• TABLE OF CONTENTS
HIDE
 Front Cover
 Title Page
 Inicial
 La Dificil Unidad
 Mito e intimidad
 El Quilate-Rey
 Señorio y obediencia del desti...
 Ciencia de la necesidad y...
 Santidad y heroismo
 Universalidad de lo cercano
 Estrategia y revolución
 La Prueba del Fuego
 La Fuerza sin Edad














Group Title: Maceo : lider y masa
Title: Maceo
CITATION PAGE IMAGE ZOOMABLE
Full Citation
STANDARD VIEW MARC VIEW
Permanent Link: http://ufdc.ufl.edu/UF00074072/00001
 Material Information
Title: Maceo líder y masa
Physical Description: 43 p. : ; 20 cm.
Language: Spanish
Creator: Marinello, Juan, 1898-1977
Publisher: Editorial "Páginas,"
Place of Publication: La Habana
Publication Date: 1942
Edition: 2. ed.
 Subjects
Genre: individual biography   ( marcgt )
non-fiction   ( marcgt )
 Notes
Statement of Responsibility: por Juan Marinello.
General Note: "Ensayo que ... fué publicado hace algunos años, como suma de notas polémicas, en el libro de Leonardo Griñan Peralta sobre Antonio Maceo."--p. 3
 Record Information
Bibliographic ID: UF00074072
Volume ID: VID00001
Source Institution: University of Florida
Rights Management: All rights reserved by the source institution and holding location.
Resource Identifier: aleph - 000084549
oclc - 23588697
notis - AAJ9893

Table of Contents
    Front Cover
        Page 1
        Page 1a
    Title Page
        Page 2
        Page 3
    Inicial
        Page 4
    La Dificil Unidad
        Page 5
        Page 6
        Page 7
        Page 8
    Mito e intimidad
        Page 9
        Page 10
        Page 11
        Page 12
        Page 13
        Page 14
    El Quilate-Rey
        Page 15
        Page 16
        Page 17
        Page 18
    Señorio y obediencia del destino
        Page 19
        Page 20
    Ciencia de la necesidad y del sentimiento
        Page 21
        Page 22
        Page 23
        Page 24
        Page 25
    Santidad y heroismo
        Page 26
        Page 27
        Page 28
    Universalidad de lo cercano
        Page 29
        Page 30
        Page 31
        Page 32
        Page 33
    Estrategia y revolución
        Page 34
        Page 35
        Page 36
        Page 37
    La Prueba del Fuego
        Page 38
        Page 39
        Page 40
        Page 41
    La Fuerza sin Edad
        Page 42
        Page 43
Full Text








MACEO:

LIDER Y MASA





Juan Marinello






2% EDICION

EDITORIAL "PAGINAS"
LA HABANA, 1942


17?6
i .154
194?


i
r-
i-




















-'EX LIBRJIS
UNIVERSITYY of 'FLORIDA





LATI11








coi I po I
ES VOL IE lAPS BUE


if;R




LIBRERIA ARROYU LUIMAR
VENTA CANJE COMPRA TEXTOS
OCUIENTOS-LIBROS PARA OLECCIONISTI
JACKSON 1263165


MACEO


LIDER Y


MASA


Juan Marinello


DISTRI1BUIP ORES
"AM ER CA"
EDUARDO ACEVCDO 1450
U.T.E. 4 9 f .,3 ntevideo

2k EDICION


EDITORIAL "PAGINAS"
LA HABANA, 1942
Librerla & Distribuidora Universal
Ediciones Universal
3090 SW 8th Street
Miami Florida 33135
642-3234






















LATIN
S'En rCA



A

Maria Josefa Vidaurreta


TI'POGRAFiA "FLECHA" LUYAN6 13, LA HABANA TELF. X-3476















INITIAL

E' ensayo que sigue fui publicado hace algunos aifos, como
suma de notas polimicas, en el libro de Leonardo Grindn Peralta
sobre Antonio Maceo. Posteriormente, la Hermandad de los
J6venes Cubanos hizo una edicion popular, del todo agotada.
En los iltimos meses he recibido buena cantidad de solicitudes
interesando el envio de este ensayo. Ello me ha sido real alegria,
no porque estime en much mi meditacion score el hiroe sino
porque dice nitidamente c6mo crece con el tiempo el interest por
conocer su vida excepcional.

El studio de la existencia de Maceo y de su profunda signi-
ficaci6n revolucionaria sera siempre en mi preferencia y de-
vocion. Quisiera aiadir a estas conclusions de otros dias
observaciones nuevas. Pero ello pide un tiempo del que no dis-
pcngo boy. Y como no contradecirian esencialmente lo que
entonces escribi, es aconsejable que lo dicho quede sin adicidn
ni retoque.
Las precisiones definitivas que Maceo estdi exigiendo han de
tener por basamento los aportes que de buena fe se hayan ido
acarreando a lo largo de los dias. Ojala esta reedici6n logre
avivar un interest ya ostensible y colaborar en grado minimo a
la estimacidn perfect. Sea cual fuere la media final, la gran-
deza de Antonio Maceo es incambiable y sin mudanza su rango
impar entire los hombres primeros de America. Y estas paginas
no son mds que un eco emocionado de esa grandeza.

La Habana, diciembre de 1942.
J. M. V.

















Maceo, lider y masa

LA DIFICIL UNIDAD

La historic de Cuba ofrece at buceador de caracteres un obs-
tAiculo de much cuantia: la condici6n arquetipica de sus grandes
hombres. Ninguna tierra de America ofrece vidas tan fieles a
su impulso centrico. Luz y Caballero, el maestro, Heredia, el
poeta, Marti, el ap6stol, Maximo G6mez, el caudillo, Agramonte
el adalid, Maceo el heroe... Cada uno una palabra, una virtud:
la austeridad, la inspiraci6n, el sacrificio, la energia, la pureza,
el valor. Estan estos hombres tan fieramente adheridos a su
destino que no los marca su conflict. Han resuelto por el solo
hecho de existir la encrucijada vital. Llenan tan cumplidamente
su molde heroico que no queda espacio para la huella del anda-
miaje. Parece como si ellos mismos, semidioses, hubieran trazado
sin vacilaciones las lines de sus vidas, como si desde la nifiez
hubieran tenido la revelaci6n de sus raros oficios. Para descubrir
la perfect unidad no hay mas que acercarse, en la adolescencia
o en la madurez, al tono de estos hombres, a su voz. Don Pepe
dari siempre esa habla mansa y tremula de virtuoso del dolor
que es toda su vida y toda su filosofia; Heredia, el grito empe-
nachado o la queja cobarde-sin media, desmesurados-, que
tocan a un poeta de su tiempo. Todo Marti esta en la calidez
cordial de sus arengas redentoras. A Maiximo G6mez, aun cuando
acaricie, le saldra la voz malhumorada y tajante, ronca de mandar.
La voz de Agramonte nos llegari siempre, en la primera carta
a Amalia, en la orden del rescate, en el ap6strofe a CUspedes,










en la agonia de Jimaguayi, como viniendo de un mundo en que
los hombres creen lo que dicen. La de Antonio Maceo es la
voz serena, estricta, que ni se alza ni se resigna ni se muda porque
no puede sonar sino como suena, con el tono de su imperio
heroico.
Cuando los hombres son unidades enteras, cerradas, regidas
por su propio camino quedan excluidas zonas del mayor signi-
ficado biogrifico. La pelea entire la conciencia y el pecado, el
espanto de la caida, el torcedor del remordimiento, el ademin
desesperado por desenredarse la tentaci6n, serin siempre de-
seados especticulos. El hombre de todos los dias, el que tiene
hecha la vida de abortos y concesiones, de suefios decapitados
y abstenciones rencorosas, se toca a si mismo en estos altibajos.
El conflict producido en el espiritu de un grande hombre im-
porta a muchos por la obra a que se enfrenta la personalidad
excepcional o por la maestria con que el conflict queda dicho.
Pero desde adentro, desde nosotros, una tragedia no es mayor
que otra y ninguna tiene el tamaiio de la propia. El hombre
moliente, para quien se escriben las biografias, sube su conflict
a la escala heroica; con ello justifica un poco su vida y se siente
intimamente consolado de su modestia: tambien las vidas grande
tuvieron como la suya trechos sin luz y recodos deleznables.
Pero no esta todo en el oculto gozo resentido. Es que el heroe
nos Ilega por su punta mis cercana, es que la imposici6n violent
y total de su grandeza, aparte despertar resentimientos, nos
agobia con su extranjeria. Precisamos de rodeos exploratorios,
de sendas transitadas, para llegar sin cansancio ni deslumbra-
miento a las alturas sefieras. El viejo Arist6teles dijo una verdad
vitalicia al afirmar que las cosas diferentes se distinguen en lo
que se parecen. Entendemos mejor al heroe por lo menos heroic,
Ie Ilegamos al tuitano egregio por lo que tiene de nosotros.
La necesidad de comprar la atenci6n por esas vias cercanas ha
movido a los historiadores de espiritus hacia dos tipos de bio-











grafia, polos de un eje entrafiable: la que registrar una actividad
extensa y cambiante distendida en desbordamiento tumultuoso
y la que, anotando un desasosiego sin final, nos mete en la
simpatia de un ansia fracasada. La primera es novela, espec-
taculo. La segunda es lirismo, confesi6n. En Miranda nos sen-
timos espectadores de un film de episodios sorprendentes: uni-
formes incandilados, cargas flamigeras, alcobas para el amor
escenografico, asambleas aciclonadas, consagraciones deifica-
doras, fracasos irredimibles, ebriedades de mando y terrores de
calabozo... En Rousseau somos nosotros mismos la material bio-
grafiada, nos hallamos en su pecado y en su virtud: al final
agradecemos la piedad del seud6nimo. A Miranda, como a
Cellini-vidas especticulos-, los usamos como lentes para des-
cubrir la entrafia valida de sus tiempos. Con las grandes vidas
ansiosas-vidas confesiones-, nos une un ligamen fidelisimo.
En Juan Jacobo, como en Virgilio, Lope, Byron, Amiel o Charles
Luis Philippe, hay un impulse tenso que contagia y arrastra.
La insatisfacci6n, que en alguna media todos padecemos, nos
amarra al secret de estas existencia jadeantes. Cada esfuerzo por
acercar la realidad al pensamiento, por realizar el hombre querido
y pensado, nos envuelve con irresistible poder. Es que estos
hombres gemidores, al no veneer el puente de tragedies entire
"sus vidas" y "la vida", quedan de nuestro lado, lejos de la con-
sumaci6n heroica. En estos hombres sedientos no tocamos la
obra sino el intent. Su interns vital, su absolute biogrifico,
esta en el ademan con el que se prenden al piano inclinado de
sus horas en la fiera y dramitica acometida contra la circunstancia
empedernida. Por eso la anotaci6n de sus trayectorias es bio-
grafia verdadera, indagaci6n de una vida en toda su hondura,
en toda su grave desnudez. Aqui si que puede decirse que el
hombre es la media de todas las cosas. Como que es la media
de si mismo.











