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Group Title: Discipulo a Quien Marti Amaba
Title: El discípulo a quien Martí amaba
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 Material Information
Title: El discípulo a quien Martí amaba discurso leído en la sesión solemne celebrada el 15 de diciembre de 1948, en memoria de Gonzalo de Quesada y Aróstegui
Physical Description: 33 p. : illus. ; 25 cm.
Language: Spanish
Creator: Santovenia, Emeterio S ( Emeterio Santiago ), 1889-1968
Publisher: Impr. "El Siglo XX,"
Place of Publication: Habana
Publication Date: 1948
 Subjects
Genre: non-fiction   ( marcgt )
 Notes
General Note: At head of title: Academia de la Historia de Cuba.
 Record Information
Bibliographic ID: UF00075452
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000061651
oclc - 24467151
notis - AAG6821

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El discipulo a quien Marti amaba



DISCURSO
lefdo por d Academico de Nimero
DR. EMETERIO S. SANTOVENIA
Paidente de la Copomadci
en la sei6n solemne celebrada el 5 de
diciembre de 1948, en memorial de
Gonzalo de Quesada y Ar6stegui.













LA HABANA
1948


Arabtmia b la tisatora br b ltba












ACADEMIA DE LA HISTORIC DE CUBA



MESA EJECUTIVA

President:
DR. EMETERIO S. SANTOVENIA

Vicepresidente:
DR. COSME DE LA TORRIENTB

Secretario:
DR. ENRIQUE GAY-CALB6

Tesorero:
DR. DIEGO GONZALEZ

Bibliotecario:
DR. JosE MANUEL PEREZ CABRERA

Archivero:
CAPITAN JOAQUIN LLAVERIAS

V



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MARACH Y ROBATO, Dr. Jorge.-5a. Ave. No. 128, entire 12 y 14, Rpto. Miramar, Marianao.
MARQUEZ STERLING Y GUIRAL, Dr. Carlos.-Santa Catalina y Luz Caballero, Vibora,
La Habana.
PEREZ CABRERA, Dr. Jos; Manuel.-Bibliotecario.-Calle 6 numero 609, bajos, Vedado,
La Habana.
QUESADA Y MIRANDA, Sr. Gonzalo de.-Paseo No. 654, Vedado, La Habana.
SANTOVENIA Y ECHAIDE, Dr. Emeterio S.-Presidente.-Avenidd de Sim6n Bolivar nu-
mero 107, La Habana.
SOUZA Y RODRIGUEZ, Dr. Benigno.-Ave. de Maceo No. 617, La Habana.
TORRIENTE Y PERAZA, Dr. Cosme de la.-Vicepresidente.-Mercaderes No. 26, altos,
* La Habana.
TRELLES Y GOVIN, Sr. Carlos M.-Daoiz No. 75. altos, Matanzas.



















BENEFACTORES DE LA ACADEMIA
DE LA HISTORIC DE CUBA

ASOCIACI6N NATIONAL DE HACENDADOS DE CUBA
MANUEL ASPURU
FRANCISCO BLANCO CALAS
CENTRAL ANDORRA, S. A.
COMPANIA CERVECERA INTERNATIONAL, S. A.
FEDERICO FERNANDEZ CASAS
Jost G6MEZ MENA
MANUEL G6MEZ WADDINGTON
TEODORO JOHNSON
NUEVA FABRICA DE HIELO, S. A.
AURELIO PORTUONDO
Jost B. RIONDA
LEANDRO J. RIONDA
SALVADOR RIONDA
SANTA LUCiA COMPANY, S. A.
SOLIS, ENTRIALGO Y CA., S. A.
PATRICIO SUAREZ CORDOVES
SUCESI6N DE L. FALLA GUTIERREZ
ESTANISLAO DEL VALLE
IGNACIO DEL VALLE





















El discipulo a quien Marti amaba




































































Oleo de Jose Francisco Campillo


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El discipulo a quien Marti amaba




DISCURSO

leIdo por el Acad.mico de Nfmero

DR. EMETERIO S. SANTOVENIA
Preidente de la Coporaci6n

en la sesi6n solemne celebrada el 15 de
diciembre de 1948, en memorial de
Gonzalo de Quesada y Ar6stegui.


LA HABANA
IMPRENTA "EL SIGLO XX.
MUIIZ HNOB. Y CIA.
BRASIL tLS-I57
MCMXLVIII








F






LATIN
LAI N AMERICA
AMERICA


La responsabilidad de las opinions,
juicios, oriterios y, en general, de today
manifestacidn en los trabajos pfblicos
es eoxlusiva del autor, sin que por el
hecho de conocerlos y aprobarlos la Aca-
demia asuma responsabilidad alguna.-
Artieulo 200 del Reglamento.





















Honorables Sres. Acadimicos:


A raiz del 6bito de Gonzalo de Quesada y Ar6s-
tegui, en el afo de 1915, en una revista de
alumnos del Instituto Provincial de Segunda
Ensefianza de Pinar del Rio, aparecieron
unos apuntes que acerca de la vida del ilustre cubano
compuse segin eran demandadas mis cuartillas para
sucesivos nfimeros de la aludida publicaci6n. Escribi
las primeras sobre la mesa de trabajo en la redacci6n
de un diario de La Habana. Trac6 las filtimas mientras
viajaba en un coche de ferrocarril. Luego recogi todo
aquello en un folleto titulado Gonzalo de Quesada.
Contribuci6n biogrdfica.
Ya queda dicho que, buena, median o mala, existe
una biografia de Gonzalo de Quesada escrita por mi.
Hacer otra, con motivo de la colocaci6n de su retrato
--creaci6n amorosa y artistic de Jose Francisco Cam-
pillo- en la galeria de historiadores que da lustre a
la Academia, me ha parecido extemporaneo. Aun
cuidando de evitarlo, caeria yo en la repetici6n de no-
ticias y juicios emitidos tantos afos atras. Para los
enterados de nuestra producci6n historiografica, ello









seria, sobre inuitil, fastidioso. Para los que no han
leido aquellas paginas, siempre hay oportunidad de
buscarlas y conocerlas en presumiendo que contienen
algo de interns informative.
Puesto que debo hablar en la ocasi6n present del
pr6cer prematuramente perdido, me serA licito dis-
currir en torno a su personalidad como discipulo pre-
dilecto de Marti. El titulo no puede ser mAs significa-
tivo. Haber merecido honda afecci6n del Ap6stol ya
constitute una de esas gracias que, a semejanza de las
venidas del Cielo, tienen relaci6n estrecha y direct
con valores eternos, en el caso de ahora con los valores
eternos compatibles con lo temporal.
Gonzalo de Quesada lleg6 a ser discipulo predilecto
de Jose Marti por m6rito propio y por merced ajena.
Por merito propio, porque 61 comprendi6 y sigui6 a
Marti con sinceridad y entusiasmo que se tradujeron
en servicios eminentisimos a lo mis caro de los suefios
y las creaciones del Ap6stol. Por merced ajena, porque
Marti penetr6 en el coraz6n de su adicto con fervor y
seguridad tan entrafables que de 61 hizo como una
segunda naturaleza de su egregia personalidad, ya en el
mundo fisico, tormentoso y pasajero, ya en el universe
spiritual, lamado a tener larga y gloriosa duraci6n.


