fe de los creyen-
tes medievales.

CINCO CABALLOS MUERTOS
El ciego Destino, la deidad inexorable que preside los fastos
humans, fu propicia con Cuba, porque ninguno de sus dos
caudillos cay bajo la bala feliz de Cnovas, a pesar de que am-
bos prodigaron su vida en el curso de esta operacin. Solamen-
te Gmez tuvo, durante ella, muertos debajo de si, por las balas
espaolas, cinco caballos, dos en Mal Tiempo, uno en Coliseo, el
cuarto en el combat de Santa Luca, en el Caimito, y el quinto
en Moralitos. Recibi, adems, un balazo en la pierna derecha,
en el encuentro de Cayo de la Rosa. Razn tena Mario G. Me-
nocal: "Gmez era tan bravo como el que ms."
Fu el xito de la operacin la sorpresa, muy bien sealada
esta causa por el general Mir en sus Crnicas de la guerra;
efecto del cual tuvo una clara vision Mximo Gmez, y de ah su
insistencia con Maceo para anticipar cuanto antes la operacin.
Jams crey el alto mando espaol que Gmez y Maceo, con
grandes ncleos de fuerzas, se atrevieran a llegar y mantener-
se en La Habana y Pinar del Rio. Caro pag su error, de igual
modo que lo pag caro tambin el Capitn General Concha,
Marqus de La Habana, destituido por su Gobierno el 75 y
"tumbado" tambin por Gmez con su invasion a Las Villas.
Ya lo dijo Mir: "Si Martnez Campos guarnece a Matanzas
con los refuerzos que, a su peticin, de seguro, le hubieran en-
viado, no habra sido possible la invasion." Fue sorprendido,
pues, Martnez Campos, sorprendidos los cubanos, el mundo de
los negocios, las empresas azucareras todas, que tranquilas pre-
paraban su molienda; seores, hasta los mismos insurrectos fue-
ron sorprendidos; los nicos para los que no fue una novedad su
xito rotundo fu para los dos caudillos, que saban, como sucede
en el ajedrez, lo que era ganar un tiempo: ganaron, pues, un


[ 89 ]












tiempo sobre Martnez Campos, que ya, despus de eso, lleg
siempre con retraso al lugar amenazado por ellos.

EL PESO DE LOS COMBATES
La mayor parte y el peso de esos combates fueron sostenidos
principalmente por las heroicas escoltas de ambos caudillos, for-
mada una por orientales y la otra por camageyanos. Slo la
escolta del General en Jefe que parti de Lzaro Lpez con
cien hombres, poco ms o menos, a los dos meses (consigna Boza,)
ya en Santa Rita de Bar, haba quedado reducida a veinticua-
tro; el resto haba cado en nuestras campias de Matanzas
y La Habana. La deferente subordinacin de Maceo a su jefe
y maestro fu patente siempre y lo prueban tantos y tantos
episodios de esta campaa. (E. Snchez Agramonte.) Siem-
pre al acampar ambos caudillos, y terminado el servicio de se-
guridad, iba Maceo al cartel general de Gmez a darle cuen-
ta y a conferenciar con l, casi siempre en privado.
En ocasiones, cuando alguien de su Estado Mayor sugera
ideas para un movimiento, Maceo, antes de considerarlo, de-
ca: "i Vamos a ver lo que dice "El Viejo !", nombre carioso
que daban a Gmez sus ntimos, entire ellos, l, y pienso yo que
seguramente quera decir: "Vamos a ver a nuestro Nstor".
Su amor admirativo por Maceo, como cuenta Miguel Va-
rona, al emprender el Lugarteniente una operacin, le haca de-
cir en ocasiones: "i Dejen que Maceo se luzca!" Cuando el
combat se prolongaba, dice el mismo Varona, porque Maceo
no cej jams ante nadie, le enviaba un ayudante: "Diga al
general Maceo que basta por hoy; que se retire."
Todo demuestra al espritu critico que Gmez orden la in-
vasin, y que mejor que nadie comprendi que era una cues-
tin de oportunidad, y que Maceo, colaborando con su jefe
y por su orden, condujo a los orientales hasta unirlos con los
hombres de Las Villas, que Gmez le preparaba, y ya desde ese
moment se confunden los dos en un solo movimiento, y nadie
podr decir en el curso de su larga operacin, hasta que ambos
se separan, cul de los dos, y en cualquier aspect, sobrepuj


[90]












al otro en sus respectivos papeles de General en Jefe y de Lu-
garteniente. El viejo y el joven se alzaron en los fastos de la
historic military mambisa muchos codos por encima de su ya glo-
rioso renombre, y cuando en Catalina de Gines se abrazan, hay
que convenir, con Sanguily, en que es difcil concebir la operacin
faltando uno de los dos.