Estos dos tipos vitales nos satisfacen los dos mirajes esenciales,
la vision del hombre y la de nosotros mismos. El personaje de
actividad sobrenatural, de extraversi6n desalada y mudable,
inquieta la vida en torno y deviene, sin quererlo ni saberlo,
denunciador de actitudes y reactive de intenciones. En el estin
la enajenaci6n y el desplazamiento. La concesi6n inagotable de
si mismo le ahuyenta el crucero tragico porque el heroe nove-
lable lo es por su calidad transfuga, por ese vivir en los otros
y sobre los otros. El hombre de acciones ruidosas y brillantes
aclara lo que esta, en leguas o afios, distant de nosotros. Pa-
gamos este servicio con homenaje de atenci6n. Tambien lo
merece el espiritu cercado de angustias que no ve las cosas sino
a trav6s de su pecho conturbado: su incapacidad de concesiones
nos ensefia caminos intimos que apenas sospechabamos, nos en-
trega claves para nuestra propia explicaci6n, nos da el color.
de torturas inconcretas, nos enriquece de sabidurias rec6nditas.
Pero, si la vida de nuestros grandes hombres es ese vuelo terco
e indefectible que dijimos, ino se produciran en su trayectoria los
roces lancinantes responsables de los brillos sangrientos? iNo
faltarAn asas por donde tomar esas existencias perfectas? No.
La grandeza viene de la excepcionalidad, de la distinci6n radical
con el grupo a que se pertenece, pero tambien de la lealtad a ese
grupo. Por eso toda grandeza verdadera tiene un continent
trigico y es un debatirse entire el impulse que nos viene de lo
circundante y el impetu por sobrepasarlo. Ese forcejeo por una
lejania hecha de contacts determine el angulo heroico. Lo que
ocurre es que nuestras individualidades cimeras poseen tales po-
tencias que forcejean y matan bajo sus capas sin que se les cambie
la mirada ni se les altere el pulso. Las cicatrices de la pelea son
tan hondas como en los grandes pecadores o en los grandes
agonistas porque la conciencia de su destiny y el peso de su
responsabilidad nunca duermen en estos hombres. Llegar al
borde de estas heridas es incursi6n dificil; tocarles el fondo la












mis riesgosa cirugia. Lo que esti diciendo que ningun modo
de exploraci6n seri ocioso para palparles el rev6s pudoroso.
Nuestro bi6grafo ha de aprestarse a una labor de finisimas
cautelas. Ha de sorprender a nuestro lider en sus mis remotas ave-
nidas, ha de indagar su reacci6n desde la hondura del medio,
que hace y deshace al guiador, ha de sorprender la impronta
de la amistad, la herida del amor, el acento de mandar y obedecer,
la deliberada postura political y el gesto infraganti. Y todo ello
sin que el personaje se d6 por enterado, sin que pueda colocarse
a la defensive, sin que intent agravar, ante la buida vigilancia,
la intimidad abroquelada. Sepamos de una vez que nuestras
vidas de excepci6n son tesoros s61o asequibles a los buscadores de
rica y larga paciencia. Quien posea informaci6n, perspicacia y
don artistic para dirnoslas enteras, habri cumplido una hazaia
impar: traernos los resorts sutiles y fuertes que sostuvieron la
unidad eficaz, revelarnos el escondido secret de hombres que
ardieron su ejemplaridad con fuegos subterrineos y darnos el
olor de sangres intimas, confundidas en el impetu redentor.

MITO E INTIMIDAD

Una vida es tanto mis mitol6gica cuanto menos intimidad
ofrezca. El mito, se sabe, pide lejania, piano distinto y superior
e invulnerabilidad que vaya desde lo inmortal a lo insensible.
Un dios ser~ siempre cosa impasible y eterna, ente perfect y
por tanto inmutable. Cuantas veces los hombres sefialan en otro
la calidad egregia, cuando llegan a sentirle como superaci6n de
la propia sustancia, comienzan a mirarle bajo especie de eter-
nidad; como si al cristalizar soberanamente el querer de muchos
se sumaran las vidas coincidentes, como si al mejorarse y afinarse
la savia de todos quedara defendida de la mutaci6n y de la
muerte.
Cuba ha parido tres hombres de superior grandeza; los tres
dados a la acci6n revolucionaria: Jos6 Marti, Miximo G6mez











y Antonio Maceo. Como en los tres se produce aquella fervida
vida y disparada unidad, como la masa los advierte un dia y
otro entregados-defendidos-, en la tarea grande, como no
les ve sino el gesto inusitado, les otorga a los tres talla mitol6gica.
Pero no en igual media y oportunidad. A Jos6 Marti lo sienten
las multitudes en sus iltimos afios de predicaci6n libertadora
como un hilito encendido y trashumante sin suefio ni descanso;
el mismo dia de su muerte comienza a flotar en una bruma
dulce y tierna como conviene a hombre que vivi6 deshecho en
los demis. Maximo G6mez, hombre de genio y de mal genio,
fue, al aquietarse los rencores que encresp6 su mando bronco,
una llama vieja y astuta consumiendo con maestria guerrillera
ejdrcitos innumerables. Antonio Maceo no necesita ni de la
madurez ni de la muerte para ser vital, centralmente, mitologia.
Mientras viven, de Marti se duda por su ausencia del 68 y su
tono lirico. De G6mez se conoce el rezongo. De Antonio Maceo
s6lo el batallar sin tregua ni derrota. Desde la Guerra Grande
cobra una rara virtud sobrehumana. Dentro y fuera de Cuba
deja de ser una criatura sujeta a la servidumbre corporal y a
las flaquezas del espiritu. Es, sobre su isla, sobre cada pulgada
de manigua, al cabo de todas las guardarrayas, un pecho henchido
de valor vitalicio y un brazo blandiendo un machete infalible.
Maceo es, para sus soldados lo mismo que para su admirador
europeo, la Revoluci6n Cubana. Hay un hecho que es el toque
de esa naturaleza peregrina: la reacci6n ante su muerte. Cuando
se derrumba en San Pedro nadie da cr6dito a la terrible desdicha.
De todas las bocas sale la misma raz6n absurda: ino puede ser!
Pasan los dias y la triste verdad se abre paso trabajosamente.
Un afio despues se refinen sus devotos en un sal6n ilustre de Paris
para recorder su grandeza. El orador asegura al auditorio que
Maceo no ha muerto en el campo de batalla sino a manos de
asesinos pagados por Espaiia... De frente, a campo abierto, no
pudo ser. Seria tanto como admitir qie alguien sobre la tierra







puede contra el heroe. Y ya se sabe que contra los series de
sustancia divina-Aquiles, Sans6n...-, pueden las tradiciones,
las artimafias, no los combatientes. Contra los dioses puede la
mentira, no la verdad, porque la verdad son ellos mismos.
La exaltaci6n deificadora era, por otra parte, cosa inevitable
en hombre de tan entrabado y armonioso heroismo. La huma-
nidad de Antonio Maceo--se ha meditado sobre este pro-
digio?-, ni rebaja ni desluce su mitologia; la explica y culmina.
Resiste, milite invencible que es, todas las acometidas al coraz6n.
Despues de meternos en e1 hasta lo nuclear, despubs de andarle
lo familiar y cotidiano, queda entero y limpio el perfil mitico.
Desentrafiemos su intenci6n y su pasi6n; cerqu6mosle de recelos
critics, pongamos guardia a su diilogo rec6ndito; seguiri
siendo el especticulo de la energia consciente en firme y acordado
ascenso; siempre significari, con virtud de simbolo, el impetu
de un pueblo y la acometida de dos razas. Ni el mas frio ani-
lisis puede nublar una realidad tan lejana de la habitual que
entra, por fuerza, en los linderos del milagro. Sabemos que la
carrera maceica es relidad pero reconocemos que el sentimiento
de lo milagroso se ha cuajado en los hombres por el acontecer
de realidades asi. Nacer de gentes grandes, ser bello hasta lo
perfect, poseer el arrojo al nivel de la serenidad, tener el do-
minio de los hombres y de si, hacer del amor una fuerza limpia
y eternizadora, conocer su grandeza y enfrenarla, ponderar su
gloria y ponerla en la obra, tener lo magnanimo en vigilancia
de lo fiero, levantar odios y amores inextinguibles, entender lo
pequefio sin distraerse de lo grande, lucir veintiocho cicatrices
y la salud entera, batallar todos los dias, vencer siempre, morir
de su obra en el instant en que la hermosura del cuerpo, del
espiritu y de la gloria llegan a lo mis alto, es cosa de hombres?
De much menos hicieron sus dioses los pueblos antiguos.
El perfil sobrehumano, deshumanizado, que hace de Maceo
mas que un hbroe el arquetipo de lo heroico, nace del equilibrio








en que se cuaja su unidad. No podemos frente a el, como frente
a otros hombres singulares, valernos de las zonas depresivas para
exaltar los moments culminantes ni sefialar a la simpatia emo-
cionada y cohonestadora la marca de "las tinicas consumidoras
del temperament y de la salud". Totalidad inalterable, en cada
trecho de su vida muestra Maceo la misma sustancia. El pasmoso
equilibrio tiene, como ya se ha indicado sagazmente, una incon-
movible base fisiol6gica; la acci6n de Maceo parece siempre una
proyecci6n natural y obligada de su triunfo fisico. Marti toca
mis hondo de lo que parece cuando en su estampa magistral
sobre el Lugarteniente halla similitud entire la linea de su pen-
samiento y la de su crineo. Su normalidad es un impulse que
anda desde su postura cauta y dominadora hasta la posesi6n
consciente, sin miedos ni vanidades, de su destiny heroico. La
robustez del cuerpo y del espiritu son tan consonantes en Maceo
que, embrazada una fe, jurado a una causa, no sufriri ni una
vacilaci6n ni una duda. Su sanidad lo hace impermeable al
desaliento. La afirmaci6n trascendente de su personalidad va
desde su pecho al coraz6n de los hombres. La fe en si es fe en
su gente, fe en los hombres. Un poco del sentido mitol6gico
-invulnerabilidad, inmutabilidad-, se le ha filtrado hacia
adentro. En medio de la mas riesgosa de las campafias describe a
su Maria: "Los espafioles no se cansan de enviar asesinos a que
me maten... pero todo es en vano... Tengo la seguridad de que
no me han de matar; vivir6 a pesar de mis enemigos..." La
pigina mas gallarda de su historic, la Protesta de Baragua, la
produce su fe inquebrantable en la capacidad revolucionaria de
su pueblo. Su postura frente al yanqui, llena de presentimiento
prof6tico, la dicta tambi6n la fe insobornable que es como la
proyecci6n indeleble de su categoria positive: "No quisiera que
nuestros vecinos tuvieran que derramar su sangre por nuestra
libertad, nos bastamos solos... Tampoco espero nada de los ame-
ricanos, todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir








o caer sin su ayuda que contraer deudas de gratitud con un
vecino tan poderoso... iA que intervenciones ni ingerencias ex-
trafias, que no necesitamos ni convendrian? Cuba esti conquis-
tando su independencia con el brazo y el coraz6n de sus hijos;
libre serA en plazo breve sin que haya menester otra ayuda...
No me parece cosa de tanta importancia el reconocimiento de
nuestra beligerancia, que, a su logro, hayamos de enderezar
nuestras gestiones en el extranjero, ni tan provechosa al porvenir
de Cuba la intervenci6n norteamericana como supone la gene.
ralidad de nuestros compatriotas. Creo mas bien que en el
esfuerzo de los cubanos que trabajan por la patria independencia,
sc encierra el secret de nuestro definitive triunfo..."
Esta energia sin resquicios, que va haciendo su camino como
un impulse de la Naturaleza, exige una interpretaci6n direct,
desnuda, impositiva, en que se palpe con sorpresa y hallazgo
su media entera. La realidad soberana de su presencia, su vo-
luntad trascendente cuajada siempre en gesto estricto y magistral,
lo hacen heroe escult6rico, no para la pluma ni el piricel. Maceo
pide tambien, como Bolivar, la dignidad estatuaria, pero no
como en el caraquefio por el sentido estetico ni el ansia impera-
toria sino por el derecho natural de su totalidad inmutable,
por un estilo olimpico que es la manera indefectible de su gesto
y de su fe. Muy lejano del caudillo de nuestras tierras, como
apunta Grifi~n Peralta, le es opuesto en el modo de vida y de
heroicidad. Lo que en otros anduvo definiendo la personalidad
es en 6l parte de su armonia. Ni s6lo temeridad primaria como
Paez, ni en el todo hombre de cuartel como San Martin. Todos
y ninguno. Las muchas dificultades embridadas con "la mano
de la cicatriz", los diversos talents sefioreados en el mejor cum-
plimiento de su acci6n.
Romper la armadura mitol6gica, estatuaria, de hombres como
Antonio Maceo debe de producer el mismo dolor que arrasar un
bosque para alumbrar el oro en su subsuelo. De ahi que se








precisen obreros incansables, reactivos inmunes a la emoci6n,
impenetrables a la simpatia y al contagio. De ahi que sean obli-
gados aqui los modos cientificos. Y no es que Maceo resista ni
impida la biografia artistic. Podria ser un triunfo de Ludwig,
Zweig, Lam, Maurois, Mehring o Strachey. Pero no podria serlo
sin contribuciones analiticas tan sabias y certeras como 6sta del
libro de Grifiin Peralta. No estimamos indiscutible cuanto en
este bello libro se asevera, pero nos parecen muy logrados sus
aciertos y creemos que ningin studio sobre el Lugarteniente
puede emparejirsele. Se realize en 1l una labor capital: al doblar
la iltima pigina poseemos lo que llama el autor con maestria
"un estilo de vida". Aunque no parece lo mejor que se sujete
el anilisis de un caricter a una sola norma magistral, es forzoso
reconocer que si alguna personalidad se aviene a ser calibrada
desde el angulo de Achille Delmas y M. Boll es la de Antonio
Maceo. La naturaleza de su actividad invita con efecto a la
definici6n afectivo-activa. Hombre de responsabilidades com-
plejas, situado por su condici6n de revolucionario y de mulato
en un crucero de acechanzas, recelos e inhibiciones, forzado a
poner en juego a cada instant artes de captaci6n y diques de
dignidad, solicitado por sus sangres voluntariosas y sensuales
hacia el triunfo facil y la brillantez efimera, lider emplazado
entire la conciencia pugnaz de su grandeza y la necesidad political
de la resignaci6n disciplinada, guerreador entero que, ante la
provocaci6n vil o la agresi6n a su piel, ha de enfrentar el pres-
tigio de su nombre con la necesidad de reservarse para el mayor
peligro de la obra grande-hombre asi, con todas las avenidas
de la tentaci6n y de la muerte abiertas hacia su pecho, es el
mejor para medirle, con vistas a la sintesis alumbradora, la
bondad, la sociabilidad, la avidez, la emotividad y la actividad,
disposiciones definidoras del temperament segfn Delmas y
Boll.









Como Leonardo Grifian Peralta tiene el perfect conocimiento
de su hombre, y vigor para andar por cuenta propia, acepta en
bien de su obra la clasificaci6n achilliana pero relieva disposi-
clones que no tienen especial espacio en "La personalidad hu-
mana": voluntad, orgullo y leader-ship. Esto nos dice que la
indagaci6n tiene su nacimiento, no en la preocupaci6n libresca
sino en la amorosa y plena posesi6n de las esencias del heroe. La
comprobaci6n de lo sospechoso, alli donde se acepta el maes-
trazgo de los eminentes psic6logos como cuando se deja conducir
por las preciosas indicaciones de Alfredo Adler, es afinada y
sobria. El investigator anda de mano del hombre; por eso el
hecho ofrece siempre su intimidad dificil. S61o hacemos culpable
a Grifian Peralta del pecado de modestia. No puede ser otra la
causa para que, obtenidas constataciones valiosisimas, deje sin
desarrollo cabal sus consecuencias. Que la capacidad interpre-
tativa y el talent de escritor asisten a Grifian Peralta es cosa
mas alli de dudas. Esa parquedad, que resta a veces al libro una
dimensi6n popular, que en nada hubiera dafiado su compostura,
no puede tener otro origen ni otra justificaci6n que el prop6sito
de Grifi&n Peralta de realizar una contribuci6n y no una tota-
lidad. El autor podra decirnos que si logr6 lo intentado el reparo
es impertinente. Nosotros le contestaremos que siempre habra
que lamentar que quien posee los proyectiles mejores no dispare
a la mayor distancia.

EL QUILATE-REY

Por el libro de Grifiin Peralta queda destacado el significado
profundo de Antonio Maceo: la superacidn de todas las limita-
clones del individuo para superar todas las limitaciones de su
grupo. Esa es, para nosotros, la lecci6n y la hazafia del grande
hombre. Es, para decirlo al modo gracianesco, tan grato a Grifian
Peralta, su quilate-rey. Antonio Maceo es el triunfo del hombre.
Pero no el triunfo que viene del cultivo ahincado de las dotes










singulares para la distinci6n y alejamiento de la colectividad.
Maceo viene de la masa, es la masa misma con fuerzas para
medir sus conflicts y liquidarlos. Maceo es, desde la carga de
Los Pinos a la escaramuza de San Pedro, desde su criterio racial
hasta su postura frente al yanqui, una porci6n palpitante de
su gente oprimida con ojos numerosos para dar con las vias
libertadoras. Maceo es un gran triunfo del hombre; del hombre
como product y funci6n de lo colectivo. Ninguno de sus actos
deja de estar tefiido de cubanidad, de mulatismo, de humanidad
arraigada en su tr6pico, el mas vilido cubanismo y la excelencia
del mestizaje. Humanidad, tropicalismo, mulatismo y cubanidad,
que estuvieron en sus seguidores como estan en cada uno de
nosotros, pero que en 61 adelantaron y culminaron las esencias
positivas.
La superaci6n de si es en Maceo especticulo de pasmosa her-
mosura. Aparece en tierra y tiempo de esclavitudes. Es habi-
tador de una colonia amarrada a todas las sujeciones legales y
espirituales, es pobre, campesino, inculto, posee buen caudal de
sangre africana, lo que es en su isla perpetua condena y tiene
bastante sangre blanca para sentir la angustia de lo fronterizo.
Es el iltimo peldafio de una escala de injusticias, se sabe material
subterrineo, piedra de fundaci6n de una piramide de crimenes.
Al morir ha salvado en si mismo todos los obstaculos, ha supe-
rado todas las encrucijadas y ocupado el primer rango entire su
gente. Y todo al paso, andando, combatiendo, venciendo, desan-
grandose para que la masa de que es guiador alcance la libertad
esencial que el ha logrado en su espiritu. Al morir todas las
potencias de la masa, por su obra, han revertido a ella en una
transformaci6n prodigiosa.
Este camino de perfecci6n que corre siempre hacia afuera, que
desemboca en los demis, ha supuesto una pugna abismal que
muy pocos adivinan, una gigantesca pelea escondida entire la
peisonalidad avasallante y el deber austero. Durante veintiocho
16









afios ha venido presenciando su propia ascension. Si no tuviera
clara y firme la conciencia de sus valores le bastaria mirar a su
alrededor. Desde los albores de la Guerra Grande se le reconoce
el "natural imperio": los vacilantes se le suman, los decididos
le muestran desde la primera hora su adhesion fervorosa y
violent. El president, hombre que no gusta de elogios, le pro-
clama la gentileza y el arrojo. Miximo G6mez le quiere peleando
junto a si. Los espafioles, que sufren diariamente su impetu, le
identifican pronto con el coraje mambi. Despues de la protest,
puede tocar en tierras extrafias la gloria que ha ganado en diez
afios de heroismo. Sabe que Espafia envia de continue contra
1l miserables para que lo acuchillen por la espalda. El ve c6mo
Julian del Casal tiene por la mis alta gloria retratarse junto a
1l y le obliga a ello. Sus dos grandes contemporaneos lo tienen
como igual y a veces lo reverencian como superior. Marti le
diri: siento en usted un alma hermana... no me tengo por mis
bravo que usted ni en el brio del coraz6n ni en la magnanimidad
y prudencia del caricter... mi orgullo esti en que todo el mundo
le vea y conozca el merito como se lo conozco yo-y las varias
classes de merito que le conozco... esto he hecho, iqu6 no hara
usted?... en nadie hay mis valor y desinteres que en usted...
cubano de toda especie de grandeza... Usted es imprescindible
a Cuba... Usted es demasiado grande... Y Miximo G6mez,
hombre de sobrias razones y de fiero sentido jerirquico, lo
iguala mis de una vez a su significaci6n revolucionaria: "...pues
todo el prestigio niio y de usted (solamente cuando se nos cree
en peligro de muerte, antes y despu6s no valemos nada...").
Martinez Campos ha dicho a Jovellar "este Maceo es la clave
de la verdadera paz". Canovas ha declarado, sefialando a su
cabeza primero y a la de G6mez despues, que dos balas y aun
una sola, pueden cambiar en Cuba la faz de las cosas. Si para
su soldado es el mejor, si para su compafiero es el mis alto, si
para America es el mis glorioso, si para el enemigo su vida y