Muchos siglos antes hubo un discipulo amadisimo.
Aquel de quien lo era por arranque de su coraz6n le
produjo sacudimientos y transformaciones singulares.
Le mostr6 la exaltaci6n y el sacrificio en formas su-
blimes. Le dej6 sentir los latidos de su coraz6n. Le
asign6 una maternidad spiritual sin paralelo.
Tres discipulos predilectos tuvo Jesus: los ap6stoles
Pedro, Santiago y Juan. De 6stos uno fu6 particular-
mente amado por Jesus. No fue Pedro, cuyas circuns-









tancias no coneordaron con las del distinguido con tan
noble rango. No lo fu6 tampoco Santiago, hecho matar
por Herodes Agrippa I antes de que se escribiese el
evangelio autorizado por el seguidor objeto de la his-
t6rica preferencia. Juan fu6 el discipulo al que Jesis
amaba.
Juan, natural de Bethsaida de Galilea, hijo de Ze-
bedeo y de Salome y hermano de Santiago el Mayor,
.despues de estar bajo la autoridad de Juan el Bautista,
busc6 el reino de Dios, siguio a Jesis y lleg6 a ser su
discipulo predilecto. MAs que discipulo predilecto, fue
el discipulo al cual Jesus amaba. En la ultima cena
que juntos hicieron Juan estuvo recostado sobre el
pecho de Jesus, como amigo de su coraz6n y testigo de
su pasi6n y de sus aflicciones. Desde la cruz el Sefior
mir6 al discipulo que amaba y le dio por madre espi-
ritual a la que pasaba por la infinita angustia de pre-
senciar el suplicio del hijo de sus entrafias. A partir de
entonces Juan cuid6 de ella como de la propia. Luego
l6 pas6 a ser el evangelista del amor por el profundo
e invariable que conserve al Verbo, y el Verbo estaba
en Dios, hecho came en Jesus.


El recuerdo de precedentes empalmados con la
divinidad no tiene la pretension de sacar de la esfera
humana al discipulo a quien Marti amaba. Pero esto
alcanzo similitud con aquello. Maestro l1amaron a
Marti sus seguidores mas fieles. Naturalmente, este
maestro tuvo muchos discipulos. Entre sus muchos
discipulos los hubo predilectos. El discipulo a quien
Marti amaba fu6 Gonzalo de Quesada.
La condici6n de discipulo predilecto de Marti, y por
Marti muy amado, no le vino sin mis ni mas. Primera-
mente, buscando luz de patria, 61 encontr6 a Marti.









DespuBs, en horas agonicas de su maestro, 6ste le de-
paro. tierna consideraci6n. Por iltimo, el discipulo
predilecto exhibit y honr6 la obra del maestro con
carifio largo e intense.
Marti puso amor y caridad en el trato con los hom-
bres. Algunos de 6stos recibieron de e1 enternecedoras
pruebas de fraternidad. Los llam6 hermanos. Los con-
sider6 hermanos por el espiritu. Los llev6 en lo mejor
de su coraz6n. Los alz6 a aquel raro nivel en el que 61
solia meditar y producirse al servicio de altas causes.
Los hermanos de Marti por el espiritu legaron a
esta posici6n merced a hechos y actitudes singulares.
Los estudiantes fusilados el 27 de noviembre de 1871,
por lo horrendo del crime. Fermin Valdes Dominguez,
por desasimientos desde la adolescencia. Francisco
Solano Ramos, por meritos del curador de cuerpos y
almas. Manuel A. Mercado, por comprensi6n y gene-
rosidad que aliviaron duras penas. Rafael Serra, por
amor del blanco al negro. Fernando Figueredo, por
afinidades del coraz6n. Jose Dolores Poyo, por claridad
de mente y rectitud de conduct. Federico Henriquez
y Carvajal, por comunes prop6sitos en torno a la re-
denci6n de los pueblos antillanos. Eduardo H. Gato,
por desprendimientos ante el ara patria. Benjamin J.
Guerra, por misericordia que no parecia terrenal.
Gonzalo de Quesada, por afecciones entroncadas con
inefables preferencias de aquel que le mostr6 la mag-
nitud de una fraternidad que s61o dejaba de serlo para
elevarse a la categoria de paternidad.
El discipulo a quien Marti amaba no logr6 seme-
jante estado sino al cabo de reciprocas pruebas de
fidelidad. Los aproxim6 y uni6 una comiin aspiraci6n
patri6tica. El uno fu6 aprendiendo del otro. Quesada,
lo que de grandeza sin dobleces ni tibiezas habia en su
maestro. Marti, lo que de entrega a finos y trascen-









dentes ideales florecia en el jovial seguidor. Una en-
cumbrada disposici6n al sacrificio ittil acendr6 pasiones
m~s durables que las vicisitudes terrenas.


Gonzalo de Quesada, nacido en La Habana, el 15
de diciembre de 1868, tuvo las primeras nociones del
Mundo en contact con infortunios patriots. La guerra
por la independencia de Cuba sac6 del territorio insular
a su familiar, de raigambre camagiieyana. La recalada
forzosa en los Estados Unidos de America deriv6 en el
hecho de que el vistago se educase alli. Marti empez6
a aquilatar su valia cuando el adolescent acababa
de graduarse de Bachiller en Ciencias en la ciudad de
Nueva York. Quesada andaba por los veinte afios de
edad.
Un 10 de octubre de aquellos en que Marti renovaba
la lumbre del patriotism en Nueva. York, el 10 de
octubre de 1889, 61 hizo a Quesada caballero de su cru-
zada por la libertad, alentandolo a ocupar la tribune
de Hardman Hall. Vi6 en su joven paisano facultades
que la isla irredenta debia aprovechar en nuevos es-
fuerzos por la emancipaci6n. El discurso de Quesada
satisfizo la avidez de un auditorio fervoroso, en el que
mujeres y hombres, adolescents y ancianos, sin dis-
criminaciones sociales, rivalizaban por escuchar su pa-
labra, fAcil y vigorosa. Bajo la inspiraci6n de los ada-
lides desaparecidos, el orador exhort6 a la juventud
cubana que vivia lejos de los lares antillanos a derramar
su sangre, y en esta disposici6n se hallaba 61, en la
supreme hora de las reivindicaciones. Marti lo oy6 con
regocijo. Qued6 convencido de que la revoluci6n nece-
saria en su pais contaba con otro excelente animador.
Se consider asistido de enormes potencias espirituales.
Sinti6 en su alma un himno tan bello que s6lo pudiera