LA OBRA DE LOS DOS
Todas estas citas, todos estos incidents que hemos compi-
lado, sealan que jams fu desmentida, repetimos de nuevo,
la estrecha armona que rein siempre entire los dos durante
aquella campaa, de la que dependi la suerte de la revolucin.
Mir, justamente idlatra de Maceo y su panegirista, dice: "Fue
la obra nica de dos ilustres soldados, Gmez y Maceo, que
coincidieron en el plan con perfect identidad, tanto en el orden
del tiempo como en la manera de ejecutarlo."
Durante el transcurso de ella, que empez realmente el 1' de di-
ciembre, hasta que se separan ambos en Hoyo Colorado, el 7 de
enero, es decir, durante treintiocho das, fueron estos dos hom-
bres, el uno casi joven todava, el otro ya viejo, unas veces Gmez,
otras Maceo, jefes de columns u oficiales subalternos. Lo mismo
decide y acuerdan entire los dos el plan de maana como a la
cabeza de sus pelotones cargan con la hoja en la mano, y como
jefes de escuadrones sobre las filas adversas.
La solicitud con que allana y prepare el maestro los xitos a
Maceo, realmente fueron paternales. Cuando remiso Quintn
Banderas no acababa de traer la infantera de Oriente, que ha-
ca tres meses haba quedado en Trinidad, y precisaba para la
march de Maceo a Pinar del Ro, y cuando los desastres de su
conduccin en La Olayita y El Mamey amenazan concluir con ella,
va el mismo Gmez en persona a guiarla, a escoltarla, y no de-
jndola disparar un tiro, la entrega intacta a Maceo en Galen,
donde, por ltima vez, se abrazan estos dos hombres admira-
bles, fabricados de barro tan excelso X que ya no habran de
verse ms.


[91]












ULTIMO ABRAZO


"Los dos caudillos se dieron un estrecho abrazo. Los de-
signios del porvenir, siempre velados a la humana penetracin,
no podan infundir el temor ni la sospecha de que aquella des-
pedida tan ardorosa sera la postrera. Los dos hombres ex-
traordinarios que simbolizaban la vida de la revolucin, y eran
el alma de la guerra, no volveran a encontrarse juntos en
ningn otro lugar de la batalla." (Mir.) Al despedirse Boza
del Lugarteniente, le dice Maceo, que admiraba-es la palabra-,
a su maestro: "i Cuide much al Viejo! Nadie como l sabe de-
fender nuestra bandera!" Esto dijo Maceo y esto es definitive.
l, Gmez, por su parte, le discerni, en memorable proclama, el
dictado de primer general del Ejrcito Cubano; y desde que sar-
gento, y a sus rdenes, gan Maceo todos sus grados hasta coro-
nel; desde que siendo slo brigadier fu seleccionado por Gmez
entire la plyade para mandar, en la invasion del 74, las fuerzas
de Oriente, siempre hubo entire ellos el respeto y la admiracin
mutua, y hasta la suerte quiso, a la hora cruel de su desplome,
que la sangre de Mximo Gmez, present en su heroico hijo,
corriera sobre su cuerpo inerte, y juntos el destino los uniera en
la misma fecha y en la misma fosa.

SUS ENEMIGOS
Tuvo el general Gmez enemigos y detractors. Quin no los
ha tenido? Su austeridad monacal en los campamentos, su ca-
rcter agrio y violent se los suscitaba. Como todo hombre
que ha nacido gran capitn, era autoritario, y tena, como dijo
Poincar de Clemenceau, "el defecto de sus grandes cualida-
des"; y l, que cuando hablaba pareca que daba rdenes, trat
a todos en la guerra como a subalternos. Pero, despus de todo,
muerto Mart, quin no era su subalterno, moral o military, en
la revolucin? El tiempo, que no en vano sigue su curso des-
piadado, lo borra todo; a nuevas pocas, otros hombres, nuevos
dolos; pero entonces, en aquellos sombros tiempos, los dos su-
premos cultos, las dos esperanzas del pueblo de Cuba fueron
estos dos hombres, y de Mais a San Antonio su pueblo elevaba