su muerte son las de la Revoluci6n, ino sera 61 su mejor int6r-
prete? iY si es el primero, no debe serlo?
La conciencia de su poder se enfrenta con la conciencia de
su misi6n y el usufructia la inextinguible oposici6n con verda-
dera grandeza heroica: superindola en una resultante de auto-
limitaci6n. Meditese en lo que esto supone. Su mejoramiento
ininterrumpido, su liderazgo, su ejemplaridad, su raro triunfo
de hombre, tomarin una direcci6n intima, soterrada. S61o los
sacari a flote el tiempo precise para que abonen la empresa
a que se ha dado; en cuanto pueden ser recelo, sospecha, riva-
lidad, prejuicio-obstaculo--, los ocultara a todos los ojos. Si su
gloria-superaci6n del hombre, del cubano, del mulato, del
oprimido-, ha de ser usada en los demis debera decidir a
tiempo el camino mas util; si este es el de la renunciaci6n lo
emprendera sin titubeos. Entonces realize su mis perfect plan
de batalla; hace de su capacidad de desdoblamiento, que le per-
mite ver su poder y su obra desde los otros, no s6lo la culmi-
naci6n de sus dotes sino el soporte de ellas. Desde fuera de si
mide su eficacia revolucionaria y a ella se atiene. Hijo de tra-
diciones romanticas y caballerescas, ama la gloria con pasi6n
ardorosa y creciente, pero como no la entiende sino por el ejer-
cicio de su acci6n redentora, acalla todo impulse de personal
lucimiento. Si alguna vez, al contemplar con mirada de poste-
ridad la Guerra, se duele remordido de no haber ocupado los
puestos primeros, no sera por el dolor de la gloria que pudo ser
sino porque entiende que su desprendimiento toc6 en exceso da-
fioso a la Revoluci6n: "Cuba no es libre ni independiente porque
todos nos opusimos al triunfo. Yo el primer culpable, por mi
desinteres a la elevaci6n de grades militares que varias veces
rehus6 obtener en circunstancias en que casi me lo exigian mis
superiores; era indispensable para el desempefio de cargos ele-
vados, que me hubiera puesto en parang6n con los jefes de las
desavenencias political; yo no era Mayor General cuando los tres









primeros motines militares. Muy pequefia pudo ser la oposici6n
que present a esos sucesos, debido sin duda a la poca extension
de mando que yo me habia creado con mi incomprensible con-
ducta... He aqui la unica responsabilidad patri6tica de que me
acusa mi conciencia."
Cuando viene en el 95 a coronar su obra y su vida, volveri a
su desinter6s, ya sin possible remordimiento. El grado y la po-
sici6n political ya no important; su nombre es todo y lo puede
todo. El movers mis hombres que ningin jefe en la historic de
su patria ("veintid6s mil hombres forman dieciocho regimientos
que tengo sobre las armas"). El realizari con la Invasi6n la
nis singular cruzada que haya visto su isla. Desde su caballo
batallador, desde la altura de su gloria, influiri cuanto quiera
en el derrotero de la Revoluci6n. A 61 lega, con las noticias
de las desavenencias entire el Presidente y el Generalisimo, la
tentaci6n del mando supremo y de la dictadura personal. A
una palabra suya estaria en su mano toda la responsabilidad de
lo politico como esti ya la de lo military. Pero era la Revoluci6n
misma, entendida por 1l con el sentido realista e ideal que ya
veremos, la que le pedia la resignaci6n del primer rango. Espi-
ritu hecho a las hazafias impares, a las cumbres intocadas, quizis
si endulz6 la amargura de ciertas pretericiones y el dolor de
ciertas renuncias, en la conciencia de una gloria sin tiempo ni
limitaciones: pensando que la posteridad justiciera adivinaria el
sentido de su lugartenencia vitalicia y le resarciria el grado
supremo con la proclamaci6n de una gloria ganada por la mis
conscience y magnanima de las grandezas.

SE1ORIO Y OBEDIENCIA DEL DESTINO

El quilate-rey de Antonio Maceo ha cristalizado, lo hemos
visto, en autolimitaci6n altruista. La autolimitaci6n emprende
en seguida dos direcciones paralelas aunque no de pareja tras-









cendencia: sentido del rol hist6rico y obediencia al mando legi-
timo. Veamos esto.
Es frecuente oir hablar de Antonio Maceo como de "el brazo
de la revoluci6n". GrifiAn Peralta prueba en su analisis de ma-
nera cabal que fue eso y much mis. Pero no puede negarse que
la frase, de raiz popular, tiene donde agarrase. Lo cierto es que
Maceo quiso ser eso centralmente. Desde luego que su vida asi
lo dispuso; lo que hay en 61 de sorprendente no es la elecci6n
del camino, cosa de todo punto impossible, sino la rara capacidad
para agravar el destino y culminarlo. Hombre sin cultural ni
valimiento econ6mico, sin blancura de piel ni arte ciudadana,
no podia iniciar su carrera como te6rico de una empresa sino
como realizador de ella. Adquirida la notoriedad primero y la
universal nombradia despues a filo de machete, era desviar su
acci6n y entorpecer su eficacia, hacer oficio del manejo de la
pluma y de la palabra, que tan cumplidamente le asistian. La
masa debia hallar en e1 lo que buscaba. Si le pedia impetu,
impetu vencedor, no era cosa de darle teoria esclarecedora. En
un punto te6rico estaban de acuerdo los dirigentes del movi-
miento separatist: en que habia que hacer la guerra y del
mejor modo possible. A 61 tocaba, y asi lo entendi6 desde tem-
prano, el "desarrollo" de este punto. Nadie en ello le sac6
ventaja. No se olvide que, sobre miserias y tristezas demasiado
humans, la acci6n armada contra Espafia luci6 en Cuba perso-
nalidades de calidad primerisima. Consecuencia de la sabiduria
de su tarea fu6 la discipline estricta de Maceo a los mandates
de la autoridad insurrecta. No hay que ser agudo en demasia
para descubrir que la total obediencia de hombre como aquel
habia de tener dimension categ6rica. Sin detenernos en la larga
influencia de su ejemplaridad y en lo que signific6 en pueblo
minado por todos los virus anarquizantes, vayamos a la historic
internal de conspiraciones y y guerras mambisas y veremos cuantas
veces la resignaci6n del Lugarteniente evit6 la desbandada en









los campos e impidi6, meti6ndose entire los celos desapoderados
y las ambiciones obstinadas, el desastre total.
Pero el ajustamiento a su papel revolucionario y la observancia
fiel de la discipline no hubieran pasado de ser en Maceo fun-
ciones limitativas, contenedoras, negatives, si no hubieran sido
derivacionse de su trascendente autolimitaci6n y consecuencia
de su quilate-rey. Ajustamiento y discipline valieron como in-
dices de la lealtad a su conciencia heroica. Por eso hay que
estar atentos no tanto al tiempo en que se observan como al
moment en que se quebrantan. Maceo sale de sr papef especi-
fico de "brazo de la Revoluci6n" y se alza de la obediencia
military cuando estima que una y otra cosa traen beneficio a la
obra libertadora, cuando el mantenerse en su rol y su discipline
es traici6n a la masa de que esti hecho. Dice su palabra political,
expresa con robusta energia su criterio te6rico, cuando el no
hacerlo es silencio c6mplice o consentimiento culpable. Entonces
dice lo necesario, lo que debe decirse, lo que no puede callarse.
Una vez dicho, vuelve a su machete invencible. Desconoce el
mando legitimo y rompe con la obediencia del soldado cuando
entiende que la orden que se dicta dafia la obra de su brazo y
oscurece la justicia por que batalla. El hombre de actos se muda
en hombre de sabiduria y perspicacia y en escritor de pluma
gallarda y eficaz s6lo cuando la Revoluci6n le exige la presencia
de esas virtudes escondidas. El guerrero que ha dicho mis de
una vez que no le preocupa quien sea su jefe pues a todos ha
de obedecer, es el 6pico protestante de Baragua cuando cree que
se va a negociar insensatamente con el sacrificio de diez afios
y la voluntad de un pueblo.

CIENCIA DE LA NECESIDAD Y DEL SENTIMIENTO
La justeza del pensamiento politico de Maceo, siempre expuesto
con parquedad y por mandate de conciencia, plantea una medi-
taci6n sobre el valor politico de la cultural. Maceo no era, en









sentido estricto, un hombre culto. La cultural pide quietudes y
serenidades y 61 tenia la entrafia militant. (Para mi no se ha
hecho la tranquilidad, escribia a su mujer en el torbellino de sus
ultimas campafias.) En las pocas oportunidades que su acci6n
lo permiti6, hizo cuantiosas lectures y asimil6 con asombradora
capacidad lo leido, pero no fue, no pudo ni quiso ser, hombre
de libros ni de tribune. Y sin embargo, su juicio de lo circun-
dante y su intuici6n del future, casi siempre mas certeras que las
de sus compafieros letrados, parecen estar cimentadas en una
ancha informaci6n libresca. Sabe, como pocos, lo que ha de
hacerse, pero tambien por que ha de hacerse. Ve los graves
problems de su tierra en proyecci6n dinamica; siente en la
entrafia, victim liberada por si mismo, las races sangrantes de
todos los conflicts y adivina por ello los frutos en que desem-
bocara mariana la savia que le ha tocado impeler y orientar.
No se adelanta a la obra future, pero hace su faena mirando
bacia lo que vendra. Su "despu6s, ya veremos", tiene un sentido
de realidad y de ideal que s61o se descubre despues de conocer
sus dichos y sus actos. Compirense las breves consideraciones
de Maceo sobre las cuestiones cubanas y las parrafadas inaca-
babies de los mis ilustres autonomistas y se vera quien etuvo en
la verdad political. Montoro y su grupo parlero, de espaldas a
lo popular, quisieron imponer a la isla soluciones artificiales
dictadas, a veces sin conciencia de ello, por su interns de grupo
aristocratizante, de servidores y usufructuarios de las capas do-
minadoras.
Ya sabemos que el hombre de biblioteca posee taras muy
firmes que le impiden ser buen juzgador de las cuestiones vitales
de su grupo. Los ejemplos serian innumerables. Sefialemos, por
su notoriedad, a Jos6 Ortega y Gasset. El fen6meno tiene una
explicaci6n ficil. Lo politico, entendido como pudo entenderlo
Maceo, como esfuerzo revolucionario por traer una mejor convi-
vencia, es necesidad y, por tanto sentimiesto. El hombre de