ser el de la muerte en no siendo, y lo era, el que le
anunciaba, con hermosura inefable y deleitosa, que ya
volvian los tiempos de sacrificio grato y de dolor fe-
cundo, tiempos en los que, al pie de las palmas rena-
cientes para dar sombra epica, habian de batallar, lucir,
asombrar y expirar los que creian en la virtud del des-
asimiento. Quesada abrigaba la certidumbre de que
su guiador no lo engafiaba: su guiador honradamente
invitaba a repetir, como de pie en el borde de una
tumba, el juramento de los heroes.
Persona firme y discreta llam6 Marti a Quesada al
asumir este la funci6n de secretario de Roque SAenz
Pefia, el conspicuo argentino, en ocasi6n de iniciarse,
en la ciudad de Washington, la Conferencia Interna-
cional Americana. Poco despues de aquella presenta-
ci6n ya Marti abrigaba la aspiraci6n de que su hijo, en
arribando a la edad que entonces tenia Quesada, y en
situaci6n semejante a la del moment que corria, no le
escribiese sino lo que su amigo le escribia. En la con-
testaci6n dada a una tierna epistola confess que la habia
leido con jfibilo de padre.
Con inclinaci6n de padre a hijo -hijo digno de la
mayor inclinaci6n del padre-, Marti deposit en Que-
sada, en visperas de cumplir este veintiiin afios, confi-
dencias graves respect del porvenir de Cuba. Mentes
estadinenses maduraban un plan tenebroso e inicuo:
el plan de forzar a la Isla a la guerra para tener
pretexto de intervenir en ella y quedarse con ella al
cabo de mediaci6n y garantia aviesas. Por Marti supo
Quesada de aquella cosa cobarde y de aquella maldad
fria, de que no habia memorial en los anales de los
pueblos libres.
Por el camino de las magnificas relaciones en que
Marti lo habia puesto avanzaba Quesada en las horas
en que reconoci6 la existeneia de un entrafiable paren--









tesco por el espiritu. A Europa fue, en trinsito entire
los Estados Unidos y la Repfiblica Argentina. Desde
Paris dej6 saber que confiaba en Marti, y lo idolatraba,
con amor de hijo. En Madrid se hallaba el dia en que
se consider obligado a escribir a Marti para darle
noticias de su discipulo, del discipulo que tanto tenia
de hijo. Ser discipulo de semejante maestro, segin sus
palabras, constituia un legitimo orgullo.
En la 6poca en que la afecci6n entire maestro y dis-
cipulo se estrech6 hasta parecer relaci6n entire padre
e hijo apenas salia 6ste de la adolescencia. A raiz de
tan tierno suceso, andando el afio de 1891, Quesada
alcanz6 el titulo de abogado en la Universidad de Nueva
York y tenia adelantada en la de Columbia los studios
de ingenieria. Era 6poca de meditaci6n patri6tica.
Marti concebia ideas muy series acerca de la suerte de
Cuba. Quesada se enteraba de ellas con devoci6n y
respeto de discipulo e hijo.
*

El Partido Revolucionario Cubano naci6 como obra
magna por Marti ideada para unir a todos sus compa-
triotas adictos a la independencia. El claro var6n dedic6
a esta creaci6n esfuerzos y sacrificios de los que fue
testigo Quesada. Lo que parecia impossible fu6 siendo
possible. Las emigraciones, a lo largo de lustros y de-
cadas, no habian logrado unidad de acci6n. Los sepa-
ratistas situados en la Isla, sumidos ain en los dolores
provenientes del fracaso en que habian culminado diez
afios de guerra, vivian en la duda y el sobrecogimiento.
Marti, que iba imaginando servicios y que para hacerlos
efectivos buscaba a hombres aptos y probos, asign6 una
funci6n descollante a Quesada.
Se hallaba recien proclamada la existencia del Par-
tido Revolucionario Cubano, con Marti en la funci6n de









Delegado -algo asi como cabeza visible y pensante-,
en la fecha del document en que el noble instigador
recab6 la cooperaci6n del allegado de su predilecci6n.
El Delegado entendia que primordial obligaci6n suya
era la de solicitar el concurso de cuantos por prestigio,
virtud e inteligencia podrian contribuir a vigorizar la
organizaci6n que no tenia por objetos el engrandeci-
miento ni la victoria de unos cubanos sobre otros, sino
la ordenaci6n necesaria para fundar con todos los cu-
banos, con todos los habitantes honrados de la Isla, sin
miedo al sacrificio ni exceso infitil de el, un pueblo equi-
tativo y feliz. La delicadeza, la variedad y el empefio
de los trabajos de la Delegacion habian de permitir, y
aun de imponer, el repartimiento de sus funciones. El
Delegado llamaria sin temor, en busca de consejo y
ayuda, a los corazones que no negaban asilo a la virtud
y a la patria. La Secretaria de la Delegaci6n s61o podia
recaer en Gonzalo de Quesada, consagrado con entu-
siasmo y pureza al trabajo de forjar en la patria dolo-
rosa un pueblo durable. Desde los primeros arranques
de la juventud 61 habia sabido sujetar el anhelo del
coraz6n a los mandates del juicio y reconocer que la
esencia de la obra political, y de lo que hacia de la
political indeclinable deber, era el respeto pleno y el
amor sincere al decoro del hombre. El Delegado rog6
al discipulo-hijo que lo acompafiase y ayudase, como
encargado de la Secretaria, en la tarea de mantener
unidas, y de robustecer, las fuerzas indispensables para
completar la labor por sus padres iniciada el 10 de octu-
bre, en Yara, y confirmada el 10 de abril, en GuAimaro.
Un profundo sentido de creaci6n y continuidad
brill6 en la demand del Delegado al Secretario. De
creaci6n, porque el Delegado quiso tener en el cargo
mxs inmediato a 61, mis inmediato al suyo en impor-
tancia, a aquel a quien ya veia consagrado con entu-









siasmo y pureza al trabajo de fundar un pueblo durable
en la patria dolorosa. De continuidad, porque declar6
que el Partido Revolucionario Cubano tenia por obje-
tivo hist6rico completar lo iniciado el 10 de octubre de
1868 y confirmado el 10 de abril de 1869. Gonzalo de
Quesada era lamado a coadyuvar en la obra de con-
sumar la fundaci6n de la Repuiblica.
*