[92














todos los das preces por la vida de ellos, y cuando cay Maceo,
slo tienen los cubanos en su honda afliccin un lenitivo a su
pena!: an nos queda Mximo Gmez!
Un grande de la Revolucin del 95, Juan Gualberto Gmez,
el hombre que abri su mano el 24 de febrero y desat ese da
sobre Cuba la tragedia de la guerra por orden de Mart y Gmez,
discorde con l, dijo: "Me separo del general Gmez en esto,
como puede un hijo separarse de su padre." Junto a la puerta
de su modesto hogar, dos grandes retratos, dos leos, atraen
la mirada. Uno de Francisco Vicente Aguilera, su maestro en el
ideal; el otro, de Mximo Gmez. Manuel Sanguily, en carta
ntima a Jos Manuel Carbonell, le dice: "Del pobre general
muerto le dir que lo he sentido como cosa ma... Ahora estn
cerca en el cementerio el viejo y glorioso caudillo que recuerda,
para mi, mi Historia. El era una encarnacin, su presencia
significaba el ideal vivo y luminoso; desaparecido l queda ste
sin representacin y sin autoridad..."

LA MUSA POPULAR

Los nombres de los dos, unidos para siempre como lo estn
en la historic, lo fueron tambin por sus soldados. La musa po-
pular, el folklore mamb, los entrelaza siempre en su ingenua y
primitive poesa, y los infants de los Ducasse, rudos negros
de Oriente y montunos de Las Villas, cantaban en el vivac de
"Mi Rosa" el 10 de enero del 96, al son de las maracas y
del tiple:

Yo le pido al Soberano
que viva Mximo Gmez.
Espafla, t no te comes
al viejo dominicano.
l defiende a sus hermanos
porque tiene facultad,
y defendindolo est
toda la plana guerrera;
Maceo con la bandera
pidiendo la Libertad.


[93]















Martinez Campos crea
que Cuba iba a ser de Espafla, (8),
recorriendo la montafla
con piezas de artillera.
Y Maceo le deca:
"Vyase usted a la Habana;
yo, con mi tropa cubana
y Mximo Gmez al frente,
hago a Cuba independiente
con plvora americana.

Y otra de la cual slo el final recuerdo:
Y grita Maceo a su gente:
Mximo Gmez me ha dicho
que a l le va de capricho
ver a Cuba independiente.

No se puede, noarrancar de las sienes del glorioso anciano el
heroico laurel que las cifie. Para eso seria preciso, antes, borrar
de nuestras efemrides el Pino de Baire, Palo Seco, Playitas,
Mal Tiempo, la invasion, y habra tambin que borrar treinta
aos de orgullosa historic patria. Ya lo dijo l con ceio altivo,
refirindose a uno de sus enemigos: "Lo desafo a que escriba
la historic de Cuba sin nombrarme; cualquiera la puede escri-
bir sin nombrarlo a l."

INGRATITUD DE LA REPUBLICAN

Si Mart, proftico, dijo a Gmez en memorable carta fecha-
da en Santiago de los Caballeros en el ao 1892, cuando le pi-
di su concurso para libertar este pueblo: "Yo invito a usted sin
temor de negative a este nuevo trabajo, hoy que no tengo ms
remuneracin para ofrecerle que el placer del sacrificio y la
ingratitud probable de los hombres", jams se pudo pensar que

-(8) El general Mndez Capote, que tambin oy cantar estas
dcimas en los vivace mambises, me observa que l conoca este ver-
so as:
"Que se encontraba en Espaa."
Yo lo estamp tal como lo entend en aquella memorable noche.


[94]













en tan poco tiempo se cumpliera el augurio del bardo vidente.
Veinticinco aos hace que duerme bajo la tierra aquella gran
figure americana a quien tanto debe en su independencia Cuba,
un cuarto de siglo!, y esta Repblica, de la que fu, junto con
Mart, creador, no ha podido an levantar un monument al
hombre a quien tanto debe. Ella, que tan prdiga ha sido; ella,
que ha alzado uno hasta a su adversario de treinta aos, al sol-
dado espaol, no ha tenido tiempo para ofrendrselo a Mximo
Gmez; -pero si la Repblica dejara incumplida esta deuda con
el que todo se lo di para que ella naciera, hasta su hijo, el buen
pueblo de Cuba, ese generoso subsuelo, esperanza de Mart, cuan-
se toque a sus puertas, dar su bolo para alzar la estatua de
Mximo Gmez.


[95)




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