libro, meditador, esteta, o tiene distraida la atenci6n hacia una
obra intellectual que entiende como raz6n de su vida, o mira
hacia lo colectivo con intimos terrores, temiendo que su decla-
raci6n de toda la verdad le empuje a una militancia riesgosa.
El intellectual, y no puede ser de otro modo, es victim de sus
habitos mentales; en el mejor caso confunde los signos colec-
tivos, se siente sin referencias de que echar mano, turbado ante
motives y reacciones que no obedecen ni a la 16gica ni a la
est6tica de sus libros. Jos6 Marti dijo una de las cosas de mis
largo alcance al afirmar que los libros estorban casi siempre a
la gloria verdadera. De modo mis director y polemico lo siente
y lo dice Maceo en numerosas ocasiones. Para l1 los autono-
mistas, es decir, los letrados por excelencia y conciencia, son
"hijos naturales del fracaso" que "giran en su verdadero campo
de acci6n: la oratoria". Casi siempre, en efecto, queda inmune
el intellectual al sentimiento que crea la necesidad que es lo po-
litico. Como su Campoo de acci6n es la oratoria", es decir, el
uso excelente de la palabra, son "hijos naturales del fracaso"
cuando se salen de su campo propio. Y apenas parece necesario
aclarar que el exito opuesto a ese fracaso nada tiene que ver con
el triunfo electoral ni con ganar por artes menores el gobierno
de un pueblo. Hablamos del triunfo que no tiene nombre .ni
apellido, del 6nico que puede inquietar y mover a hombres
como Maceo, del triunfo de la verdad revolucionaria, ideal y
abstract en su ilimitada carrera, concrete y estricta en el moto
parcial, epocal, de servirla.
El acierto de Maceo al opinar sobre materials que le parecen
ajenas no es mis que el premio a su honda lealtad, a su unanimis-
mo con la masa irredenta. Su inteligencia superior esti asistida
siempre por el anhelo colectivo; pudieramos decir que sus juicios
se alimentan de sus sentimientos. Ha realizado su liberaci6h,
puede mirar hacia adentro y hacia afuera 'con total senorio,
pero no ha cambiado su material y piensa a travys de ella. -Si
23









acierto de la verdad political es tambien una funci6n de su
.personalidad heroica.
Puede parecer extrafio, arbitrario, sefialar fundamento eco-
n6mico a las reacciones de hombres que vivieron en fervorosa
creencia democritica, que otorgaron a los valores espirituales
el primer rango en la realizaci6n de la historic. Es que, por un
fen6meno frecuente, sufrimos confusion entire los criterios que
rigen una 6poca y su realidad. Queremos ver en la palabra del
lider no criterio epocal sino verdad eterna. Se nos hace ingrato
admitir que el impulse idealista que realize en 1l obra trascen-
dente es bisicamente err6neo. Nos encarifiamos en tal media
con la figure sobrenatural, le reconocemos tan palmariamente
el acierto politico-el real adelantamiento de la Revoluci6n--,
que nos es duro aceptar que sus razones enardecidas no fueron
sino una manifestaci6n no identificada de la verdad. Vemos
un poco rebajado al guiador que creimos un tiempo omnipo-
tente y aparece ahora regido por una fuerza que no conoce y
cuyos impulses entiende con error. Claro esti que aqui no hay
mis que una comprobaci6n de la verdad marxista: el agua sa-
tisfacia la sed y cumplia sus preciosos oficios lo mismo cuando
se le tuvo por sustancia divina que cuando se le supo la entrafia
de hidr6geno y oxigeno. Para que lo econ6mico determinase
posturas distintas en los revolucionarios de nuestro siglo pasado
no estorb6 que se creyeran obreros en un esfuerzo de redenci6n
definitive ni que cada dia imaginaran la Libertad, la Igualdad
y la Fraternidad, como deidades propicias empujando al des-
poseido en brazos del poseedor. La causa iltima de los fen6-
4uenos sociales y de todas las revoluciones political, decia Fede-
rico Engels, no debe buscarse en la idea que los hombres se
(orjen de la verdad eterna ni de la eterna justicia. La causa
ba de ir a buscgse no a la Filosofia sino a la Economia de cada
Opoca.....
24









En los hombres como Antonio Maceo, elements de la insa-
tisfacci6n colectiva, se muestra del mejor modo la fuerza eco-
n6mica que empuja invisible el movimiento separatist. En 61,
csclavo tres veces, apunta con mis claridad que en ninguno de
los jefes mambises la opresi6n econ6mica, madre de todo impetu
liberador. Sus compafieros en la responsabilidad de la insurgencia
conocian las injusticias flagrantes de la vida colonial y veian
c6mo el poder del dinero sumaba, en el esfuerzo por mantener
una realidad abominable, al posesor peninsular con el islefio;
pero ninguno toc6 como Maceo la agresi6n al pobre y al negro.
El comprob6 con su propio triunfo lo que otros no pudieron;
el vi6 c6mo cuando empez6 a significar un element decisive
en la Revoluci6n se le abrieron campos que antes, por mulato y
campesino, le estaban vedados. El observe c6mo el muchacho
derrochador de la Acera del Louvre, que afios antes, cuando
todavia no era General famoso, lo hubiera "mandado a comer
a la cocina", le perdonaba el color y el origen popular para sen-
tarlo a su mesa de exquisiteces. El sabe que por su gloria poderosa
y por el valor de su presencia muchos blancos que le acompafian
en la manigua ocultan su desprecio al negro y al indigente. El
sabe que la revoluci6n mambisa lleva en su seno otras revolu-
ciones y que el vencimiento de Espafia es la puerta para entrar
a los nuevos conflicts y la unica via para iniciar su liquidaci6n.
Fu6 por eso 61 y no otro quien dijo: mientras haya en Cuba un
agravio que vengar y una injusticia por deshacer la Revoluci6n
no habri terminado. Y 1l conocia como ninguno las injusticias
y agravios sobrevivientes a la derrota espafiola: "Despues, ya
veremos..."
Hay moments en que la oposici6n de criterios entire Antonio
Maceo y sus mis valiosos contemporineos tiene por lnico origen
su mis neto sentimiento de la desigualdad social, es decir, una
mis definida resonancia, una mis firme huella de la economic
injusta. Hay ocasiones en que parece olvidar que lucha contra









la dominaci6n espafiola y se alza contra las otras dominaciones,
las que habri de quebrantar despues. Hay- instantes en que
parece que su vision y su dicho van a romper con su naciente
sentido clasista la totalidad national del esfuerzo mambi. Asi,
cuando se enfrenta con Jose de la Luz y Caballero y con Jos6
Antonio Saco. En el coro de las alabanzas al Maestro de El
Salvador, donde se distinguen las voces de Marti, Sanguily y
Jos6 Ignacio Rodriguez, s6lo su voz disuena. En el homenaje uni-
versal a Jos6 Antonio Saco s61o su voto lo sitfia justamente. En
uno y otro caso se enfrentan el intellectual neto y el hombre
de raiz popular, "el hijo del fracaso" y el padre de la victoria,
el que fia el mejoramiento del hombre en la obra del precepto
moral y el que lo espera todo de la acci6n revolucionaria.

SANTIDAD Y HEROISMO
Luz y Caballero y Antonio Maceo encarnan dos posturas tras-
cendentes: la santidad y el heroismo. Tienen estas posturas tal
cradici6n idealista, tan firme prestigio romintico, que parecera
sacrilegio enfrentarlos al determinismo de la economic. Han
de perdonarnoslo nuestros intelectuales deshumanizados que re-
producen hoy, frente al caso cubano, la posici6n que Luz y
Caballero ejemplifica. No es culpa nuestra si en cosas tan ilustres
anda la mano omnipotente de lo econ6mico.
Luz y Caballero y Maceo, el filosofo y el revolucionario, con-
templan un mismo especticulo, una sociedad colonial que luce
"las bellezas del fisico mundo, los horrores del mundo moral".
La esclavitud del negro es el mas grande de los horrores y como
ha de ocurrir, el santo y el heroe dicen con voz entera que es
un crime sin tamafio. Ahi terminal la unanimidad. El heroe
va contra el crime, pelea contra 61 hasta el agotamiento de
su sangre. El santo lo denuncia entire lamentaciones y descon-
suelos y, al final, lo confirm con sus actos; 61, que ha dicho en
su predica mansa que "en la cuesti6n de los negros, lo menos









negro es el negro", 61, que como rector de conciencias ha pasado
largos afios clamando por la igualdad entire los hombres, no
olvida traspasar a sus herederos la propiedad de sns esclavos.
Pero tambi6n ha dicho: "amar y resignarse, he ahi la vida de
los santos; siempre querer, no siempre resignarse, ved ahi la
historic de los heroes". El no es de aquellos sabios a los que
Engels Ilamaba esclavos natos de los principles; mis aun: su
existencia es una protest contra el poder arbitrario y el egoismo
de los fuertes. Ama como santo, ineficazmente, resignindose.
Maceo ama como h6roe, 6tilmente, sin resignarse.
Resignaci6n y rebeldia-santidad y heroismo-, parten aqui
de la distinta, de la contraria inserci6n social. Luz y Caballero,
propietario de esclavos, hombre de cultures y soledades, habla
y actna en la clave de su grupo dominador, contra el que esti
peleada su conciencia. No importa que no sea un potentado,
no influye que sea un educador de limpia intenci6n; es fiel
a su gente sin saberlo ni quererlo. Antonio Maceo, campesino
y mulato, serb siempre, s6palo o no, el querer active, es decir,
revolucionario, del grupo de enfrente, del que forman los cu-
banos desvalidos. No afecta a su palabra ni una jerarquia que
lo empareja al duefio del dinero ni una gloria que lo distingue
violentamente de la masa sufridora. Cuando lHaman a la gra-
titud por el santo, el h6roe no responded; siente en su pobreza,
en su piel, en su gente, la distancia y la oposici6n de destino
y realizaci6n. Pepe de la Luz-dice Antonio Maceo-, fue el
"educador" del privilegio cubano. iPara qui6n preveia un
tiempo glorioso? iPara esa juventud que lo recuerda con just
gratitud? Ah-le dice a Eusebio Hernandez-, estudie bien este
asunto y desapasionadamente juzgue de 61 echando un velo a
todo el beneficio que usted y otros hayan recibido de aquel
hombre, dirigiendo la vista hacia tantos que el egoismo material
tiene postrados en la mnds profunda ignorancia. Puede haber
justicia donde no es igualmente distribuida? Usted me contestari