Con sabiduria escogi6 Marti a Quesada para que lo
secundase en su ardua tarea patri6tica. Menos de un
afio despues de estar en funciones el Secretario pudo el
Delegado escribir el mejor elogio de aqu6l. En extrafia
y continue enfermedad, a Marti atendia Quesada, por
si y por todos los suyos, como hijo, muy tierno y fiel.
En cosas mayores, Quesada ayudaba a Marti con espon-
taneidad de hijo, en extreme obsecuente y cordial.
El cambio de estado civil de Quesada fue suceso
por Marti aprovechado para afinar su afectuosidad
hacia quien tan bien aposentado en su coraz6n se ha-
laba. La nueva pareja humana qued6 complete con
Angelina Miranda. En esta dulce mujer y en sus pa-
dres, cubanos magnificos, el agitado espiritu de Marti
encontr6 paces y consolaciones. Marti se complacia
en sefialar las excelencias del hogar de su lealisimo
seguidor, y en agradecerle sus enternecedores acogi-
mientos, y en dedicarle sus mejores votos.
El periodico Patria entrafiaba una actividad cola-
teral del Partido Revolucionario Cubano. Muy en su
punto estuvo que en su redacci6n pusiera Quesada ta-
lento y fervor. Marti quiso mas. En estando el Dele-
gado lejos de Nueva York, y en ausencias largas, el
Secretario lo sustituia en el gobernalle de Patria. Por
anticipado iba el elogio por el celo esperado: el reem-









plazado expresaba al reemplazante la seguridad de que
se iba a mostrar buen director. La esperanza no fallaba.
Era tal la identificaci6n del discipulo con los modos
de ser y proceder de su mentor que el estilo del uno y
el del otro Ilegaron a tener grandes semejanzas. Marti
cuid6 de estimular y guiar a Quesada como escritor.
Desde la terminaci6n de Mi Primera Ofrenda, el libro
initial de Quesada, Marti reconoei6 y proclam6 sus bri-
l1antes y s61idas condiciones para ayudar al respeto de
la virtud, a la piedad de los hombres y a la unificaci6n
de America. La magnitude de estas empresas, mas mo-
rales que materials, daba la media del merito de quien
a ellas, a su progress y consolidaci6n, era capaz de
contribuir. El gozo del conductor creci6 al aparecer
Patriotismo e Ignacio Mora, que no poseian menos la
intenci6n de despertar y entusiasmar conciencias que
la de exaltar la gloria de cubanos que habian ensefado
a fundar y amar.


El advenimiento del afio de 1895 sefial6 una enorme
sobrecarga en las inquietudes de Marti. Su agonia
-agonia en el double sentido de ansia extrema y lucha
de las fuerzas morales precursora de la muerte- se
tradujo en potencias creadoras. El desarrollo de esta
capacidad requiri6 asistencias inusitadas. Ninguna de
las elegidas y obtenidas por 61 alcanz6 dimensions mis
cables que la prestada por Gonzalo de Quesada.
El fracaso del plan expedicionario de Fernandina
quedaba atrAs. Marti habia cesado de gemir y padecer
al reanudar la improba labor enderezada a precipitar
la guerra necesaria en Cuba. El mismo dia en que
firm la autorizaci6n para el alzamiento de las regions
comprometidas en la Isla, el 29 de enero de 1895, re-
anud6 la acci6n dirigida a dejar en buen orden la pro-









secuci6n de los trabajos indispensables para asegurar el
6xito feliz de la empresa belica proyectada. El maximo
alterador tomaba la ruta que debia conducirlo de los
Estados Unidos al territorio patrio y extendi6 al dis-
cipulo a quien amaba carActer y representaci6n excep-
cionales.
Lo primero que en la nueva circunstancia hizo Marti
fue instruir a Juan Gualberto G6mez acerca del alcance
de la personalidad de Quesada. G6mez era tanto como
el mismo Marti, por voluntad de 6ste, en Cuba: para
saber G6mez lo que Marti sentia respect de un punto
grave no tenia sino que consultar su propio coraz6n.
A G6mez dej6 saber Marti que de tal manera poseia
Quesada su confianza y sus secrets que lo que el Se-
cretario le dijese debia tenerlo por genuina y cabal
inspiraci6n del Delegado. En una epistola del 29 de
enero de 1895, dia llamado a ser fecundo y trascen-
dente, Jos6 Marti express a Juan Gualberto G6mez
que Gonzalo de Quesada era su hijo spiritual.
Faz a faz con Quesada, en horas de recuento doloroso
y de tentativas graves, Marti puso como a recostar
sobre su coraz6n el coraz6n del discipulo a quien amaba.
Sinti6 el calor de sus virtudes. Lo consider supremo
entire hermanos. Vi6 en sus ojos todo el fuego de Cuba.
Le dirigi6 miradas de padre. Supo que podia y debia
querer con orgullo a quien se lo quisiese bien. Estuvo
cierto de que era su hijo por el espiritu.
Hacia el sur de los Estados Unidos, hacia La Florida,
hacia el pedazo de tierra norteamericana mAs cercano
a Cuba, despach6 el Delegado al Secretario. Le confi6
encargos dignos de su preeminencia moral. Le entreg6
letras contentivas de poco menos que disposiciones de
iltima voluntad.
A Jos6 Dolores Poyo, patriarch cubano en Cayo
Hueso, Marti escribi6: "Gonzalo de Quesada es mi









carta. Yo iba a ir, pero nuestra tierra no lo quiere. A
toda prisa tengo que echar por otros rumbos. A que
va Gonzalo I A que retumbe en Cuba, despues del es-
fuerzo que he ido salvando de una inicua entrega, la
nueva declaraci6n de nuestra fe; a que todos en Cuba,
o fuera de ella, digan alto a Cuba c6mo piensan hoy, y
si estfn mis juntos que ayer para servirla o no; a que,
si asi lo entiende el alma pidblica, y nace asi de ella
reparar de una brazada lo perdido, me ayude a arre-
meter de nuevo, en seguida. [...] Gonzalo, mas noble
cada dia; y limpio ya, a pesar de sus afios j6venes, de
las tentaciones que a hombres de menos grandeza na-
tural hubieran podido afearle el caricter, me ha dado
siempre, y hoy mas que nunca, en estos dias de deber
y de honor, pruebas de las mas raras virtudes, modestia,
lealtad, entusiasmo, desinteres, abnegaci6n. Quieranlo
sin miedo, y con las dos alas del coraz6n." Tamafia
carta credencial, de elocuencia y significacion singu-
lares, fu6 ratificada con tiernas expresiones dirigidas
a cubanos de finisima ley.
De las excelencias de su discipulo habl6 reiterada-
mente Marti a patriots probados. A Serafin Sanchez:
"Y a todo con mi muy noble Gonzalo." A Paulina y
Ruperto Pedroso: "Alli les va otro hermano, y ustedes
saben que yo s61o llamo asi a quien tiene ancho y puro
el coraz6n. S61o horas estara en Tampa, la primera
vez; mimenlo. Estamos en horas de much grandeza
y dificultad, y 61 va a un servicio glorioso. [... ] A
Gonzalo quibranmelo much; 61 tiene alma de pobre.
[... ] Diganme si no ven todo el fuego de Cuba en
sus ojos." A Pedro G6mez: "Ya, antes de que Gonzalo
de Quesada le present esta carta, se habri puesto usted
a seguirlo, con sus ojos de padre, y a bendecirlo, lo
mismo que a mi. Lo merezco, y 1l tambien. [...
Honra quien pide: es que cree en la virtud de aquel a