que las instituciones espafiolas se lo prohibian; pero eso no es
exacto; Don Pepe tenia influencia y much talent que pudo
ejercer en beneficio de todos, como lo hizo en favor de algunos;
pero era un impossible, el hombre no tenia grandes sentimientos;
se confundi6 con Saco. El uno proclam6 la conservaci6n de la
esclavitud, que es lo mismo que declarar eterno el gobierno de
Espaiia en Cuba y el otro hered6 y sostuvo la esclavitud que
test a su muerte. WD6nde esta, pues, esa decantada grandeza?
Caballero no complete su obra; fue buen hombre, tenia talent
para la ensefianza; pero la ejercid mal. No fu6 politico, tuvo
miedo y le falt6 el valor para realizar la obra que, sin darse
cuenta, acometi6 retrasandola con sus pensamientos de evolu-
ciones, lo hoy Ilevado a cabo por sus discipulos. Si tantos juicios
apasionados creen que aquel hombre cumpli6 su misi6n en la
vida conformindose con dejar incomplete la obra de instrucci6n
y regeneraci6n de un pueblo, podriamos dar por concluida la
nuestra por el mero hecho de haberla empezado con el sacrificio
de tantos que han perecido en la contienda; pero no debe ser
asi si queremos que el mundo aplauda nuestras grandezas.
"No fu6 politico, tuvo miedo y le falt6 valor para realizar la
obra que, sin darse cuenta, acometi6..." No puede lucirse mayor
justeza para fichar una realidad spiritual. Este miedo a mitad
del camino, esa acci6n que se traiciona a si misma al sorprenderse
sin alimento raigal, componen la eterna tragedia del espectador
preso en andamiajes formativos que le han robado la libertad
y mutilado el destino. Ya se sabe que Luz y Caballero es un
vencido insigne, es decir, un espiritu con la conciencia de su
frustraci6n, hombre de destino incumplido; no como Rafael
Montoro, un derrotado que patalea hasta morir. El autonomismo,
con toda la ilustre armaz6n de que se le quiera revestir, no pas6
de ser una posici6n intellectual y, por ello, temerosa, vacilante
y antipopular, de esencia conservadora. Esa posici6n tiene hoy
su correspondencia porque todavia, salvo excepciones proba-









torias, el hombre de libros es hijo de una cultural organizada y
posibilitada a distancia de las capas desvalidas. Maceo tiene uno
de sus moments mis autinticamente geniales cuando afirma,
en su magnifica carta del 86 a Jose A. Rodriguez, que los auto-
nomistas, en los que no ve a hombres radicalmente pervertidos,
se veran forzados a proceder mal y a ser los mejores colabora-
dores del gobierno opresor, quibranlo o no, cuando el process
revolucionario se precipite. Con ello esta reconociendo una
inserci6n fatal, un claro determinismo antirrevolucionario, una
actitud political consecuente a una ubicaci6n social. Luz y Ca-
ballero, que "no fu6 politico", personalize el extreme puro, ma-
gistral y te6rico de la postura. El fracaso del autonomista, del
intellectual en trance politico, no le llega al fondo sangrante por-
que falta al autonomista la conciencia vigilante e implacable del
santo. Aceptara las nuevas formas political encastillado en la mis-
ma actitud antipopular. Como la Repiblica ha dejado intactas las
injusticias centrales, apenas tendri que cambiar los terminos de
su expresi6n para seguir siendo "maestro del privilegio cubano".
El fracaso lega a ser en Luz y Caballero su raz6n de vida. Todos
sus aforismos estin hechos de la exaltaci6n delirante de la in-.
potencia. No es un estoico, es un gozador del estoicismo. El.
just en la desgracia, Ilega a clamar, es el especticulo mas bello.
del universe. Es el puro entendimiento derretido en la pura.
aflicci6n. Como ve todos los caminos y las oiedras de cadal
camino, queda inm6vil, rumiando su triste y maldita sabiduria,
Mas Antonio Maceo, el heroe, ve sl6o un sendero, el que le abret
en la care active la sangre popular que la infant.

UNIVERSALIDAD DE LO CERCANO
"iPuede haber justicia donde no es igualmente distribuida...
donde los hombres de mayor responsabilidad, los rectores aca-
tados no dirigen su vista hacia "tantos que el egoismo material
tiene postrados en la mis profunda ignorancia"...? La Revo-









luci6n mambisa no luchaba en esencia contra el egoismo material
responsible de la incultura popular ni estuvo en la intenci6n
de sus dirigentes quebrantar por la raiz el regimen que la pro-
ducia; pero Maceo batall6, con la mayor conciencia que pudo
tener en su dia, contra ese egoismo y ese privilegio. Esto dice
a las claras la fisonomia de su condici6n revolucionaria y es a
la vez un dato precioso para resolver sobre lo que pudiramos
flamar "su actualidad heroica", cuesti6n agudamente planteada
por Grifiin Peralta. Veaimoslo.
Poner a un hombre frente a una realidad que no pudo pon-
derar es simplemente absurdo. La figure hist6rica no es s61o
humanidad; es humanidad mas la realidad que le toc6 en suerte
superar. Una cosa y otra-hombre y tiempo-, no pueden ex-
plicarse separadamente. iHay Marti sin el tono romintico que
fe otorga el tiempo americano en que vive y lucha? iHay Maceo
sin las cargas al machete, sin pundonor caballeresco, sin la sece-
sidad y la grandeza de la Invasi6n? No se olvide que la defi-
aici6n del criterio politico, y por tanto del rumbo del lider, est
determinado por la pugna entire el arrastre traditional y una
interpretaci6n de lo present en funci6n de future. iPodemos,
situando al guiador en moment distinto al que vivi6, balancear
estas fuerzas contrarias, y decidir por nuestra cuenta la resultante
que es la voluntad, la acci6n del heroe? Lo que si puede y debe
hacerse es plantar frente a lo de ahora, no al h6roe Maceo sino
al modo de vision revolucionaria de Maceo. Ante la Cuba de
boy, tambi6n el hombre triunfaria para la colectividad. Como
ese triunfo habria de ser, como en su dia, actualizaci6n porve-
nirista alimentada y enriquecida por la sustancia popular de que
estaba hecha, la acci6n maceica iria, como entonces, contra las
opresiones centrales de la masa, por 61 compartidas. Tambien
ahora se pondria enfrente de los "maestros del privilegio cu-
bano" y de los que, por egoismo material, tienen postrados a
los mas en profunda. ignorancia. S61o que ahora su perspicacia








advertiria que la grave deformaci6n econ6mica que sufre su
tierra produce al privilegiado y al maestro y es responsible de
la agresi6n al negro. No el mismo combatiente de Las Guasimas,
pero si aquella manera de combat habil e incansable al coraz6n
del opresor; no el protestante de Baraguai, pero si aquella defense
irreductible del oprimido. Eso seria hoy la fuerza maceica si
se le pudiera revivir y ponerla a andar.
Estima Grifinn Peralta que Maceo lleg6 "a lo mis alto que
puede llegar un hombre active, la conciencia continental, ya
que la conciencia c6smica parece algo propio de la vida contem-
plativa". Y seguidamente, adelantandose al reparo de los que
entienden que Maceo, por su intense amor de patria, es indigno
de los tiempos nuevos, enarbola unas palabras conocidas y dis-
cutidas de Max Scheller: "la exaltaci6n valorativa del ut6pico
amor al lejano sobre el amor al pr6jimo es exclusivamente obra
del resentimiento". Creemos que interest aqui, a mis de un
efecto, una estricta fijaci6n de concepts. Veremos en seguida
c6mo el propio Maceo nos va a ayudar a poner las cosas en su
punto.
Ante todo: no confundamos lo que es conciencia c6smica para
un mistico, para un contemplative, con lo que debe ser con-
ciencia c6smica para un hombre politico. En rigor, una simple
distinci6n de nombres lo resolveria todo. Llam6mosle conciencia
c6smica a la del mistico y conciencia humana a la del politico;
si es que hay correspondencias esenciales entire una cosa y la
otra. Lo cierto es que el contemplative flota en una bruma
estitica en que todos los limits se ban fundido y confundido:
el hombre, los hombres, el mundo, los mundos. Todo lo que
pueda entrar en su concepci6n o en su adivinaci6n corresponde
a su reino, por lo que bien pudiera decirse que no es tanto con-
ciencia c6smica-ya que en definitive el cosmos es mensurable-,
como conciencia de infinitud. Por otra parte, el mistico es el
unico hombre que unanimisma y exalta lo creado y lo imaginado.









SA nadie tiene que dar cuenta porque, lo mismo el indi que el
espaiol, ascendiendo por un eje invisible que lo conecta sin
intermediaries con la divinidad, cuando el mistico mira hacia
los hombres se pregunta si estin viviendo en servicio de un
poder supremo. Si no lo estin, no tienen verdadera existencia.
*Hernin Cortes se consuela de matar innumerables indios mexi-
canos pensando que los que queden vivos, no importa el nmuero,
vivirdn en realidad. Claro que Cortes anda lo mis lejos possible
.del mistico y del contemplative, pero en esencia es el brazo de
Fray Luis y de Santa Teresa. Recuerdese c6mo Don Antonio de
Solis, var6n de insignes y santas virtudes, aprueba y justifica
con razones teol6gicas las massacres de Cholula y de Otumba.
Para el mistico, observese, el hombre vive para el principio; en
el politico, el principio vive para el hombre. Y ya -esto esti
.diciendo que el politico que no afinque su acci6n partiendo
del hombre y de su realidad se muda en utopista, en mistico,
en teorizante que en su clima sereno esti haciendo, aunque no
1o crea, lo mismo que Hernin Cortes, ejecutor de una mistica:
vestir a los hombres con ropa que no ha pedido su necesidad,
disponerles medicine que no reclama su salud. Cortis cristia-
nizaba, como se ha dicho bien, a golpes de crucifijo. El utopista
quiere hacer proselitos a golpes de alucinaci6n. Los "cristazos"
parecen mas dafiosos. No hay tal. Tanta sangre ha costado la
espada como la utopia.
Esti bien claro, y no hay por que ocultarlo, que cuando Grifiin
Peralta se plantea lo que pudieramos Ilamar la posibilidad c6s-
mica, universal, de Maceo estai aludiendo al pensamiento politico
.que da tono y caricter a nuestra 6poca, que es como se ha
.expresado felizmente, el absolute de nuestro tiempo: la organi-
zaci6n socialist. Precisado esto, hay que decir en seguida que
tanto error hay en la afirmaci6n del insigne especialista del re-
sentimiento como en el pedante que afease al heroe cubano su
patriotism perfecto-perfecto en la oportunidad y en la pro-








yecci6n-. Porque es cierto que quienes intentan transformar
la economic hacia una etapa de "justicia igualmente distribuida",
es decir, hacia una etapa socialist, parten de un criterio de
vigencia universal, de presupuestos cientificos comprobados en
todo tipo de organizaci6n y se afincan en la certidumbre de un
process que ha de producirse obligadamente, cualquiera que sea
la raza, la latitud o el instant de desarrollo social. Pero los
que tal creen, como no son misticos-aunque se les haya tenido
con ligereza por tales-, sino politicos, parten del hombre, de
su realidad. Y como el mundo no ha vivido los estadios econ6-
micos a un ritmo uniform y mil razones retrasan o adelantan
en cada paraje de la tierra la march hacia el colectivismo, es
forzoso que cada grupo, aun actuando por los mismos estimulos
fundamentals y marchando hacia igual superaci6n, disponga la
acci6n political especifica que su realidad determine y exija.
Como lo universal no es un dogma sino un process, importa
ante todo definir el instant en que ese process se esti viviendo
en cada lugar, lo que no implica "que no se ame al lejano sobre
el pr6jimo", sino que se atienda con sentido realista a la necesidad
circundante aunque su tratamiento se asiente en criterios vilidos
para todos los hombres. Aunque parezca parad6gico, traiciona
la universalidad del socialismo marxista quien "exalte el ut6pico
amor al lejano sobre el amor al pr6jimo". Para el socialismo cien-
tifico tanto amor merece el vecino como el antipoda, pero el
vecino exige un amor politico, es decir la consideraci6n hibil
de su insatisfacci6n. Nada tiene que ver esta exaltaci6n con la
que anota Max Scheller.
Hija de una universalidad sin pies ni sustento es la postura
de quien tache a Maceo de estrechez political y de criterio retra-
sado por haber centrado en Cuba su preocupaci6n y su obra.
Aparte de que no pudo sentir inquietudes que no tenian vigor
militant en su tiempo y en su tierra, no se olvide su condici6n,
en cierto modo receptora y pasiva, de vocero de su masa criolla.