quien pide. Adi6s, y crea que lo quiere con orgullo, y
mas si me quiere bien a Gonzalo, su JosE MAiRT." Len-
guaje tan alto, y tan magnifico en su sencillez, recor-
daba el usado diecinueve siglos antes segdn el evangelio
del discipulo al que Jesus amaba.
Lo que en Cayo Hueso realize el discipulo a quien
Marti amaba fue digno de la fe que en 61 habia depo-
sitado su maestro. En tono pat6tico lo record Jos6
Manuel Carbonell, que pudo vivir los efectos inmediatos
del suceso. Gonzalo de Quesada habl6 a principios de
febrero de 1895, en el club San Carlos, a un auditorio
que ereia hallarse iluminado por relampagos. El orador,
con palabra y fuego de marca martiana, se refiri6 a
las armas acumuladas por la organizaci6n political que
su maestro dirigia. & D6nde estaban estos preciosos per-
trechos b6licos ? i Debia 61 descubrir el lugar en que se
guardaban? 1 Lo decia? No lo decia Ante la una-
nime negative de los que lo escuchaban, press de fre-
nesi patri6tico, el hijo spiritual de Marti arranc6
estruendosa ovaci6n con estas palabras:
-- Las armas estAn en la conciencia de cada uno
de vosotros!
Los emigrados cubanos residents en Cayo Hueso
ya no podian dudar de que el personero de Marti me-
recia bien de la confianza extraordinaria de que se
encontraba investido. Con los ojos anublados por la
emoci6n debieron de oirlo las buenas mujeres que alli
mismo, tras escuchar a Marti por primera vez, le habian
regalado una cruz.
.*

Ya se movia Marti en torno a aquello que conside-
raba como p6rtico de un gran deber. No apartaba su
pensamiento del discipulo a quien amaba. Mientras
mvs se acercaba a Cuba mayor era su necesidad de









comunicarse con el depositario de su confianza y sus
secrets. El recuerdo del generoso y eficaz colaborador
calmaba la sed del atormentado.
Para tratarlos como a hermanos -hermanos que-
ridisimos- Marti junt6 al nombre de Gonzalo de
Quesada el de Benjamin J. Guerra. Desde el aposta-
dero antillano que era Montecristi, en la Repuiblica
Dominicana, Marti dijo a Quesada y Guerra al saber
que en Cuba habia estallado la lucha necesaria: "Abra-
c6monos en el dintel, y querAmonos ahora mAs que
nunca. Lo hemos hecho, y aun nos parece suefo.
Recio, pues, y sin noche, sobre las mismas lines: ca-
ridad, energia y vigilancia. [...] Arriba, sin cesar,
con alma celadora y humilde!" En otra hora de emo-
ciones, en las de la conclusion del manifiesto de Mon-
tecristi, para ambos hermanos ausentes sali6 esta ex-
pansi6n afectiva: "Bien saben los dos que son como
porciones propias mias." Al acercarse al suelo de Cuba,
sintiendose creido, 61 les comunic6: "No puede ser que
pasen initiles por el Mundo la piedad incansable del
coraz6n y la limpieza absolute de la voluntad. Quiero,
y veo con creciente ternura, el sacrificio pleno y sencillo
que me acompafia. No quieran que able. Me aver-
giienza, y no s6. Los llevo conmigo." Ya en Cuba, en
carta postrera para los que eran como hermanos ge-
melos, la despedida fue asi: "Adi6s del alma." La-
grimas de ellos cayeron sobre las hojas de papel en que
aparecian frases tan entrafiables y conmovedoras.
La fraternidad quedaba eclipsada en la conjunci6n
con la paternidad cuando Marti pensaba en la que 41
sentia en si respect de Quesada. El triste, con el pie
casi en el barco que habia de conducirlo a Cuba, pens6
en la vida larga de su pensamiento. En los moments.
de reordenar sus prop6sitos acerca del fundamental de
poner juntos sus papeles, y ponerlos juntos despu6s de









su transito, encomend6 esta labor a Quesada, quien
-seguro de ello estaba el testador literario- la reali-
zaria de puro hijo.
La afecci6n del padre spiritual no estaba limitada
al hijo. Desde lejos, mientras su afan crecia en torno
a la empresa de hierro y sangre que se reanudaba en el
suelo patrio, Marti escribia palabras que traducian sus
querencias por la familiar de Quesada. Cuil era el
estado de animo de Angelina, la esposa adorable, y de
Aurora, la fina flor de la casa, y de Luciana Govin, la
matrona que era su noble amiga, y de Ram6n L. Mi-
randa, el doctor sincere y hospitalario ? Esclavo se con-
sideraba de la casa que lo habia cobijado en dias duros.
I No lo sentian en ella, apegado, present, resuelto a no
irse? Si volvia para nuevas luchas, debian recibirlo
con una sonrisa. Si no regresaba, seria hora de ensefiar
a la nifia a que juntase sus manecitas para que restitu-
yese a los cobardes el valor y reuniese a los hombres en
la paciencia y la piedad. En medio de tanto carifio
reaparecia lo m's dulce entire maestro y discipulo: para
el maestro el discipulo era nada menos que su hijo
Gonzalo.
La enternecedora despedida a los hermanos queri-
disimos, Gonzalo de Quesada y Benjamin J. Guerra,
decia much: "Adi6s del alma." Estas palabras eran
trasunto de las que llevaba como escritas en el coraz6n.
Gonzalo de Quesada, en siendo dirigida a 61 solo la
epistola, merecia otra frase: "Adi6s al hijo." Al hijo,
y no al hermano, Marti dijo adi6s cuando le pedia que
de 61 se acordase mas que nunca, porque entonces, mis
que nunca, vislumbraba el pr6ximo trinsito de su vida.
*
La noticia de que Marti no volveria en cuerpo al
seno de los suyos atraves6 como dardo envenenado los
corazones de aquellos que mas lo amaban. La aflicci6n








oscurecia sus mentes. Al suceso del 19 de mayo de 1895,
que hizo c6lebre el campo de Dos Rios, dedic6 un nl-
mero Patria, el peri6dico publicado por los cubanos en
Nueva York. Dos plumas estuvieron entonces parali-
zadas por infortunio extreme: las plumas de Gonzalo
de Quesada y Benjamin J. Guerra. Ambos confesaron
piblicamente su incapacidad para escribir unas lines
de reverencia al mArtir, de entrafiable recuerdo al
maestro y al amigo: preferian seguir encerrados en el
solemne silencio anejo a los grandes dolores.
Para el hijo por el espiritu la pena parecia inex-
tinguible. El silencio continuaba siendo largo. 86lo al
cabo de muchos meses, en alta hora de la noche en que
se iniciaba el dia de su cumpleafios, en 1895, pretendi5
salir del mutismo. Asi y todo, el intent se produjo en
la mayor intimidad, en una pagina dedicada exclusiva-
mente a las nobles mujeres de su casa. Se sentia sobre-
cogido por el recuerdo del aniversario anterior. Unica-
mente lo reanimaba la creencia de que veia a su maestro,
tan orgulloso de su discipulo, del discipulo amado.
Mientras el discipulo amado no acertaba a encontrar
el camino de la consolaci6n -de tanta dimension era
su adversidad- seguia fiel a las ensefianzas de su
maestro. Otros apreciaban en 61 la marca de su inva-
riable adhesi6n a ellas. El Consejo de Gobierno, hechura
de Cuba libre, reconociendo su capacidad patri6tica y
su aptitud intellectual, design a Quesada encargado de
negocios de la Repiblica en la ciudad de Washington,
la mis alta representaci6n diplomitica de los que man-
tenian la lucha emancipadora por Marti concebida y
desatada. Aristides Agiiero le record que su insigne
mentor habia sufrido por la patria com-in lo mas y lo
peor, hasta la infame calumnia, y que 61, Quesada, era
su discipulo inico. Ram6n Emeterio Betances tenia la
labor de Quesada en Washington por cabal cumpli-









miento de las instrucciones provenientes del inolvidable
organizador de la independencia de Cuba.
El plenipotenciario de Cuba libre en los Estados
Unidos afront6 situaciones dificilisimas. Su actuaci6n
se destac6 en los esfuerzos que culminaron en la reso-
lucion conjunta del Congreso sancionada por el presi-
dente McKinley el 20 de abril de 1898. A la tarea del
diplomitico se sum6 el empefio del escritor. Su libro
Free Cuba fu6 como la anticipaci6n del reconocimiento
de la emancipaci6n de su pueblo por las naciones juri-
dicamente constituidas, maximo suefio de aquel de quien
era discipulo amado.


La transformaci6n political de Cuba, por lo mismo
que pasaba por el period de transici6n que fu6 la
intervenci6n military estadinense, tuvo much de dolo-
rosa. El hijo spiritual de Marti se mostr6 incansable
en el afan creador, y sufri6 incomprensiones, injusticias
y amarguras causadas por compatriotas suyos. Pero 61
habia aprendido en la mejor de las escuelas que en
aquel tiempo la patria era agonia y deber.
Quienes pensaban seriamente en la urgencia de
elevar la vida cubana sobre bases s6lidas solian dirigirse
a 61, seguros de encontrar amparo y aliento. Tomas
Estrada Palma trepidaba ante peligrosas tendencies
que se insinuaban en los Estados Unidos respect del
porvenir politico de la Isla, y reclam6 el buen juicio
y el influjo moral de Gonzalo de Quesada para que no
fuese torcida la justicia de las palabras oficiales que
habian declarado que Cuba era libre e independiente de
hecho y debia serlo de derecho. Jos6 Antonio Gonzalez
Lanuza observaba p6simos sintomas en las determina-
ciones relatives a la provision del obispado cat6lico de
La Habana,y apel6 al patriotism y a la autoridad de









Gonzalo de Quesada para lograr que la Iglesia no des-
conociese las virtudes del clero criollo. En los avatares
de la patria nueva se tenia present a aquel a quien
Aristides Agiiero habia llamado discipulo uinico de
Marti.
La construcci6n political ideada por Marti, sometida
a dilaciones y pruebas que sembraban la desconfianza
y la tristeza en los patriots, necesitaba energicos cela-
dores. El discipulo amado no dejaba de serlo en mo-
mento alguno. Pero este afan, gravido de desazones,
no enervaba la acci6n correspondiente a la funci6n de
albacea literario que le venia impuesta por conmove-
dora decision de su maestro. El hijo comprendia que,
sobre ser obligatorio para 61 cuidar y exhumar los pa-
peles de su padre spiritual, de esto dependian en
grandisima parte su gloria y la perpetuidad de su obra.
En medio del fragor de pasiones e inquietudes, el 19 de
mayo de 1900, Gonzalo de Quesada empez6 a cumplir
sus deberes de testamentario con la publicaci6n del
primer volume de los escritos de Marti. Lo hizo en el
quinto aniversario de la consagraci6n heroica de su
mentor con el anhelo de que sirviese de piedra angular
del monument que habian de levantarle su admiraci6n
y su gratitude.
El discipulo habia roto el sileneio producido por la
trAgica perdida de su maestro. Los elements de ca-
rActer permanent lamados a mantener viva la me-
moria del inclito var6n consistian en los frutos de su
capacidad creadora. Sus doctrinas se hallaban en su
obra literaria, vehiculo admirable de admirables ideas
political, sociales y econ6micas. El discipulo por Marti
amado ya avanzaba en el afan de difundir un nuevo
evangelio.









El poder interventor que regia en Cuba lo design
comisionado de la Isla en la Exposici6n Universal con
que Paris se despidi6 del siglo xix. Con aquel sentido
eminentemente practice y educativo de que habia dado
muestras desde su primera juventud, tan celebrado por
Marti, el Comisionado no se content con trabajar de
manera active y eficaz en lo que era de su natural in-
cumbencia. Su libro Cuba lI'Exposition Universelle
International de 1900 t Paris circul6 a modo de aviso
de que en las Antillas nacia un pueblo libre y soberano.
La political era tarea inexcusable para los cubanos
que habian acelerado el fin de la dominaci6n de Espafa
en America. Quesada asumi6 la obligaci6n que en tal
sentido le correspondia. No se mostr6 reacio a former
parte de la Convenci6n Constituyente que debia re-
unirse, en La Habana, en noviembre de 1900. La pro-
vincia de Pinar del Rio quiso honrarse, y se honr6,
eligiendo delegado suyo al personero de Marti en dias
tormentosos. En la Convenci6n Constituyente 61 me-
reci6 bien de tan alto oficio.
La Repliblica iba a ser un acontecimiento feliz a
fecha fija. De nuevo Pinar del Rio di6 prueba de
cordura exaltando a Quesada, a quien hizo represen-
tante a la Camara. El 20 de mayo de 1902 llen6 de
emoci6n al hijo spiritual de Marti. Sin embargo, su
alegria ante el triunfo de su patria se hall mezelada
con la amargura derivada de las negaciones que lo
habian precedido por voluntad y culpa de politicos de
Washington. La ausencia de su maestro lo entristecia.
Era cierto que lo inquietaba el temor de que cayesen
en olvido o menosprecio las sanas y rectas doctrinas
por 61 aprendidas directamente en horas de fundaci6n
y sacrificio, cuando el Delegado, haciendolo Secretario,
con reiteraci6n lo habia llamado hijo.









Apenas dur6 su presencia en la CAmara de Repre-
sentantes. Los prestigious hist6ricos alcanzados al ser-
vicio de su pais determinaron su envio a Washington
como ministry plenipotenciario, el primer ministry ple-
nipotenciario de la Repiblica en la Uni6n. Estaba clara
una ejemplar y feliz continuidad. El habia sido el
hombre mis apegado a Marti en el Partido Revolucio-
nario Cubano y el encargado de negocios de la patria
libre en Washington. Ambos antecedentes, tan gloriosos
como singulares, pesaban demasiado para que no se
tuviesen en cuenta en la hora, inquietante y dificil, de
elegir, si de elegir con sabiduria se trataba, al cubano
llamado a estrechar relaciones y negociar seriamente
con un pueblo poderoso al que el suyo no debia desdefar
por initil jactancia ni someterse por economic de de-
sazones.
En Washington la tarea del ministry de Cuba no era
facil. Quesada la asumi6 y mantuvo con dignidad para
si y para su pais. Supo sacar excelente partido de los
respetos de que alla gozaba. Con su conduct los sostuvo
e increment. Sirvi6 a Cuba negociando el tratado Hay-
Quesada, por el que los Estados Unidos reconocieron
en principio los derechos de su naci6n sobre Isla de
Pinos. Otras prestaciones le debi6 su pueblo por en-
tonces: su libro Handbook of Cuba, su labor en la
Segunda Conferencia Internacional Americana, cele-
brada en Rio de Janeiro, y los esfuerzos titgnicos que
realize, aunque sin exito dichoso, para evitar en 1906
el eclipse de la Repiblica, golpe terrible para quien
jams olvidaba que era plenipotenciario de la patria
de Marti.
De la fidelidad y el denuedo que puso en su pleni-
potencia en Washington hablaron actitudes ajenas y
propias. S61o conociendo sus elevadas calidades mo-
rales y civicas pudo dirigirse a 61 Theodore Roosevelt,