Maceo no podia querer sino lo que la masa ansiaba. Imaginarlo
predicador de universalismos nobles y hasta eficaces pero no
entrafiables a su gente, es una burda insensatez. iD6nde hubiera
estado, de ser asi, su realidad heroica, su sutil y trascendente
ejemplaridad? Entre los fetichistas de la limitaci6n patri6tica
que veian a Cuba y la siguen viendo como totalidad separada del
mundo y los ilusos que enarbolan un ecumenismo mistico y
desarraigado, Antonio Maceo significa la postura certera, unica.
Decia Marti que la patria es la porci6n de mundo que nos ha
tocado contemplar mas de cerca. Hasta tal punto lo entendi6
asi Maceo que, lo hemos visto, en muchas ocasiones mide los
problems de su gente con escala humana entendiendo sus mis
graves conflicts como resistencias que piden empujes de mis
hondo vigor que la guerra separatist. Aunque al quebrantar
la opresi6n espafiola se herian explotaciones de much calado,
las mis firmes y crueles han salido intocadas del coraje mambi
y agravadas despues en mis de un aspect por las condiciones
de una culminante etapa capitalist en la que nos ha tocado la
peor parte. Efectos de un fen6meno universal, no por eso dejan
de ser las de ahora, como las del 68 y el 95, esclavitudes del
pueblo cubano. Como tales, pero con mis sabiduria de realidades
y, por ello, por caminos diversos, las combatiria hoy el impetu
de Antonio Maceo. Ni estrechez patrioteril ni brumoso uto-
pismo. Realidad con alas y pies. Impulso enfrenado por el
latido vecino. Eso fue. Asi seria.

ESTRATEGIA Y REVOLUTION
No esta mal que los tecnicos de la milicia indaguen la raz6n
de los triunfos asombradores de Maceo. Como tampoco lo esta
que los tecnicos del pensamiento escarben en las races filos6-
ficas de la palabra martiense. Pero ni a unos ni a otros conce-
demos largo credit de eficacia. Los intelectuales olvidaran a
cada paso la 6til adecuaci6n que es toda obra proselita y los











militares quedarain ciegos ante la raz6n verdadera del exito gue-
rrero de Maceo. Ninguno de los dos grandes cubanos naci6 para
la cuadricula t6cnica aunque sobrepasen con frecuencia la
maestria de los maestros y dejen realizaciones que usufructuarin
las t6cnicas de mariana.
Al sumar las veces que desbarat6 Maceo a enemigos numerosos
y valientes, nos ha venido al recuerdo unas palabras de Tolstoy
leidas en la adolescencia. Estas palabras, negatorias de la virtud
heroica, estan alimentadas, como tantas veces en este mujic de
la Literature, de un vagaroso idealismo. Para el autor de La
Guerra y la Paz, Napole6n no fu6 parte ponderable en las ha-
zaias de su tropa. Mil factors que escapan al supremo control
dan y quitan la victoria. Jamis el dirigente maximo de una
acci6n belica posee en su mano el conjunto de elements de
( result el exito. El adusto y flematico Kutusov, afortunado
opositor de Napole6n en Borodino, lo sabia bien. Se limit en
aquella ocasi6n a confirmar las insinuaciones de sus tenientes.
Sabia, cierra Tolstoy, que nada podria su mano si no la asistia
la fuerza impalpable que da el triunfo: el espiritu del ejercito.
Como en Borodino esa fuerza conducia al Generalisimo y al
soldado raso, Kutusov gan6 la partida.
Como tantas aseveraciones tolstoyanas, es vista una beldad de
pies de barro. Tolstoy traspasa el elin mistico del heroe a la
masa. Es algo, es much, aunque caiga en el error de hacer del
lider un coordinator pasivo. Innegable que sin el espiritu del
ejercito no hay triunfo, ya que es la masa, element insalvable,
la que produce el hecho del triunfo. Pero el propio impulse
colectivo ha de cuajar en ciencia y conciencia de guiador, en
element realizador del impetu de todos. Kutusov pudo ser
empujado a la victoria en Borodino; consum6 alli su papel di-
rigente; pero enfrentado a obra de mayor dificultad o de mas
amplio significado hubiera tenido que ceder el paso a una mejor
encarnaci6n de aquel espiritu. La masa lo hubiera desconocido











porque no era de ella aquel desgano inhibitorio. Y no hay que
decir que el lider habri de ser tanto mas espiritu de su masa
cuanto mis energico y entraiiable aflore ese espiritu. La masa
que seguia al generalisimo ruso actuaba por un limpio y energico
sentimiento: defendia su suelo de una penetraci6n extrafia e
ilegitima. Pero los mambises que seguian a Antonio Maceo
sentian que batallaban por su propia vida y por la superaci6n
de todas las amarras colectivas e individuals. En casos como
6ste el criterio military y la sabiduria guerrera son indispensables
y niucho mis valiosos de lo que Tolstoy desea, pero precisa que
sean funci6n active del espiritu del ejercito. Ocurre, simple-
mente, que la ticnica es el lecho obligado-y afinado en el
guiador-, por donde corre el alma de la masa.

En ninguin caso como en el de Maceo-caso profundamente
revolucionario-, se pone de relieve la realidad heroica, la causa
y el resultado del liderazgo. En las cartas que describe desde la
manigua a su Maria admirable se advierte que entiende su saber,
su jefatura, como consecuencias de su virtud sintetizadora y como
supuestos de su conciencia y acci6n revolucionarias. El desca-
labro, muy pocas veces sufrido, no es en esas cartas sino accident
irrelevant, como el triunfo no es mAs que un reflejo normal de
su justicia. En estos desahogos intimos habla, como en la
asamblea, sin estorbo ni celaje. Y siempre en primera persona
como si la Revoluci6n fuera el mismo. iVanidad? Responsa-
bilidad y, mejor ain, lealtad. Tan leal a su destiny como cuando
resigna el primer rango y acepta sin reparo el mandate de la
autoridad mambisa. El cumplidor de las leyes es tambi6n cum-
plidor de su jefatura. No es que imagine, deslumbrado, que la
Revoluci6n esti en su brazo, aunque muchos se lo digan a cada
amanecer; es que la siente en su sangre como el iltimo soldado,
es que no puede dejar de sentir el separatismo como empefio de
su coraz6n y de su piel. No puede hablar sino como habla:
con voz de pueblo en armas, como no pudieron hablar ni Na-











pole6n ni Kutusov. Hay diferencia radical entire conducir a los
hombres a la muerte para bien de otros e ir con ellos al sacrificio
para su redenci6n. No es lo mismo el instrument que la entrafia.
De ahi que Maceo hable de la Revoluci6n como de asunto propio
--y acaso no lo era?-o como tarea de todos; nunca como obra
en que Ileve la mejor parte. Esa impaciencia un poco gruniona
que guard el hombre para sus cosas rec6nditas la tiene 6l en la
obra comin: "casi no se pelea en esta Revoluci6n"... Ese gozo del
mayor peligro que s6lo tienta a la ingenuidad terrible de las:
masas esti en el: "Esta provincia, para la guerra, es mejor que,
Oriente: ofrece mis ventaja para matar generals espafioles..."
A veces, hay un frenesi de ser como los demis, de fundirse defi-
nitivamente entire su pueblo, de decir a todos al precio de su
sangre, que su jefatura no es alienidad sino cercania. Pasan los
primeros tiempos de la guerra iltima en que se ha visto en los
mis graves riesgos de su vida temeraria, y aun no ha sido herido.
No ha escondido el cuerpo porque sus caballos han sido atrave-.
sados mis de una vez por el fuego enemigo. Al fin recibe dos,
heridas que le completan la alegria de las dificiles victorias:-
"Ya con esta herida... se me ha quitado la pena que tenia; estaba
atormentado porque casi todos mis principles compafieros estin.
con una o dos heridas y yo no tenia mis que una de esta campaiia."
Esta carnal unanimidad con su gente explica no s6lo el triunfo
continuado de Maceo sino tambien el tono de su saber guerrero.
Tambi6n aqui manda a los cubanos, obedeci6ndolos. Tambien
aqui puso a andar su energia al ritmo peculiar de su pueblo.,
Tendri en todos los moments los datos para resolver y seri
tan duefio del campo al comenzar la pelea como al ultimarla.
Todo lo dispondri; en cada grupo combatiente estarin sus dedos
invisibles porque en todos sus hombres march su vigilancia.
Conoce el monte criollo como los ojos que lo miran y sabe los-
quilates de sus cubanos y sus flaquezas. Su gran obra b1lica,
la Invasion, es viejo anhelo de su pueblo. S61o cuando 6l lo










capitanea desde adentro puede realizarse. Sus facultades magnas
le permitieron el milagro de encarnar el ansia de un gran mo-
mento de su pueblo y, ademas, de realizarla. La estrategia fu6
en el Revoluci6n.