como president de los Estados Unidos, en el tono,
henchido de respeto y admiraci6n, que emple6 con mo-
tivo de la crisis cubana de 1906. S61o un ministry de
acrisoladas virtudes fue capaz de conservar la alta con-
sideraci6n que le era guardada en los Estados Unidos
mientras en Cuba las instituciones propias, por into-
lerancia y soberbia criollas, se hallaban en manos ex-
trafias. S61o un carfcter como el suyo estuvo detras
de aquellas viriles palabras, dirigidas a uno de sus
paisanos preeminentes, segin las cuales nunca seria 1l,
el representante de la patria de Marti en la de Lincoln,
el que fuese a preguntar a la Casa Blanca o al Depar-
tamento de Estado a quin se queria alli para presi-
dente de Cuba.
*

Los que recordaban la educaci6n norteamericana de
Quesada y las preeminencias sociales con que era dis-
tinguido en los Estados Unidos, y no su genuina filia-
ci6n martiana, se permitian creerlo aficionado a pasar
por complacencias dafiosas para el cr6dito e interns de
su pais en su gesti6n diplomatica y en sus posturas en
la political international. Con firmeza y cautela, con
no menos firmeza que cautela, 61 fu6 poniendo de mani-
fiesto el altisimo concept que tenia de su misi6n.
En 1907, en La Haya, represent a Cuba en la
Segunda Conferencia Internacional de la Paz. De alli
sali6 su obra Arbitration in Latin America. Un vene-
zolano insospechoso de flaqueza respect de la political
de los Estados Unidos en los paises situados al sur del
Rio Grande, Rufino Blanco-Fombona, expuso opinions
de inusitado valor. Segfin 1, Quesada, poseedor de sin-
gulares titulos al afecto y a la admiraci6n de la America
latina -por su talent y por su devoci6n a Marti-
habia sido sefialado como yanc6filo no grato a la propia









America latina. Pero sus piginas sobre el arbitraje no
dejaban dudas acerca de su condici6n de discipulo cabal
de aquel que figuraba entire los mAs altos valores repre-
sentativos del medio globo de San Martin y Bolivar.
Expresi6n viril de su conduct en defense de los
intereses cubanos en los Estados Unidos venia siendo
la que hacia de la soberania de Cuba sobre Isla de
Pinos. El tiempo pasaba, y, en no escasa media por
las dificultades internal de la Repiblica, el tratado
Hay-Quesada no era aprobado por el Senado de la
Uni6n. Como para mantener en vigor las razones que
habia usado en una negociacion en la que le corres-
pondia la mejor parte, escribi6 y edit6 Los Derechos de
Cuba a la Isla de Pinos. Estas paginas constituyeron
nueva prueba de la diafanidad y firmeza de los proce-
deres del patriota y estadista.

A raiz del cambio politico coincidente con la resu-
rrecci6n de los 6rganos constitucionales de la Repiblica
dej6 Quesada de representar a Cuba en Washington.
Su dominio de los asuntos internacionales le permiti6
mantenerse al servicio de America con brillantez. La
pericia exhibida en el arbitraje entire Venezuela y los
Estados Unidos con motivo de la reclamaci6n suscitada
por una empresa naviera norteamericana, en una epoca
envenenada por los excess del imperialismo, fu6 con-
secuencia del equilibrio de su mente, de su capacidad
juridica y de su autoridad moral. En esta gestion 61
reverdeci6 los laureles que habia cosechado Marti como
agent de naciones hispanoamericanas en la Uni6n.
El president Jose Miguel G6mez puso empefio en
que quien habia sido su compafiero en la Convenci6n
Constituyente aceptase la jefatura de una de las mi-
siones de la Repiblica en Europa. Y express algunas
ideas importantes en torno a semejante prop6sito. Abri-









gaba el deseo de desarrollar al otro lado del Atlantico
iniciativas enderezadas a establecer relaciones capaces
de atenuar la casi exclusive influencia econ6mica que
en la Isla tenian los Estados Unidos. El lamado a
conducir la nueva political era Quesada, que tan en
provecho del pais habia actuado siempre. Quesada debia
continuar en Europa lo que habia adelantado en Ame-
rica. Cualesquiera que fuesen los fundamentos reales
de este designio, al cabo consumado, lo cierto era que
el discipulo de Marti, por la forma en que seguia las
ensefianzas de su maestro, descollaba entire los legados
de la Repiblica.
En la Tercera Conferencia Internacional Ameri-
cana, reunida en Buenos Aires, y en Alemania, su
nuevo destino como ministry plenipotenciario de Cuba,
continue honrando el nombre y sirviendo los intereses
de la Repiblica. En aquel tiempo, como antes; se em-
pefi6 en desarrollar una acci6n externa dirigida a sacar
su misi6n de los estrechos limits de la rutina. A tal
prop6sito respondi6 la publicaci6n de su libro La Patria
Alemana. No admiraba el Imperio por su ferrea orga-
nizaci6n: lo admiraba por sus conquistas en la ciencia,
en la industrial y en el comercio, conquistas superiores
a las victorias de sus armas.
Escribi6 La Patria Alemana, siguiendo un bello
hfbito de su carrera diplomatica, con animo de aplicar
reglas que su maestro inolvidable habia trazado en sus
mejores epocas de creaci6n. Notable fu6, por ejemplo,
el caso de que en paginas sobre Alemania destinadas a
circular por la America de habla espafiola aprovechase
la mas ligera circunstancia para rendir tribute a la
calidad sin par del tabaco coseehado en Vuelta Abajo
y elaborado por manos cubanas. Asi trabajaba un
eximio ministry de la patria de Marti.