LA PRUEBA DEL FUEGO
Para ser heroe pleno, con todas las potencias en disparada
tension y todos los talents en milagrosa vigilancia, Antonio
Maceo fue victim de su confluencia racial. Su mestizaje, que
It impone uno de los mas ingentes esfuerzos, le am definitiva-
mente a su isla. Es por eso el mas cubano de nuestros hombres
singulares. De su mulatismo parte su tono criollo y tambien la
devoci6n caliente y fiera que nuestro pueblo le ofrenda. El mis
grande atleta sera el que salve los mayores obsticulos. Y nuestra
penetraci6n popular, que sabe c6mo se levantan en la vida del
hombre negro barreras gigantescas, de las que no se salvan sin
magullamiento de entrafia, adivina la suma de impetus y ca-
pacidades que hubo de poseer Maceo para sefiorear el conflict
de su piel.
Por los prejuicios de raza llega Maceo, en efecto, y lo anota
bien Grifiin Peralta, a los limits de la tragedia. Se le ve siempre
entire dos prejuicios: el de los negros y el de los blancos-dice
Grifiin. Debemos precisar que no los sufri6 en igual media.
El negro, nervio y motor de las revoluciones separatists, pudo
sentir recelos por quien, como Maceo, se acercaba, por el color
y la significaci6n, al blanco opresor. Esa desconfianza del afro-
cubano, si existi6, fu6 el natural reflejo producido por los nu-
-*uerosos casos de mulatos pasados a la orilla blanca. La acci6n
de este inconsciente reflejo no pudo ser ni honda ni duradera.
Muy pronto y muy eficazmente se encarg6 de invalidarla la
actitud del lider, rebosante de ansia y realidad redentoras para
los cubanos de piel oscura. Mil sucesos que alargarian estas notas
er demasia, ofrecen la prueba de que mulatos y negros vieron a










tal punto claro en la postura irreprochable de Maceo, que fun-
dieron toda sospecha en devoci6n cercana de la idolatria.
El prejuicio blanco si fue, y no podia ser de modo distinto,
amargura permanent de aquel espiritu. Tuvo junto a si, es lo
cierto, miles de blancos que rivalizaron con los hombres de
color en devoci6n y amor por 6l. Grandes afecciones suyas, de
verdad intimas, fueron Felix Figueredo, Eusebio Hernandez,
Figueredo Socarris, Perez Carb6 y Mir6 Argenter, hombres de
piel clara. Pero no era possible que por su sola presencia gloriosa
quedaran sin vigor leyes que son mis fuerte que los hombres. El
africano habia sido en Cuba durante siglos el estrato iltimo;
los nietos de los colonizadores habian entendido al negro como
bestia explotable. Una larga realidad econ6mica habia deter-
minado un arraigadisimo modo psicol6gico que enfrentaba, en
son de guerra oculta y terrible, al blanco y al negro. Ante la su-
perioridad manifiesta de Antonio Maceo, ante el triunfo ini-
gualado de un hombre que tenia sangre de esclavos,i pudo quedar
adormecida la vieja pugna? El resentimiento, la urgente envidia
que todo hroe levanta a su paso, tuvieron frente a Maceo el
firmisimo asidero del prejuicio racial. Mil veces fu6 mostrado
su color como raz6n limitadora, como circunstancia que deva-
loraba su grandeza. iCuintas veces entire el mis rendido elogio,
asomando en la enumeraci6n de valores y virtudes, se dej6 caer,
en estudiado tono lastimero, la referencia a su mulatez! Mas
de un jefe blanco hizo de la piel del Lugarteniente precioso ele-
mento de sus planes tortuosos. Para mis de dos, la ausencia de
Maceo en el campo insurrecto era cosa esencial; no s6lo estorbaba
su gloria; tambi6n el ejemplo de su vigilante discipline y la
barrera de su invencible rectitud. Si para lograrlo no podia
enarbolarse raz6n verdadera ino habian de ir a los origenes de
sn sangre?
En la actitud de Maceo ante la agresi6n al negro, agravada en
61 por su talent y jerarquia, se ponen a la luz sus mis raras










dotes. Aqui esta su prueba del fuego. An6tese que cargaba sobre
sus hombros la responsabilidad implicita de vocero de las masas
negras y que debia realizar, por mandate de su conciencia y de
su destino, una obra en que articularan sus esfuerzos hombres
de todo color, hombres minados por los mis rencorosos arrastres.
Su acci6n, sin olvidar la defense del negro, debia emplearse en
sutilisimas conjunciones, en la provocaci6n de los mas delicados
entendimientos, en el cultivo continue de activas coincidencias.
Inquietar zonas unanimes, ya que no podian cortarse en la raiz
impulses disociadores. Labores como 6stas hubieran sido exclu-
yentes para otro espiritu. En 61 fueron como las maneras nor-
rrales de encaminar hacia un objetivo precioso a los hombres
de todo color.
Como en la sabiduria de su destino y en el culto a la obe-
diencia, otorga Maceo a su criterio del problema negro una
direcci6n permanent. Aqui tambien se ha insinuado contra
61 mas de una incomprensi6n ciega de su misi6n y de su mo-
mento. Su postura racial queda inatacable si se le entiende como
costado el mas sangrante de una obra revolucionaria cuya opor-
tunidad hemos constatado. Asi como tiene conciencia de la
ili'usticia econ6mica y precisa la responsabilidad del privilegiade
y de su aliado intellectual en la desdicha del pueblo, posee la
vision penetradora de la cuesti6n racial y descubre y aisla en
e!lo con rara perspicacia factors de mas vitalidad y permanencia
que la dominaci6n espafiola. El ve, siente, c6mo el desprecio del
negro viene del blanco cubano y del blanco espafiol; anota el
mayor alejamiento y la mayor malquerencia en el blanco adi-
nerado; mide, con sutil serenidad, los contacts del sexo y las
repulsiones del interns; define, como ninguno, las intersecciones
de los dos mundos rencorosos. Y tambi6n aqui, no interfere sino
que encadena y condiciona la mas trascendente acci6n libertadora
con la obra mambisa que va realizando. Con poderosa sagacidad
political advierte el distinto, el mejor plano, en que la Republica










situari la cuesti6n negra. Constituida la democracia cubana,
icon que argument valido, con que apoyo institutional, se podra
sojuzgar al cubano de piel oscura para seguirle robando el sudor
y la sangre? Si la Republica ha de ser-y para que lo sea trabaja
su machete-, posibilidad de acci6n y cultural para todos, "jus-
ticia igualmente distribuida", ?c6mo el blanco ha de primary abu-
sivamente sobre el negro? Tendreis derechos sociales si sois
gobernados por la voluntad cubana, que seri la vuestra-, pro-
mete Maceo a los hombres de color de su isla al llamarlos a la
pelea. Donde la voluntad de los hombres-de los hombres
blancos, de los hombres negros-, es libre y eficaz, todos los
conflicts han torado el camino de la superaci6n. Espafia es
el obsticulo para la democracia, para la voluntad de todos, para
la voluntad de los negros. Con ella en Cuba, seguira el negro
sin voz ni voluntad. Echar a Espafia es cosa dura y riesgosa que
no permit desviaderos. Todos los esfuerzos deben unirse para
echarla, para derrotarla en bien del negro cubano. Maceo llama
a todos a la batalla contra Espafia.
Pero en la misma acci6n revolucionaria que quiere la demo-
cracia niveladora anda y act6a el prejuicio del color. Como
tantas veces, los mismos que se dan a una obra la destruyen,
como en mil ocasiones, los hechos traicionan la doctrine. Toca
a Maceo, lider de masas negras, matar el oculto enemigo en
lo que puede ser no s6lo debilitamiento sino ruina de la
Revoluci6n. Es indispensable galvanizar el ansia de negro,: y
blancos a extreme tal que no hiera la pugna la eficacia gen-rica
del esfuerzo mambi. Para lograrlo, Maceo se atiene al sentick;
igualitario que la propia Revo!uci6n predica. Para obtenet el
equilibrio inestable valen y decide su misma mulatez y su
autoridad entire negros y blancos. Acalla, con serena noblenzi,
cuanto dolor le produce la inhumana preocupaci6n; conjur-,
con su avasallante simpatia y su gesto de hermano mayor, ma!-
querencias y oposiciones que parecieron indestructible. Mil










veces disuelve en una habil y vaga generalizaci6n su amargo
presentimiento: "Ojala tengamos camino ficil hasta el fin abra-
zados en la paz despubs de haber sido hermanos en la lucha..."
Y cuando, urgido por gentes penetradas de la grave cuesti6n,
ha de explanar un criterio, se afirma en su creencia de que, en
el instant, nada es tan bueno para el negro como la acci6n sepa-
ratista, por lo que distraerlo de ella es retrasar su liberaci6n.
Si la vida le dura mis alla de la manigua, el sabri dar, en la nueva
Republica, los combates que los negros precisen: "Lo primero
es la independencia de Cuba; despues, ya veremos..."
S61o en una oportunidad hace Maceo problema public la
cuesti6n racial. Entonces no actua un resentimiento sino una
convicci6n. Asi como se sale de la montura y la obediencia
cuando el no hacerlo es traici6n revolucionaria, protest con su
pujante entereza del golpe que a la Revoluci6n se le asesta
con la political de razas. Pide entonces al Gobierno Revolucio-
nario que condene como enemigos de la Repiblica a los que han
propagado que abriga 61 la intenci6n de "sobreponer los hombres
de color a los hombres blancos". Y por si la calumnia prevalece
y queda por ello reducido a la inacci6n, pide permiso para
salir de Cuba, reservandose el derecho de protestar ante el
mundo civilizado de tan monstruosa desviaci6n revolucionaria.
Todo puede perdonarlo. No el triunfo de tendencies aristocra-
tizantes y antidemocriticas-antihumanas-, traidoras a la masa
negra que llena de fe en el y en la Revoluci6n se desangra
callada y abnegadamente durante afios de duro sacrificio. Esta
actitud, de tan estrecha consonancia con su perfil de guiador,
ataj6 corrientes que, al herir su dignidad, arruinaban la obra
de todos, la obra libertadora de sus dos sangres.

LA FUERZA SIN EDAD

Este libro de Leonardo Grifiin Peralta es el mejor paso hacia
la just perspective de Antonio Maceo. En sus paginas se des-









entrafia al hombre sin dafio de su totalidad y queda descu-
bierta y exaltada, ademis, su humanidad intemporal. Nace de
este libro una hazaiia en toda ocasi6n possible y eficaz. Aqui
hay una dimension del hombre. Aqui anda el impetu hacia lo
mejor con potencias para vencerlo todo. Maceo es la ascensi6n
del individuo por la sangre que lo circunda; por eso para el el
obstaculo es excelencia y lo deleznable posibilidad. Fuerza en-
carnada en el mayor conflict, pupila dolida de su propia vision,
responsabilidad desvelada y contradictoria, se alza por la fuerza
de la tierra como la montafia y el arbol.
Mafiana, en un dia del mundo en que hayan caido el dinero
y la'raza, la patria y la guerra, en que los hombres se apresten
a unimismarse en la construcci6n de una ciudad de trabajo y
amor, seri actual y eficaz como ahora la humanidad de Antonio
Maceo. Tambien entonces habri vuelo de realidades y urgencia
de culminaciones sefieras. Seri el mismo impetu maceico con
otros nombres. O con el mismo nombre. Porque tambi6n en-
tonces la comprensi6n milagrosa del pueblo llamari titanes a
sus interpretes perfectos. Titanes: hijos del Cielo y de la Tierra,
como en el relate de Hesiodo, hechos de barro cercano y hen-
chidos de ansia deifica. Lo bastante hombres para sufrir la an-
gustia de todas las cadenas y no tan dioses, no tan impasibles
ni inmutables, como para abandonar la pelea por las cumbres
intocadas. Titanes, como Antonio Maceo.




University of Florida Home Page
© 2004 - 2010 University of Florida George A. Smathers Libraries.
All rights reserved.

Acceptable Use, Copyright, and Disclaimer Statement
Last updated October 10, 2010 - - mvs