En medio de azares politicos, de triunfos diplomf-
ticos y de sinsabores naturales en toda humana exis-
tencia, lejos del suelo patrio el cuerpo, pero present
ac4 el espiritu, el discipulo por Marti amado no olvid6
que su maestro, casi en trance ag6nico, le habia llamado
hijo y dado con cardcter exclusive un grave encargo.
Aquel que pensaba que en la cruz debia morirse todos
los dias le tenia encomendada la tarea de cuidar las
producciones de su mente, ordenarlas y divulgarlas. El
fiel seguidor comprendi6 que su trabajo le deparaba
honra ins6lita, de tanto valor como un evangelio, el
evangelio de un mundo sin resentimientos ni odios.
El pensamiento y la palabra del padre entraban en
el conocimiento s6lo de contadas personas cuando el
hijo por el espiritu acometi6 la empresa que le estaba
impuesta en clausulas testamentarias de ineludible cum-
plimiento. Con fuerzas morales que se sobreponian a
la general indiferencia, perdonando y olvidando des-
vios, el noble albacea literario iba difundiendo el cono-
cimiento del guia dulce y bueno. A lo largo del nuevo
siglo, el siglo en cuyos albores se afirm6 en Cuba la
Repuiblica, aspiraci6n capital de Marti, el discipulo
por 61 amado fu6 acopiando, ordenando y dando a la
estampa prosas y versos del egregio fundador.
De su amor a Marti hablaban sus hechos, asi pi-
blicos como privados. El hijo spiritual de Marti queria
para el de su sangre lo mejor y mis acendrado. En
Berlin, en un dia de previsiones, pensando que podia
en cualquier moment dejar de alentar en la Tierra,
coloc6 preciosos manuscritos en una carpeta y escribi6
en un papel puesto sobre ella: "Cartas de Marti a
Gonzalo de Quesada. Estas cartas serin para Gon-
zalito." Lo que su maestro, su hermano entraiable, su
padre por la ternura y la confianza, todo en una pieza,
le habia confiado, en horas de prueba y fundaci6n, que-









daba para el llamado a sucederlo en la ejecuci6n de
disposiciones de iltima voluntad que al cabo de muchos
afios estremecian adn el coraz6n.
Un testigo habia de las precauciones que corrian
parejas con las ansias que alumbraban nuevos voli-
menes de escritos de Marti. Era tierno allegado mas
que puntual secretario. Jos6 Francisco Campillo, ar-
tista del pincel y de la idea, solia quedarse como pas-
mado en la contemplaci6n de los movimientos de aque'
que de la vida le mostraba lo menos aspero. Observaba
mas: observaba la dulcedumbre de una faz Uena de
luz y gracia, tan llena de luz y gracia que nunca podria
apartarse de sus pupilas.
*

Al1 por los cuarenta y cinco afios de su edad aco-
meti6 a Quesada penosa enfermedad. Los m&dicos le
prohibieron todo esfuerzo y lo enviaron a la montafa.
En los Alpes tiroleses 61 recobr6 pocas fuerzas. Lleg6
a sentirse, en el cumplimiento de sus deberes oficiales,
sin esperanza de mirto ni laurel. Con el coraz6n flojo,
pero constant, pudo entregarse al agridulce goce de
recuerdos hondos.
Por su mente desfilaban los recuerdos que mas
unido lo tenian a su maestro. En una tarde triste del
iltimo invierno de su vida terrenal, pr6ximo ya el
moment de las decisions graves, Marti, en un triunfo
de la bondad sobre la modestia, accediendo a persis-
tentes instancias, le habia entregado en unos recortes
de La Nacion, de Buenos Aires, envueltos en un ejem-
plar de Patria, escritos dignos de ser reproducidos.
Luego, desde el camino que lo conducia al sacrificio
cruento, lo habia nombrado su albacea literario. El
testamentario habia empezado a cumplir sus deberes
con amor apenas correspondido por sus compatriotas,









reacios a percatarse de la grandeza intellectual del li-
bertador. En los infortunios nacionales habian sido
olvidados sus anhelos de conciliaci6n, sus consejos de
fraternidad, su doctrine de sacrificio, la sublime ense-
fianza de su muerte. El meritisimo Jose Francisco
Campillo, con una fervorosa cooperaci6n en la tarea
de obtener y ordenar producciones del progenitor espi-
ritual, habia tenido que consolarlo reiteradamente en
la soledad determinada por los que poseian y no daban,
por los que podian y no hacian. Con fidelidad habia
conservado el hAbito de rendir el tribute filial echando
a volar las ideas esenciales y practices del fundador
Ilamadas a acelerar y consagrar el triunfo definitive
de la naci6n cubana. Fresca estaba en su memorial la
emoci6n con que habia acompafiado a su Ismaelhllo, de
rodillas, a colocar, junto a la bandera, un ramo de flores
en el piadoso monument levantado en el cementerio de
Santiago de Cuba al martir de Dos Rios. i Se le afearia
que incluyese en uno de los volfumenes de las obras de
Marti el pr6logo de Mi Primera Ofrenda, prueba de
afecci6n tiernisima de padre a hijo
Por muy entero que se mantuviese el Animo, la
flaqueza del cuerpo era un constant toque de alarma.
La flojedad fisica, en medio de espantosa conflagraci6n
europea, lo hacia sentirse sin aliento ya para much
y sin mas sost6n para el espiritu que el imperecedero
recuerdo de su maestro. Palabras que hablaban de esto
escribi6 61, en Berlin, el 8 de enero de 1915. El disci-
pulo objeto de notorias predilecciones trabaj6 aquel dia
entire papeles y remembranzas que le permitian career
que se hallaba recostado, una vez mAs, sobre el pecho
de quien tanto y tan conmovedoramente lo habia pre-
ferido.
En el constant desasosiego por adelantar la publi-
eacion de las obras del maestro y padre, y por conducir







33

con los fulgores de su espiritu la adolescencia de su
hijo y la juventud de su allegado, y por ensefiar c6mo
se difundia el evangelio de un mundo sin resentimientos
ni odios, Gonzalo de Quesada y Ar6stegui fue sorpren-
dido, en edad aiin temprana, el 9 de enero de 1915, en
Berlin, por la visitaci6n de la muerte. A semejanza
del abanderado que cayera abrazado a su bandera, hasta
el fin 61 estuvo asistido por la inefable memorial del
mejor de los hombres que habian entrado en su vida.
Con este var6n excelso, en el seno de la eternidad, se
reunia ya el discipulo amado.























































ACABOSE
DE IMPRIMIR ESTE
DISCURSO
EN LA JIMPRENTA
"EL SIGLO XXI
BRASIL, 153-157
E LA HABANA
EL DiA 14 DE DICIEMBRE DE
OMMXLVII
















PUBLICACIONES

DE LA

ACADEMIA DE LA HISTORIC DE CUBA



I. MEMORIAS (desde la fundaci6n de la Academia, en 1910, hasta
el afio 1932, en que dejaron de publicarse).

II. DIscURsos DE RECEPCI6N de los sefiores Acad6micos de nuimero.

III. TRABAJOS DE INGRESO de los sefiores Acad6micos correspondientes.

IV. DIscURsos INAUGURALES de las labores acad6micas.

V. OTROS DISCURSOS.

VI. ANALES.

VII. ELOGIOS de los sefiores Acad6micos de niimero fallecidos.

VIII. OTRAS OBRAS.


En el Anuario de la- Corporaci6n se public el catdlogo porme-
norizado, por secciones, de las obras editadas por la Academia.




COMISION DE PUBLICACIONES:

Dr. Jos6 Maria Chac6n y Calvo
Dr. Jos6 Manuel .Prez Cabrera

















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A. ~i.





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